Episodio 28. ¿Por qué corremos? 10 motivos para practicar trail running.
(Autor: Héctor García Rodicio https://www.instagram.com/correrporsenderos/)
Si estás escuchando esto, es porque eres corresendas. Con
toda probabilidad, recreacional y no profesional, pero corresendas al fin y al
cabo. Eso significa que sales a correr con regularidad. Entre semana,
seguramente, toque hacerlo por ciudad, quizás por alguna zona algo más natural,
como bosque, paseo fluvial o senda costera, si se puede. Pero, fines de semana
y festivos, sin falta, te escapas al monte a hacer trail, que es lo que nos
gusta. No es necesario que sean los Alpes ni tan siquiera los Pirineos, Picos
de Europa o los volcanes canarios. Se trata de pisar senda, respirar aire puro.
De dejar atrás el ajetreo, el ruido, el humo y el duro asfalto de la ciudad. De
conectar con tu interior, de dejar la mente volar. También, de sudar la
camiseta, de batir tus marcas, de demostrarte que puedes con eso y con más. Y,
a la larga, comprobar que hay menos barriga y más cuádriceps, que puedes subir
al sexto piso con la compra a cuestas y sin despeinarte, que tienes una fuerza
de voluntad que ni imaginabas y que los años pasan, pero, paradójicamente,
pesan cada vez menos. Normal que nos guste el trail running…
Sin embargo, no todo es de color de rosa, al menos, no en
todo momento. Sacar hueco para los entrenos en una agenda más apretada que unas
medias compresivas no es sencillo. Y, si lo sacas, meterte diez series de 3’
cuesta arriba tras una larga y dura jornada laboral y de tareas domésticas y
familiares, pues quizás no es lo que más apetezca. Menos aún si hace frío,
viento, lluvia y está oscuro o si hace un calor sofocante y, tras el
calentamiento, ya te has tenido que beber el soft-flask entero que llevabas...
Pero lo hacemos. Sacamos hueco de donde no lo hay y sacamos fuerzas de donde no
quedan ni los rescoldos. Corremos a contracorriente, corremos cuando todo se
pone en nuestra contra.
En fin, está claro que correr por el monte sin horarios ni
barreras es una delicia. Subir, bajar, perderse horas en la naturaleza y en los
recovecos de tu mente. Pero eso no se parece ni en el blanco de los ojos a la
rutina semanal de entrenos, ésa que hay que encajar con el resto de la vida,
meter con calzador en la agenda del día y hacer de tripas corazón para sacarla
dignamente. Vaya, que la motivación fluctúa como el perfil de una carrera de
montaña y la fuerza de voluntad se hace imprescindible para no mandar todo al
carajo. Por esa razón, en este episodio voy a hacer una recopilación de los 10
motivos por los que corremos por el monte: para que, cuando llegue el bajón
(que va a llegar queramos o no, más tarde o más temprano, más heavy o más
light), podamos recordarnos por qué hacemos lo que hacemos. Hoy voy a
recordarnos las 10 razones que nos hacen despegar el culo del sofá y salir a quemar
zapatilla, a pesar de que no siempre apetezca, para que “nunca, nunca dejes de hacer
trail” -como dice Pablo Castillo, entrenador y podcaster en “Hablemos de
Correr”.
El episodio de hoy va a ser el botiquín de emergencia para
los momentos duros. Así pues, sin más dilación: vamos al turrón.
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¿POR QUÉ 10 MOTIVOS CORREMOS POR MONTAÑA?
Como decía, en el día a día se nos puede olvidar por qué nos
gusta esto del trail. Y es que, a veces, hay que rebuscar bajo una tonelada de
circunstancias adversas las cosas buenas que nos da el correr por montaña. He
reunido los 10 motivos por los que corremos: cuatro de ellos tienen que ver con
lo que pasa durante la actividad; tres más tienen que ver con lo que pasa justo
al terminar la actividad; y otros tres ocurren en el largo plazo. Los vamos a
repasar en ese orden: cosas que pasan mientras corremos, cosas que pasan al
acabar y cosas que ganamos en el largo plazo.
MOTIVO 1: VELOCIDAD
El mero gesto de correr es un placer, sentir que eres capaz
de desplazarte por tus propias fuerzas y con agilidad por un terreno cambiante.
Ver los árboles pasar a toda pastilla por tu lado. Notar el aire en la cara, la
respiración agitada, las piernas girando. Incluso escuchar tus pisadas sobre el
terreno a ritmo acompasado es un gusto. Es como montar en una montaña rusa,
pero sabiendo que el motor es tu propio cuerpo.
Correr es una de las capacidades humanas (ya lo explicamos
en los episodios 15 y 29), como lo es caminar, esprintar, saltar, trepar,
lanzar objetos o incluso bailar. Es lógico que nos produzca placer hacer
aquello para lo que estamos diseñados. Y que conste que cada animal tiene un
repertorio específico de capacidades. Un chimpancé, directamente, no puede
correr y un perro puede hacerlo, pero no cuesta abajo (como aprendimos en el
episodio 30). Corremos, pues, por el mero placer de correr, por disfrutar ejerciendo
una de nuestras capacidades humanas.
MOTIVO 2: NATURALEZA
Si al acto de correr, que es una gozada en sí mismo, le
añades el escenario más bonito que existe, pues tienes disfrute por partida
doble. Ya lo dijimos en el episodio 15: somos hijos e hijas de la sabana. Es en
ese ambiente donde aprendimos a sobrevivir y donde nos convertimos en lo que
somos. De ahí que nos produzca tanto deleite contemplar los espacios naturales.
No se puede explicar, hay que experimentarlo. Si lo has hecho, ya sabes que ver
y sentir los árboles, las rocas, las cumbres, los amaneceres, los atardeceres,
los cursos de agua… es un regalo del cielo.
A falta de montaña, un bosque a las afueras de la ciudad,
una senda fluvial o una senda costera, son buenos sustitutos para “matar el
gusanillo” entre semana. Aunque cada vez le pongamos más coto, la naturaleza se
abre camino: la menor grieta en el pavimento es suficiente para que una
plantita crezca y las raíces de los árboles son tan recias que logran levantar
las baldosas. Hay más naturaleza a nuestro alrededor de la que pensamos, pero,
quizás, sí hay a veces que tirar un poco de imaginación para encontrar
recorridos más asilvestrados en medio de la ciudad gris. Hazlo y notarás la
diferencia. Correr por la naturaleza, como acabo de explicar, es un dos por
uno: ejercer una de nuestras capacidades humanas, que es correr, y en el
entorno donde corresponde, los espacios silvestres.
MOTIVO 3: FLOW
La experiencia de “flow” es aquella por la cual alcanzamos
una concentración total en lo que estamos haciendo, de manera que el tiempo y
las preocupaciones desaparecen. O sea, supone desviar el foco del futuro, esa
preocupación por lo malo que tal vez pueda ocurrir, y desviarlo también del
pasado, esa rumiación por lo que pudo ser y no fue, y ponerlo solamente en el
aquí-y-ahora. Es algo sencillo de decir, difícil de hacer. Por alguna razón,
nos agobiamos con el futuro y nos atascamos en el pasado y, entre tanto, nos
perdemos lo que está pasando justo aquí, justo ahora. Nuestra mente divaga (lo
analizamos a fondo en el episodio 12).
Pero, cuando estás corriendo, moviendo las piernas como una
rueda, manteniendo el ritmo, escuchando tus pasos y tu respiración, “fluyendo”,
pues pasa eso mismo: se pone en marcha ese “flow”, que nos conecta 100% con el
momento presente y nos abstrae de todo lo demás. Si añades que se trata de un
descenso vertiginoso por terreno técnico, el flow no sólo es deseable, es
obligatorio, si no quieres dejarte la dentadura en el camino o hacerte un
esguince de campeonato.
MOTIVO 4: ÉPICA
Al acto de correr en plena naturaleza y abstraído de toda
preocupación, que ya es un plan de lo más atractivo, aún se le puede añadir un
elemento más, que va a ser ya la guinda del pastel: correr una carrera por
montaña. Correr es divertido, la naturaleza es nuestro hogar, el flow es
desestresante. Pon todo eso en una carrera y tendrás, además, la emoción de
vivir una aventura. Ya lo hablamos en el episodio 8: nuestras vidas adultas son
un tanto tristes. Hay rutina, hay mucho tiempo destinado a cosas ingratas, como
esperar en la cola del supermercado o pillar un atasco en el coche, y hasta hay
violencia, gente impertinente, desagradecida, insolente, discusiones en el
trabajo o en casa, reprimendas que nos dan o que debemos dar… Hay poco lugar
para la magia, ésa que cuando éramos peques lo inundaba todo.
Pero una carrera tiene toda la épica de una epopeya: es como
estar dentro de un videojuego o una película de acción. Están los nervios bajo
el arco de salida, está la música sonando a todo trapo, están los cientos de
personas excitadas igual que tú, está la sangre, el sudor y las lágrimas, está
el público anónimo animando entregado, como si fueras atleta olímpico, está
cruzar la meta y colgarte la medalla finisher y está alegrarte por el compañero
y que éste se alegre por ti. Cuando estás en medio de todo eso y las emociones
están a flor de piel, realmente, sientes que estás viviendo algo grande. Nada
que ver con la rutina gris, que he pintado antes.
MOTIVO 5: ENDORFINAS
En el episodio 21 hablamos sobre la importancia de movernos.
Allí explicamos que no somos plantas, las cuales pueden pasar toda su
existencia y hacer todo lo que tienen que hacer, alimentarse, protegerse,
reproducirse, sin moverse un milímetro del sitio. No, no somos plantas, somos
animales y debemos movernos para conseguir alimento, refugio y pareja. Y,
aparte, hay que moverse con cabeza, saber cómo encontrar ese alimento, ese
refugio, esa pareja. La sabana no nos lo puso nada fácil y tuvimos que
exprimirnos las neuronas; tanto, que el cerebro representa el 2% de nuestro
peso corporal, pero el 20% de nuestro gasto energético. Vamos, que chupa
combustible como un avión ultrasónico. Por eso somos perezosos por naturaleza:
el cuerpo ha de guardar calorías todo lo posible, porque, un gasto sostenido
sin reponerlas, nos abocaría a la muerte. Así pues, debemos movernos, pero nos
gusta poco empezar a movernos. La manera como la evolución resolvió esta
paradoja fue inventar las drogas naturales o, más técnicamente, las endorfinas.
El cerebro nos recompensa con placer tras acabar una actividad física, porque
así nos motiva a volver a movernos de nuevo.
La prueba del efecto de
estas dos tendencias, la pereza, por un lado, y la euforia de las endorfinas,
por el otro, es el contraste entre tu estado de ánimo antes y después de salir
a correr. No falla: antes de salir a correr, incluso si eres fanático total,
siempre hay dudas, siempre hay una excusa que ronda tu cabeza y que está a
puntito de abortar el plan. De algún modo, logras acallar esa vocecilla interna
y sales a regañadientes. Pero, voilá, tampoco falla: al terminar, apagas el
reloj con una sonrisa, cargas la actividad en Strava con las manos temblando de
la emoción y tu cabeza va a mil revoluciones, pensando planes a cada cual más
ambicioso. “Hostia, qué bien he ido; mañana consigo un KOM y pasado, otro, y
esta primavera corro mi primera maratón y, en otoño, una ultra… ” Benditas
endorfinas…
MOTIVO 6: SATISFACCIÓN
Pasada la euforia inicial tras la actividad, viene el
sentimiento de satisfacción por el trabajo realizado. Qué bien te quedas cuando
tachas otro ítem de tu lista de tareas para hacer, ¿verdad? Plís-plás, trabajo
hecho: ya te puedes meter en la ducha e ir a trabajar, si entrenaste temprano,
o relajarte y mirar las redes sociales, si entrenaste a última hora. Ahora tienes
el cuerpo cargado de buena energía y la conciencia tranquila por haber hecho
tus deberes.
Y lo contrario. Cuando tienes una tarea pendiente, aunque
lleves la agenda guardada en el bolsillo, el run-rún está en tu cabeza: hay un
ruido de fondo que te persigue a todas partes y no se silencia hasta que por
fin haces lo que tienes que hacer. El mismo nivel de incordio que experimentas
durante el tiempo antes de hacer tu tarea, pero convertido en sensación de
alivio, es lo que experimentas al tachar otro ítem de la lista de deberes.
MOTIVO 7: PROGRESIÓN
Pasada la euforia del primer momento, también puedes dedicar
un rato a mirar los números. Ya sabes, hacer algunos cálculos con el big data
que almacena nuestro Strava, como ya vimos en el episodio 24. Mirando los
números, sobre todo si hacemos comparaciones con suficiente margen temporal,
podremos comprobar que vamos mejorando marcas. O, como mínimo, que los mismos
ritmos nos cuestan menos esfuerzo. En todo caso, vemos que vamos progresando. Y
es que, aunque el ejercicio de alta intensidad cumple su función, como ya
analizamos en los episodios 8, 14 o 21, las adaptaciones dependen
principalmente del volumen. Cuando los kilómetros en tus piernas se cuenten,
literalmente, por miles, una sesión de rodaje suave se sentirá tan fácil como
pestañear. Y comprobar eso, que poco a poco vas ganando condición física, es
también un gusto y un incentivo para continuar con la sesión siguiente y la
siguiente.
MOTIVO 8: AUTO-CONFIANZA
Con el tiempo, descubrir que lo que antes te parecían logros
nivel Dios, están ahora a tu alcance, te va a dar auto-confianza. Ver que
puedes hacer tiradas largas, que puedes encadenar tres días seguidos de
actividad exigente, como pasa en una carrera por etapas, hacer un top 30 en una
carrera importante, colarte en un top 10 en Strava o hasta lograr algún que
otro KOM, son cosas que te hacen sentir competente. Y, saberse capaz en el
ámbito del trail, tendrá trasvase a otros ámbitos de la vida. Es aquello de
"sí pude con una maratón de montaña, podré con esto" o "si
aguanté en aquella carrera donde hubo que evacuar participantes por hipotermia,
esto es pan comido".
Quienes practicaron deporte desde la infancia, seguramente
ya vienen con esta auto-confianza de serie. Pero, para quienes comenzamos con
esto del trail pasados los 30, comprobar que eres capaz de cosas que ni
soñaste, te da un “boost” de autoestima impagable. No se trata de soberbia, no
es que los y las trail runners seamos mejores que nadie; se trata,
precisamente, de no sentirte menos que nadie. Eres deportista, así pues: cabeza
alta, hombros atrás, pecho fuera.
MOTIVO 9: DISCIPLINA
Muy parecido a lo anterior. Una vez completas una temporada,
donde ha habido uno o dos objetivos importantes y toda la preparación
correspondiente, te demuestras que puedes mantener una disciplina. Que puedes
tachar el entreno de la lista de tareas para hacer y hacerlo un día y otro día
y otra semana y otro mes… Una vez acumulas varias temporadas, la convicción es
aún mayor. Y, nuevamente, saberse disciplinado en materia de correr, sirve para
sentirse disciplinado en general y poder incorporar nuevos hábitos en otras
áreas. Por ejemplo, cambiar a una dieta basada en comida real y con mínima
presencia de ultraprocesados o adoptar una buena higiene del sueño, yendo
temprano a la cama y apagando pantallas dos horas antes, son hábitos que te
costará menos integrar, una vez te hayas demostrado que tienes la disciplina
suficiente como para salir a entrenar todas las semanas durante nueve meses
para preparar una simple prueba.
MOTIVO 10: SALUD
Como dice el profesor e investigador Alejandro Lucía, el
ejercicio físico es la verdadera poli-píldora: es beneficioso para todos los
aspectos de tu organismo. Un primer beneficio del deporte de resistencia, muy
obvio, es la mejora de la capacidad cardiovascular y respiratoria. Vamos, que
ya no te ahogas esprintando para coger el bus que se escapa, jugando al
pilla-pilla con los peques o subiendo por las escaleras (cosa esta última, por
cierto, que les pasa a mi alumnos y alumnas, de 20 años, cuando les cito en mi
despacho: llegan agonizantes y eso que son tres pisos nada más… ).
Pero hay más beneficios. Uno menos obvio es la salud
cerebral. Se sabe que la actividad física estimula el riego cerebral e incluso
el BDNF, un factor de crecimiento, que estimula la creación de nuevas
conexiones neuronales y favorece el aprendizaje, la memoria y la función
cognitiva, en general, protegiéndonos de la neuro-degeneración. Otro beneficio
escondido más del ejercicio físico es el refuerzo del sistema inmunitario. Si
bien de forma aguda una actividad física supone un estrés que provoca
inflamación, en el medio plazo se observan valores más altos de ciertas células
clave del sistema inmunitario, como los linfocitos T. Una vez más, si esa
actividad física la realizas en entornos naturales, tienes más refuerzo del
sistema inmunitario por otras vías: en particular, al aspirar las fitoncidas
que desprenden las plantas, aumentan los niveles de las NK, otro tipo de
linfocito. Por último, hacer actividad física durante el día sirve para dormir
mejor durante la noche y ya sabemos por episodios anteriores, como el 9, que el
sueño reparador es crucial, porque es en él donde se regeneran los tejidos, se
limpian los metabolitos de la actividad cerebral y, otra vez más, se renuevan
las células del sistema inmunitario. Ya lo dije: el ejercicio físico es la
píldora para todo.
CONCLUSIÓN
Somos trail-runners. Nos gusta correr por el monte. Y es que
correr es una capacidad que forma parte de nuestro repertorio humano y, sin la cual,
no habríamos llegado hasta aquí. De ahí que el mero acto de correr sea un
placer en sí mismo. Correr por senderos en la naturaleza es todavía más
divertido, porque supone hacerlo en nuestra casa, nuestra pacha mama, el
espacio salvaje donde nos forjamos como especie. Pero es que, al acabar, toca
premio. Primero, en forma de endorfinas y de satisfacción por el trabajo bien
hecho. Más a largo plazo, el premio es una capacidad cardiorrespiratoria como
la de un sherpa del Tíbet, una auto-confianza y una capacidad de disciplina,
que te permitirán emprender cualquier reto por ambicioso que sea, y una salud
global, lo que incluye tu cerebro o tu sistema inmunitario, que estarán tan
lozanos como los de un adolescente de 13 años. Si es que todo son beneficios. Peeero
(porque siempre hay un “pero”), ocurre que no todas las veces apetece salir a
correr, menos aún cuando el día de trabajo y demás compromisos ha sido duro,
cuando la sesión de entreno que toca es dura o cuando las condiciones
ambientales son duras, como frío, lluvia o calor extremo. Y, aún con todo,
salimos. Salimos y sacamos el entreno como sea. Cumplimos. Somos unos y unas
valientes (como estamos en confianza, puedo decirlo). Pero, para esos momentos puntuales
de duda, cuando salir a correr se presenta como un interminable KV, he aquí
este episodio: el recordatorio de por qué hacemos lo que hacemos, este bonito
deporte, que además es la poli-píldora de la salud física y mental. Larga vida
al trail running.
Corresendas, espero que hayas aprendido y disfrutado a
partes iguales. Si es así, agradezco que te suscribas, comentes, valores y/o
compartas y que me sigas en IG, donde estoy como correrporsenderos, todo junto.
Nos encontramos aquí en siete días, si no antes por el
monte. Hala, a pisar sendas, asfalto, grava, arena o lo que toque, pero
quemando zapatilla.
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