Episodio 49. Ayuno intermitente. Rendimiento, composición corporal, envejecimiento y cáncer.
(Autor: Héctor García Rodicio https://www.instagram.com/correrporsenderos/)
Amanece. Comienza el día. Te pones en movimiento. Haces lo que tienes que hacer en tu jornada; ya sabes, trabajar, entrenar, tareas domésticas, familiares y de gestión. Y, en algún momento, en medio de todo eso, también comes. Quitando esos momentos concretos de alimentación, cuando no estás comiendo ni digiriendo lo comido, haces ayunos. No nos debería sorprender, pues, el concepto de “ayuno intermitente”, ni debería suscitar tanta atracción o aversión como suscita, porque, en realidad, todo el mundo hace ayuno intermitente todos los días. Y es que no comemos cada 2 horas e, incluso si hubiera alguien por ahí que hace tal cosa, no creo que mantenga ese ritmo de ingesta también durante las horas de sueño. Es decir, hasta la persona más glotona, que puedas imaginar, hace ayunos nocturnos a diario de, mínimo, 8 o 10 horas. Tampoco es raro alguien que cene a las 20h de la tarde y desayune a las 8h de la mañana del día siguiente, lo que supone una ventana de ayuno de 12 horas. Si, además, te saltases ese desayuno, porque te levantas sin hambre, y esperases a media mañana para tomar una pieza de fruta, yogur, fiambre o frutos secos, algo tampoco en absoluto extraño, el intervalo de ayuno se alarga ya a las 16 horas. Y, por último, algo tampoco nada raro: si practicas el Islam, uno de sus cinco pilares es el Ramadán, por el cual se hacen ayunos diarios de hasta 18 horas durante un mes cada año.
En fin, todo el mundo practicamos ayuno intermitente todos
los días o, cuando menos, todas las noches. Entonces, si ya hago ayuno
intermitente, ¿merece la pena gastar un rato en aprender más sobre él? Estoy
convencido de que sí, puesto que, manejándolo de ciertas formas, puedes sacarle
mayor partido y, así, ganar en rendimiento y salud. Es por ello que le vamos a
dedicar un episodio en exclusiva. Y es que, quizás no sepas que, un uso
estratégico del ayuno puede, efectivamente, ayudarnos en nuestro rendimiento,
nuestra composición corporal, la longevidad de nuestras células y tejidos y
hasta en la prevención y tratamiento del cáncer. Así pues, en el episodio de
hoy, vamos a ver (1) qué beneficios puede tener entrenar en ayunas en deporte
de resistencia, (2) si eso ayuda o no a perder grasa corporal y (3) qué
beneficios puede tener hacer ayunos más o menos largos para la longevidad y
para combatir el cáncer. Antes de abordar dichos apartados, tendremos que
dedicar uno previo a definir qué es exactamente el ayuno.
Y antes de meternos de lleno en estos contenidos
fascinantes, debo hacer mención a algunas de las fuentes que empleado en su
elaboración. Una fuente fundamental ha sido el website y el podcast “Fitness
Revolucionario” de Marcos Vázquez, incluyendo sus entrevistas a Fernando Mata,
Ismael Galancho, Ana María Cuervo y Valter Longo. La revisión de estudios,
publicada en 2020 en la Journal of Sports Medicine, y titulada “Exercise
Training and Fasting”, ha sido otro recurso importante.
Hechas las menciones de rigor, sin más dilación, vamos al
turrón.
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¿QUÉ ES EL AYUNO INTERMITENTE?
Ayunar es no ingerir comida y/o bebida. Es algo que hacemos
cada día, como mínimo, durante las 7 u 8 horas que pasamos en la cama. Con la
práctica del ayuno intermitente se busca ampliar esos espacios sin ingesta.
¿Cómo? Hay varias fórmulas. La más sencilla es adelantar la hora de la cena y/o
retrasar la del desayuno. Si cenas a las 20h de la tarde y, al día siguiente,
esperas a las 12h de la mañana para desayunar, ya estarías ayunando 16 horas.
Ese esquema, de 16 horas de ayuno y una ventana de alimentación de 8 horas,
podrías mantenerlo diariamente o aplicarlo un par de veces por semana. Es lo
que se conoce como ayuno 16/8. Otra opción es hacer un ayuno de 24 horas de vez
en cuando, una vez por semana o cada dos. Cierto día cenarías, pongamos, a las
20h y no volverías a comer hasta las 20h del día siguiente. Cabe, incluso,
mantener ese esquema a diario, en lo que se conoce como OMAD: “one meal a day”.
Otra fórmula, digamos, menos radical, es el esquema 12/12: ventana de
alimentación de 12 horas, de 8h de la mañana a 20h de la tarde, por ejemplo, y
ventana de ayuno de otras 12. En fin, hacemos ayunos de varias horas todas las
noches; con el ayuno intermitente, de forma consciente y deliberada, tratamos
de ampliar los espacios de ayuno a 12, 16 o 24 horas, diariamente o con cierta
frecuencia.
Pero, ¿para qué alargar los espacios de ayuno? Ésta es la
cuestión interesante. Y la respuesta es equilibrio, todo es cuestión de
equilibrio… Enseguida lo vas a entender. Nuestro metabolismo tiene dos modos
básicos de funcionamiento, uno anabólico, destinado a la fabricación de
proteínas, la construcción de tejido, y otro catabólico, destinado a la
destrucción de tejido para la producción de energía. Estos modos de
funcionamiento están regulados por dos complejos bioquímicos, que actúan como
interruptores, mTOR y AMPK. Según ciertos inputs que reciben, mTOR y AMPK se
activan, para, a su vez, desencadenar cascadas de reacciones bioquímicas con
ciertos efectos fisiológicos. El interruptor mTOR es sensible a la presencia de
aminoácidos o insulina; ante ellos, ordena construir tejido. De este modo, cuando
comes proteína y carbohidrato tras el entreno, y entonces aparecen aminoácidos
e insulina en sangre, mTOR se expresa, desencadenando las reacciones oportunas
para la construcción y regeneración muscular. Detrás de unos músculos, tendones
y huesos fuertes está mTOR. Interesa, pues, que mTOR se exprese. Por su parte, AMPK
es sensible a los cambios en los niveles de energía de las células. Cuando esa
energía se va agotando, bien porque no comes o bien porque estás haciendo ejercicio
de larga duración, AMPK se expresa, desencadenando la combustión de glucógeno y
de los ácidos grasos del tejido adiposo para la producción de energía,
desencadenando también la autofagia (el proceso por el cual las células
reciclan estructuras dañadas, convirtiéndolas en energía) y desencadenando, por
último, la vía PGC-1alfa, implicada en la maquinaria mitocondrial. PGC-1alfa es
otro interruptor, en este caso, encargado, una vez se activa, de estimular la
angiogénesis, la biogénesis mitocondrial y la producción de enzimas oxidativas;
dicho en palabras llanas, encargado de aumentar tu capacidad aeróbica, tu
capacidad para resistir esfuerzos prolongados, como los que hacemos al correr
por el monte. Así pues, también te interesa que AMPK se exprese.
Interesa, según estamos diciendo, que ambos interruptores,
mTOR y AMPK, se expresen. Interesa, (1) para construir y conservar una buena
masa muscular, de lo que se encarga mTOR, e interesa, (2) para construir y
conservar una buena masa mitocondrial, que es el motor de la actividad
aeróbica, y (3) para reciclar la basura celular, a través de la autofagia,
cosas de las que se encarga AMPK. Pero, y ¿si hay una sobre-expresión de mTOR?
Eso está asociado a diabetes, obesidad y cáncer. A diabetes, porque mTOR
responde a niveles elevados de insulinemia; a obesidad, porque la insulina es
la que lleva el exceso calórico al tejido adiposo y lo aumenta; a cáncer,
porque el cáncer es la proliferación celular descontrolada, en forma de
tumores. Y ¿qué pasa si lo que se desmadra y sobre-activa es AMPK? En ese caso,
acabaríamos con catabolismo muscular, ralentización del metabolismo, depresión
emocional y depresión inmune. Como AMPK responde a niveles bajos de energía en
la célula, entendería que debe tirar de todos y cada uno los tejidos
disponibles, aptos para ser convertidos en energía, lo que incluye glucógeno,
primero, triglicéridos del tejido adiposo, después, y las proteínas del propio
tejido muscular, en último término. Como, ni quemando todos los muebles AMPK
logra satisfacer las demandas energéticas, se vería obligado a ralentizar el
metabolismo: que la misma actividad requiera menos energía. Y, como las
energías son limitadas, AMPK se vería obligado a detener toda actividad que no
sea estrictamente necesaria para la supervivencia inmediata. Ahora se entiende
lo que dije hace un momento: todo es cuestión de equilibrio. mTOR, sí; AMPK,
también. Pero en su justa medida.
El problema es que, en general, en nuestro modo de vida
occidental actual, al menos si no eres deportista, predomina mTOR y, AMPK, cada
vez tiene menos hueco. Predomina mTOR, porque estamos comiendo a todas horas,
produciendo constantes picos de insulina, y porque, raramente, nos embarcamos
en actividad física de larga duración, por encima de las 2 horas. Quizás esto
último no aplica tanto a los y las corresendas, que ya sabemos que en nuestro
mundillo trail triunfa la ultra-distancia, pero hay que considerar (1) que no
haces tirada larga ni participas en una carrera todos los días, sino muy
esporádicamente, y (2) en esas tiradas y carreras e, incluso en tu rutina
diaria de entrenos, es habitual comer pre-, intra- y post-actividad, tanto
carbohidrato, en forma de geles y bebidas, como proteína, en forma de suero,
creatina o BCAAs. En fin, hay una sobre-activación de la vía mTOR en la
población general, que come tres veces al día y pica entre horas otras tantas y
lleva una vida sedentaria; pero también hay esa sobre-activación entre los y
las deportistas de resistencia recreacionales, que, sólo muy de cuando en
cuando, hacen actividades superiores a las 2 horas, y que, realizan múltiples
ingestas a lo largo del día, porque, a las comidas normales, hay que sumar las
bebidas y geles pre-, intra- y post-entreno. Llevamos mTOR por las nubes, con
los riesgos metabólicos que eso entraña… Y, a la pobrecita vía AMPK, la tenemos
abandonada. No la dejamos intervenir, porque estamos a full de energía, ahora
sí, ahora también, porque apenas ayunamos durante más de las 8 horas de sueño,
porque apenas nos embarcamos en actividades de larga duración, más allá de
competiciones puntuales, y porque, incluso cuando lo hacemos, el suministro de
carbohidrato es constante, a ritmo de isotónico de 500ml y par de geles por hora…
Con esto ya ha de quedar algo más clara la respuesta a la
cuestión ¿para qué hacer ayuno intermitente? Conviene ampliar las ventanas de
ayuno para permitir que AMPK se exprese y se equilibre con mTOR, que ya hemos
dicho que está sobre-expresado. Y, atención a este dato clave, se ha visto que
AMPK se activa pasadas unas 10-12 horas de ayuno. Aquí está el meollo. Si
durante el día comes cada 2 o 3 horas y, si eso es lo último que haces antes de
dormir y lo primero que haces al despertar, nunca pasarás más de 7 u 8 horas en
ayunas, y la vía AMPK estará apagada de forma perpetua y, consecuentemente, no
habrá autofagia, ese reciclado celular, ni habrá mejoras en tu densidad y
calidad mitocondrial.
Resumiendo, ayunamos todas las noches unas 7 u 8 horas; con
ayuno intermitente buscamos extender esos periodos de ayuno a las 12, 16 o 24
horas. Dicho esquema, con fase de ayuno larga y ventana de alimentación
comprimida, lo podemos aplicar a diario o de cuando en cuando. Y queremos
ampliar los espacios de ayuno para permitir que AMPK se exprese, para que nos
dé los beneficios de la autofagia y la génesis mitocondrial, y para permitir
que AMPK se equilibre con mTOR, que, en nuestro modo de vida occidental, es una
vía sobre-activada, con el riesgo metabólico que eso entraña.
¿ES ÚTIL ENTRENAR EN AYUNAS?
A juzgar por lo que acabo de explicar, el ayuno es bueno.
Periodos de ayuno superiores a las 10 horas activan la vía AMPK, responsable de
la génesis mitocondrial y de la autofagia. Bien, pero, si puedo lograr esos espacios
de ayuno, simplemente, adelantando la hora de la cena y/o retrasando la del
desayuno, ¿de qué me sirve, además, entrenar en ayunas? En un momento,
conocerás los beneficios que puede tener, también las contraindicaciones; pero,
antes, hay que aclarar qué es exactamente “entrenar en ayunas”.
Popularmente, se asume que entrenar en ayunas es hacerlo a
primera hora del día, sin haber comido nada desde anoche. O sea, entrenar
pasadas unas 8 horas desde la última ingesta. Problema: como en esas 8 horas
has estado, literalmente, tirado en la cama y en un estado de absoluta
relajación, esto es, durmiendo, el gasto energético ha sido mínimo. En
concreto, habrás quemado algo de grasas y una pizca de glucógeno para sostener
la actividad del corazón, los pulmones y el cerebro y tareas de limpieza y
regeneración. Más concretamente aún, los en torno a 400g de glucógeno que
almacenamos en los músculos, estarán prácticamente al 100%, y los en torno a
100g que almacenamos en el hígado, estarán aproximadamente al 50%, pues el otro
50 ha tenido que usarse para abastecer al cerebro. Y, en cuanto a las reservas
de grasa, que, como sabemos bien, en conjunto equivalen a unas 100mil kcals, lo
que daría para días y días de actividad, pues estarán virtualmente intactas
tras esa noche de sueño. O sea, al levantarte de la cama, por mucho que hayan
pasado 7, 8 o 10 horas desde tu última ingesta, realmente estás bastante lleno
de energía, no sólo del diésel de las reservas grasas, también de la gasolina
súper que te da el glucógeno.
Esto significa que, si vas a hacer un entreno normal y
corriente, puedes hacerlo perfectamente sin meter nada en la boca. Puedes, pero
la pregunta era si debes, si cabe obtener algo de hacer el entreno a pelo. Si
lo haces en ayunas, en la forma que he descrito (es decir, entrenar según te
levantas de la cama y habiendo hecho la última comida unas 8 horas antes),
podrás disfrutar de una buena digestión, terminada hace horas y que no va a
causar problemas gastrointestinales, y contarás con reservas energéticas casi
intactas y, por tanto, más que suficientes para abastecer el entreno. Si es un
entreno normal y corriente, un rodaje, no hay inconveniente en hacerlo en
ayunas, aunque no vas a obtener beneficios, más allá de librarte de molestias
gastrointestinales. Si se tratase de una sesión exigente, bien porque incluye
bloques de intensidad media-alta o bien porque se va por encima de las 2 horas,
entonces, no sólo no habría beneficio, sino perjuicio: ese nivel de exigencia
reclutaría la vía glucolítica, que, ahora sí, podría llegar a agotarse, si no
hay aportación exógena de carbohidrato.
Otra cosa es hacer entrenos con el glucógeno bajo a posta.
Vamos a ver de qué va esto. Para empezar, alcanzarías este estado de depleción
de glucógeno de dos formas. Una sería limitando mucho los carbohidratos el o
los días previos al entreno. Otra forma sería hacer una sesión por la mañana y
afrontar una segunda sesión por la tarde, habiendo ingerido proteína y
vegetales entre medias, pero, de nuevo, sin haber metido carbohidrato. Aunque
fuese un simple rodaje, en el momento en que el esfuerzo alcanzase un nivel
medio-alto, el cuerpo pediría encender el motor turbo, la vía glucolítica, que
ahora está vacía. El cuerpo se vería obligado a forzar el otro motor, la vía
oxidativa de las grasas. Y dicha vía se vería obligada a volverse más
eficiente, a lograr más potencia con los mismos recursos. El resultado es esa
mayor vascularización de los músculos, esa mayor densidad y función
mitocondrial y ese mayor número de enzimas oxidativas y transportadores de
ácidos grasos, a los que ya hemos hecho referencia. Por cierto, esa cascada de
adaptaciones estaría orquestada por los reguladores AMPK y PGC-1alfa. Y, por
cierto también, esto que acabo de exponer no sólo tiene sentido, también está
respaldado por la ciencia. En los estudios, donde se comparan programas de
entrenamiento en depleción de glucógeno, se observan las susodichas mejoras
mitocondriales y en el rendimiento, respecto a hacer el mismo entrenamiento,
pero full de carbos.
Recapitulando, entrenar en ayunas no es igual que hacerlo
con glucógeno bajo. Entrenar en ayunas sirve sólo para librarte de molestias
gastrointestinales, que surgen por no haber acabado la digestión, y sólo para
entrenos que, por los ritmos o la duración, van a ser de intensidad media-baja.
Entrenar con glucógeno bajo sirve para potenciar la maquinaria mitocondrial,
pero son entrenos donde no vamos a poder alcanzar ritmos altos ni los
beneficios, en términos de potencia o umbral, que esos entrenos fuertes dan.
Entrenar bajo en glucógeno es una herramienta más, que deberemos emplear
estratégicamente, dentro de un plan; igual que la alta intensidad, las series a
umbral, los tempo runs, los fartlek, etc.
¿ENTRENAR EN AYUNAS ME AYUDA A ADELGAZAR?
No, directamente; pero quizás, sí, indirectamente. Lo
explico. Es cierto que, a igualdad de intensidad del ejercicio, en condiciones
de ayunas o glucógeno bajo, las proporciones de grasa y glucosa como fuentes de
energía van a cambiar, respecto de lo que ocurre yendo full de carbos. Se va a
tirar más de grasa y menos de glucosa. Pero, la energía total en kcals va a ser
la misma, venga de donde venga esa energía. Al final del día, tú habrás
ingerido X kcals y habrás gastado X kcals, eso es lo que importa y no que hayan
salido más de un tejido u otro. Por eso la respuesta general a la pregunta de
si entrenar en ayunas sirve para adelgazar es “no”.
Lo que sí es relativamente fácil que ocurra, cuando
practicas ayuno intermitente, es que ingieras menos kcals de lo normal. Lo
explico también. Si restringes las ventanas de alimentación, pongamos, a un
espacio de 8 horas, tienes menos oportunidades de comer y es fácil que acabes
consumiendo menos kcals en total, que si dispones de 16 horas para comer. Es
simple aritmética: comes menos veces, ingieres menos kcals. Es cierto que, en
esas una o dos comidas que haces en la ventana de alimentación de 8 horas,
compensarás algo las comidas que no estás haciendo y que sí harías en una
ventana de 16 horas. Pero no las compensarás al 100%. Para verlo en números,
imagina que en 16 horas haces tres comidas de 800kcals cada una; eso da un
total de 2400kcals. Seguramente te cueste hacer dos comidas de 1200 o una de
2400 de una sentada; quizás hagas dos de 1000, lo que daría un total de
2000kcals.
En fin, entrenar en ayunas no sirve para perder peso, porque
lo que cambia es la proporción de grasa y glucógeno que gastas, pero no el
gasto total en kcals. Pero, hacer ayuno intermitente, sí podría hacer que
ingieras menos calorías, por el simple hecho de que comes menos veces y no es
tan fácil meterse 2500kcals de una sentada.
¿HACER AYUNO INTERMITENTE MEJORA Y ALARGA MI SALUD?
Lo cierto es que ya hemos contestado a esta cuestión. Ayunos
de más de 10 horas activan el interruptor AMPK, que a su vez activa la génesis
mitocondrial y el mecanismo de autofagia. Activar AMPK supone también
desactivar mTOR, pues son antagónicos. Y así es como se explica el efecto del
ayuno intermitente sobre la longevidad y el cáncer: la autofagia, que se
deshace de las estructuras celulares inservibles y que contribuyen al
envejecimiento, alarga el tiempo de vida de calidad; el bloqueo de mTOR,
recordemos, señalizador del anabolismo, impide la proliferación, en este caso,
de las células tumorales.
Nuevamente, estos mecanismos no sólo tienen sentido sobre el
papel; también hay evidencia científica, sobre todo en ratas, pero también en
humanos. Respecto a la longevidad, con restricción calórica, que tiene efectos
análogos al ayuno intermitente, en cuanto a expresión de AMPK, se han
conseguido extensiones de la longevidad realmente impresionantes, de hasta el
50%. Respecto al manejo del cáncer, una herramienta con cada vez más evidencia
es la simulación del ayuno o FMD, por las siglas en inglés de “fasting
mimicking diet”. Siguiendo esta dieta no haces un ayuno 100%, pero sí limitas
calorías a 600-800 por día y eliminas los aminoácidos y los carbohidratos con
efecto insulínico, bloqueando así mTOR. La FMD ha demostrado potenciar los
efectos de la quimioterapia y atenuar los efectos secundarios.
¿ES EL AYUNO INTERMITENTE PARA TODO EL MUNDO?
Si, llegados a este punto, aún tienes dudas sobre las
bondades de extender los periodos de ayuno, debo recordar que AMPK es sensible
al déficit energético en la célula, algo que conseguimos bien a través de no
comer o bien a través del ejercicio físico. En particular, si haces ejercicio
de no mucha duración, pero sí muy intenso, o ejercicio suave, pero muy largo,
esos desbalances energéticos en la célula se van a producir, activando el
switch que es AMPK y que conlleva esa cascada de reacciones que venimos
comentando y con los consabidos efectos fisiológicos beneficiosos. Ya
explicamos esto al tratar el asunto de entrenar en ayunas o con glucógeno
depletado. Así pues, si no quieres ayunar, pero quieres activar AMPK, entrena.
Por otro lado, tengas mayor o menor necesidad de comer cada
2 o 3 horas y/o mayor o menor miedo a ayunar por periodos algo más largos de lo
habitual, por miedo a una hipoglucemia y una pájara de campeonato, hay algunos
casos donde el ayuno intermitente puede estar contraindicado. A bote pronto, se
me ocurren tres perfiles: (1) embarazadas, que están en pleno proceso de
fabricación de un organismo completo, (2) mujeres deportistas que entrenan
mucho, comen de menos y/o soportan mucho estrés psicológico, pues, en ese caso,
están al borde de la amenorrea hipotalámica y la potencial menor ingesta de
kcals totales, debida a la reducción de las ventanas de alimentación, podría
ser la gota que colma el vaso, y (3) personas con TCA en su haber o, en
general, con mala relación con la comida. (Por cierto, dedicamos episodios
pasados tanto al tema de la amenorrea hipotalámica como al de los TCAs, por si
quieres profundizar en ellos.)
CONCLUSIÓN
Ayunamos todos los días o, más exactamente, todas las
noches. Y lo hacemos, como mínimo, durante esas 7 u 8 horas de sueño. Si
tomases como costumbre adelantar la hora de la cena o saltarte el desayuno,
podrías conseguir que esos periodos de ayuno diarios se extendieran hasta las
12 o incluso 16 horas. Y ¿para qué sirve esto? Pues, como hemos aprendido hoy,
para activar el interruptor AMPK, lo que, a su vez, inhibe su interruptor
antagónico mTOR, lo que, a su vez, desactiva por un tiempo la proliferación en
beneficio de la regeneración, el reciclaje de la basura celular y la
potenciación de nuestra estructura e infraestructura mitocondrial, lo que, por
fin, contribuye a una mayor salud y un mayor rendimiento en deportes de
resistencia. Y, como ocurrió cuando hablamos de calentar, antes de entrenar, o
dormir bien, al acabar tu jornada, resulta que ayunar es gratis. Yo creo que merece
la pena tratar de reajustar nuestros horarios, para conseguir toda esta ristra
de beneficios. En cuanto a aplicar el ayuno a nuestros entrenamientos, lo
primero es entender que salir a correr a primera hora sin meter nada en el
buche no es hacerlo sin reservas energéticas, que están casi 100% intactas tras
una noche de actividad energéticamente insignificante, como es dormir. En
cuanto a hacerlo con glucógeno bajo, es una herramienta más, igual que la alta
intensidad; hacer entrenos en depleción de glucógeno nos va a producir
adaptaciones mitocondriales, que pueden interesar en algún momento de la
programación. Y, precisamente porque la llave para activar AMPK y sus
consabidos beneficios, es el balance energético celular, si no te llama o no lo
ves para ti practicar ayuno intermitente, puedes emplear estratégicamente esos
entrenos en ayunas / en depleción de glucógeno con objetivos de salud más que
de rendimiento.
Aunque suene a tópico, voy a decirlo: en el medio está la
virtud, todo necesita un equilibrio. En el caso que nos ocupó hoy, las vías
anabólica, de construcción, y la AMPK, de reciclado y potenciación mitocondrial.
Ayuna por periodos más largos, o no lo hagas, pero nunca dejes de moverte
cuanto más, mejor, y, si es por los senderos, pues mejor todavía.
Corresendas, espero que hayas aprendido y disfrutado a
partes iguales. Si fue así, me ayudas a seguir publicando contenido, haciendo
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Nos encontramos aquí en siete días, si no antes por el
monte. Hala, a pisar sendas (y a poner las mitocondrias a fundir grasa).
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