Episodio 52: “Viejóvenes” en el trail running. ¿Están más fuertes con 40 años que con 20?

Autor: Héctor García Rodicio https://www.instagram.com/correrporsenderos/

Ohiana Kortázar, Miguel Heras, Núria Picas, Aritz Egea, Gemma Arenas. Azara García, Tófol Castanyer, Maite Maiora. Marta Molist, Pere Aurell, Ragna Debats… Más nombres todavía: Courtney Dauwalter, Francois D’Haene, Camille Herron, Andrea Mayr, Mimmi Kotka. ¿Qué tienen en común todas estas personas? Sí, por supuesto, son todos y todas trail runners, pero rasquemos un poquito más: lo que comparten todo este elenco de atletas es que rozan los 40 años de edad o, en casos como los de Miguel, Tófol o Gemma, superaron dicha barrera hace varios o muchos años ya. Y lo interesante es que, a pesar de ser sensiblemente mayores que sus rivales, los ganan con ventaja. En general, esto sucede en la larga distancia: pruebas por encima de la maratón. Pero no siempre: el mejor ejemplo es, seguramente, Ohiana Kortázar, que lo gana todo. Absolutamente todo, sin importar distancia o tipo de terreno. Sin ir más lejos, ganó los recientes campeonatos de España de la RFEA y de la FEDME, en distancia maratón con 2400m+ y en 28k con +1800, respectivamente. Miguel Heras también sigue disputando carreras cortas, por debajo de maratón, incluso a bestias como Manu Merillas, como vimos en Ultra Sanabria 2021. Ahí es nada.

Se suponía que, con los años, íbamos perdiendo capacidades y, por extensión, competitividad. Pero estos y estas atletas están demostrando que la teoría debe revisarse urgentemente, que, como con el vino, el whisky o el queso curado, es posible que la edad no juegue en contra, sino a favor. ¿Es esto posible? ¿Podemos ganar capacidades en lugar de perderlas? Hoy vamos a hablar de envejecimiento y anti-envejecimiento, qué cosas pasan a medida que sumamos primaveras, las cosas malas y las buenas, y qué acciones podemos llevar a cabo para mitigar los perjuicios de la edad y, mejor todavía, potenciar los beneficios. Lo haremos con el objetivo de cumplir esa máxima que dice: morir joven, lo más tarde posible. Lo haremos, también, para entender cómo es posible que Ohiana, Miguel, Gemma o Aritz les estén dando para el pelo a sus pipiolos rivales.

Más en concreto, la tabla de contenidos de hoy es… Primero, ¿qué es el envejecimiento y por qué envejecemos? Segundo, ¿qué efectos tiene la veteranía en el rendimiento en deportes de resistencia? Tercero, ¿qué pruebas tenemos de que los y las mayores se meriendan a sus rivales, 20 años más jóvenes, incluso en distancia corta? Para contestar a estas cuestiones, nos apoyaremos en el archi-citado artículo de López-Otín y colegas de 2013, “The Hallmarks of Aging”, y en la revisión de estudios de 2022 titulada “The Impact of Training on the Loss of Cardiorespiratory Fitness in Aging Masters Endurance Athletes”, aparte, claro está, de en el habitual curro de investigación que me pego mirando las redes sociales de los y las atletas y sitios web especializados en trail, para obtener los números que interesan: kms, desniveles y podios.

Me dejo de tanta introducción, que, como siga, nos haremos viejos antes de entrar en la chicha… Sin más dilación, vamos al turrón.

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 ¿QUÉ ES EL ENVEJECIMIENTO Y POR QUÉ SE PRODUCE?

Asociamos la vejez a deterioro, a declive, a ir a peor. Pero, más allá de arrugas y canas, ¿qué es exactamente el envejecimiento? Y, más interesante, ¿supone irremediablemente un declive? La vejez es todo el conjunto de cambios que acumulamos con el paso del tiempo. Eso incluye cambios en nuestra fisiología, nuestro aspecto y nuestro rol en la sociedad. De estos tres, los más evidentes son los estéticos y los sociales. Imagina un hombre de pelo blanco, que camina lento, y que ha ido a recoger a unos niños a un cole. Es fácil deducir que se trata de un jubilado con nietos y que, por tanto, pasa de los 65 años. Como digo, algunos de los cambios que se producen con la edad, en particular, los físicos y sociales, son aparentes.

Pero los que interesan de verdad, los cambios en la fisiología, son mucho menos obvios y, más interesante aún, son mucho más variables de un individuo a otro. Dicho de otro modo, la edad que figura en tu DNI, tu situación laboral o el color de tu pelo podrán decir que estás para el arrastre, sin embargo, a nivel celular y molecular, la cosa puede no estar tan clara. Y es ese nivel celular, la calidad de tus tejidos y su funcionalidad, lo que marca la diferencia: tu edad biológica, frente a tu edad cronológica.

Vale, y ¿qué cambios se producen en nuestros tejidos con la edad? ¿De qué depende tu edad biológica? Por un lado, con el tiempo hay acumulación de daño celular, por otro lado, hay menor capacidad de responder a esos daños; y ambas cosas, a su vez, suponen una merma en el rendimiento físico y cognitivo y un aumento exponencial en el riesgo a padecer todas las enfermedades no transmisibles, diabetes, infarto, artrosis, degeneración macular, Alzheimer, cáncer, e-t-c y de mortalidad. Tiene sentido: todos nuestros tejidos y sistemas están compuestos por células; si las células están cada vez más estropeadas, recordemos, las piezas con que se construyen los tejidos y sistemas, es lógico que éstos pierdan función. Piensa en un coche con suspensión, ruedas y frenos gastados y un motor que pierde líquido por todas partes; difícilmente podrá dar un buen rendimiento.

Acumulación de daños

Respecto a la acumulación de daños, esto se refiere a (1) inestabilidad en el genoma, (2) acortamiento de los telómeros y (3) alteraciones epigenéticas. La inestabilidad del genoma se traduce como errores en el ADN, que algunos genes se borren, se añadan otros o se desordene la secuencia. El ADN son las instrucciones, contenidas en cada una de nuestras células, con que se organiza el desarrollo y función de las distintas partes del cuerpo. El ADN es la partitura para que la orquesta, que es nuestro organismo, ejecute la sinfonía correctamente. Si esa partitura se borra o se cambia, la música resultante ya no es sinfonía, sino cacofonía. Esas alteraciones en el genoma se producen por factores intrínsecos y extrínsecos. Los intrínsecos son los que resultan de la actividad normal de una célula. Las células trabajan, respiran, producen energía a partir de nutrientes y oxígeno. Como resultado se producen residuos, lo que se conoce como especies reactivas de oxígeno o estrés oxidativo. Las células, también, se replican, crean otras células a través de mitosis. Y en esa replicación pueden producirse mutaciones aleatorias. Otros daños son extrínsecos. La radiación UV tiene capacidad mutagénica, un patrón inadecuado de exposición solar podría provocar un exceso de daño en el ADN. Por supuesto, muchos compuestos químicos, como los contenidos en el humo del cigarrillo, de la cocina, del tráfico y de la industria, tienen también potencial mutagénico. El ADN tiene mecanismos de reparación de estos daños de origen endógeno y exógeno, pero, si los daños son muchos, el mecanismo se desborda.

En cuanto al acortamiento de los telómeros, esto requiere un poco de explicación. El ADN, esa partitura para que la orquesta, que es el cuerpo, interprete bien la sinfonía, que es el funcionamiento del cuerpo, se aloja en unos paquetes llamados cromosomas. Los cromosomas cuentan con unos bordes, llamados telómeros, que actúan como tapones para que la hélice de ADN no se deshilache. A medida que se replican las células, estos tapones o telómeros se van deteriorando, con el riesgo de que la hélice de ADN se deshilache. Eso, indirectamente, también contribuiría a la inestabilidad genómica de la que hemos hablado antes: una partitura desordenada, que suena a cacofonía, en lugar de sinfonía.

Un daño más que se acumula con la edad afecta al epigenoma. El epigenoma es otro código, por encima del ADN, que actúa como regulador de éste. O sea, tengas el código genético que tengas, el epigenoma decide qué genes se expresan y cuáles no. La epigenética, de este modo, determina qué partes de tu ADN son efectivas y, por tanto, es, a la postre, lo que determina cómo se desarrolla y funciona tu cuerpo. Siguiendo con la analogía de la orquesta, la epigenética es el director, porque puede decidir que la misma partitura se toque más rápido o más lento o que ciertas melodías las interprete la sección de viento o la de cuerda o que haya o no percusión o que el solo lo haga el violín o una flauta travesera. Pues bien, la epigenética es sensible a nuestro estilo de vida: dieta, actividad física, exposición a tóxicos, estrés psicológico, calidad del sueño, ritmos circadianos. Pasar años de mala dieta, poca actividad física, mucha exposición a tóxicos, mucho estrés y mucha crono-disrupción supondrían un gran impacto para tu epigenética, que encenderá genes que no te interesan y apagará otros que sí, dando lugar a un fenotipo patológico: acumulación de grasa visceral, resistencia a la insulina, aumento de la presión arterial, mal perfil lipídico, desajustes hormonales…

Capacidad de respuesta al daño

El cuerpo cuenta con mecanismos para compensar esos daños que se producen con la edad, y que se aceleran si llevas un estilo de vida poco saludable. Pero es una capacidad que tiene un límite y que, aparte, se va también perdiendo con el paso del tiempo. Aquí hay que hablar de (1) desajuste metabólico, (2) disfunción mitocondrial y (3) inflamación sistémica.

En cuanto al metabolismo, si existe equilibrio metabólico, contamos con capacidad protectora frente al daño celular; si el metabolismo se desajusta, el daño celular se puede desmadrar. Vamos a intentar entender esto. Ya hablamos, en el episodio sobre el ayuno, de las vías metabólicas mTOR y AMPK, que actúan como interruptores, respectivamente, del anabolismo y de la autofagia y la génesis mitocondrial. En presencia de nutrientes, en particular, carbohidrato y ciertos aminoácidos, se activa mTOR, poniendo en marcha la construcción de tejido. Eso te interesa cuando te has dado caña en el monte y quieres resintetizar glucógeno y músculo. Una sobreexpresión de mTOR, sin embargo, es mala, porque significa proliferación celular exacerbada y, por ende, muchas más oportunidades para que las réplicas salgan mutadas o con telómeros acortados o para que las alteraciones epigenéticas actúen; una vía mTOR trabajando sin freno puede, así, degenerar en obesidad o cáncer. En fin, mTOR ha de estar bajo control para contener la producción de nuevas células, porque cada nueva célula son más oportunidades para que salgan dañadas. Más células dañadas, peor calidad de tejidos y sistemas, peor funcionamiento del cuerpo.

Y ¿qué pasa con la vía antagónica, la AMPK? AMPK responde a baja disponibilidad energética en la célula, algo que ocurre cuando ayunamos y/o hacemos actividad física por tiempo prolongado. Cuando se da esa circunstancia, AMPK, a través de una molécula llave denominada PGC-1alfa, activa, por un lado, el reciclado de la basura celular y, por otro, el aumento de la estructura e infraestructura mitocondrial; es decir, se fagocitan las partes defectuosas de la célula y se convierten en energía, eso es la autofagia, y, aparte, se crean nuevas mitocondrias y nuevos vasos sanguíneos y enzimas, que abastecen a esas mitocondrias. A diferencia de la vía mTOR, que conducía a acumulación de daño celular, la vía AMPK es sinónimo de juventud, porque supone reducir daño, a través de autofagia, y supone mayor capacidad de producción energética, a través de la génesis mitocondrial. El problema es que, por el acortamiento de los telómeros y la consiguiente distorsión genómica, las partes del ADN que hacen que las células sean sensibles a PGC1-alfa se pierden. Esto provoca, a la postre, disfunción mitocondrial: ni se producen nuevas mitocondrias ni las que hay realizan autofagia, lo que, a su vez, supone acumulación de partes dañadas en la célula y menor eficiencia energética, porque no se obtiene energía del reciclado de dichas partes.

Por último, otro mecanismo clave de protección frente al daño celular, es la función del sistema inmunitario. El sistema inmunitario detecta y elimina agentes infecciosos, células infectadas, células que se están volviendo cancerosas y células senescentes, células que, tras muchas replicaciones y la degradación genómica y telomérica consiguiente, ya no funcionan bien y deben morir. Pero, en organismos envejecidos, se observa un sistema inmunitario puesto completamente patas arriba, manifestando un estado crónico y sistémico de inflamación de bajo grado. Esto supone que las mencionadas funciones del sistema no se realizan, lo que significa que los daños no se compensan y se acumulan.

Ideas a retener

Nuestro cuerpo y todos sus tejidos y sistemas están hechos de células, que están constantemente replicándose. Ocurre que, con cada replicación, la célula resultante es de peor calidad, tanto porque sus telómeros se acortan y desprotegen la hélice del ADN, como por la exposición a factores mutagénicos. Peores células es igual a peores tejidos, que es igual a peor función. El cuerpo cuenta con mecanismos de protección frente al daño. La vía AMPK sirve, por un lado, para contener a mTOR, pues son antagónicas; una vía mTOR desbocada da lugar a una proliferación celular desbocada y ya sabemos que cada nueva célula sale peor que la anterior. Por otra parte, AMPK sirve para generar nuevas mitocondrias y para hacerlas más eficientes. Pero, con el tiempo, nuestras células son menos sensibles a AMPK. El sistema inmunitario también sirve para deshacer daños, pues detecta y elimina células infectadas, cancerosas o disfuncionales. Al envejecer, el sistema inmunitario se desajusta y entra en un estado de inflamación crónico y sistémico.

Factores en el envejecimiento celular

Hasta aquí hemos pintado un escenario muy poco halagüeño. Hemos visto que, según vamos sumando primaveras, nuestras células y los sistemas que éstas componen van perdiendo calidad y funcionalidad. ¿Son estos cambios celulares inevitables? Si bien la longevidad, el número de años que vamos a vivir, está muy determinado por la genética, la calidad de los años que vivamos depende mayoritariamente de nuestros hábitos. La longevidad está programada, igual que la edad en que experimentarás la pubertad o tu estatura potencial. Si te nutres adecuadamente, a los 13-14-15 años, según la persona, pegarás un estirón, te cambiará la voz, te saldrá vello, tendrás la menstruación, etc. Unos años después, pegarás un segundo estirón, con que obtendrás la estatura que mantendrás para siempre. Eso está programado. Y que tengas el potencial para vivir 80, 90 o 100 años, también.

Lo otro, el ritmo con que tu organismo va acumulando daños y con el que va perdiendo capacidad de protección frente al daño, eso lo marcas tú con lo que haces. Ya sabes, nada nuevo: si te mueves mucho durante el día a baja intensidad, haces esfuerzos puntuales de alta intensidad, comes comida y no productos, tienes contacto con otras personas y con la naturaleza, tienes mínimo contacto con tóxicos, tienes estrés psicológico puntual, pero no crónico, y descansas por la noche, durmiendo profundamente durante 7-8-9 horas, para volver a iniciar un ciclo idéntico al día siguiente, y haces esto durante años, le estarás dando vida a tus años. Estarás contribuyendo a una menor acumulación de daños y a una preservación de la capacidad reparadora de tu organismo. Y lo contrario: si no te mueves más que en los entrenos y carreras, porque el resto del día te sientas en el coche, la mesa de la cocina, la de la oficina, la de la cafetería y en la taza del baño, si te atiborras a azúcares, harinas y almidones en tu dieta habitual y no sólo peri-entreno, si trasnochas para ver Netflix o enganchado al feed del Insta, si el estrés normal por tener un pico puntual de trabajo o una discusión puntual con una persona a quien aprecias se vuelve crónico, si fumas o abusas del alcohol o vives en un barrio con un aire muy contaminado, pues estás acelerando el envejecimiento. Ahí, la edad de tu DNI tal vez sea incluso menor que la que tu maltratado cuerpecito tiene en realidad.

Más concretamente, se ha visto que el tamaño de los telómeros, la metilación del ADN, el estrés oxidativo, la fuerza de agarre, el vo2max, el porcentaje de masa grasa, el desarrollo muscular, el perfil lipídico en sangre, el calcio coronario, la glucosa e insulina en ayunas, el estado inflamatorio, la calidad de la microbiota y un largo etcétera de marcadores y parámetros de edad biológica y de funcionalidad se pueden mejorar a cualquier edad. Si nunca hiciste ejercicio, puedes empezar ahora y obtendrás beneficio, no importa la edad cronológica que tengas. Si dejaste el ejercicio por cualquier motivo, sea familiar, laboral o por enfermedad, y quieres retomarlo tras años en dique seco, retómalo y obtendrás beneficio, no importa cuánto duró el parón. Durante esos años sedentarios, a buen seguro, los marcadores de edad biológica empeoraron mucho, acelerando el proceso de envejecimiento; pero, insisto, hoy sabemos que se puede recuperar el tiempo perdido y retrasar esos relojes biológicos. Lo mismo cabe decir con el descanso y el manejo del estrés, la exposición a tóxicos o la alimentación; hayas hecho lo que hayas hecho en el pasado y que haya contribuido a un envejecimiento celular acelerado, lo puedes corregir a partir de ahora para mejorar tu edad biológica. Obviamente, no puedes volver a poner el contador a cero, pero hay mucho margen de acción; como dije, la longevidad es genética, el envejecimiento es hábitos en un 80-90%.

Resumen

El envejecimiento se refiere al conjunto de cambios que se producen con la edad. Eso engloba cambios físicos, como canas y arrugas, cambios sociales, como la jubilación o que los hijos abandonen el nido, y cambios celulares y en tu fisiología, tu edad biológica. Esa edad biológica será mayor o menor, según los daños acumulados y cuán preservada esté la capacidad de respuesta al daño de tu organismo. Daños son: alteraciones genéticas y epigenéticas. Capacidad de respuesta incluye: un metabolismo y un sistema inmunitario equilibrados. Y, que haya más o menos daños y más o menos capacidad para reponerse de los daños, por suerte, depende de tu estilo de vida, porque que los años pasen no significa nada, lo importante es lo que ocurre en esos años. Si te cuidas, se puede frenar y hasta revertir el envejecimiento.

¿QUÉ PASA CON TU RENDIMIENTO DEPORTIVO SEGÚN SUMAS MÁS AÑOS?

El vo2max es una buena medida de tu capacidad física. Ya sabemos que el vo2max es la cilindrada de nuestro motor, la cantidad de oxígeno que podemos absorber, transportar y utilizar para producir energía. Se mide en ml por minuto por cada kg de peso corporal. Valores de 60-65 en hombres están muy bien. La élite masculina exhibe valores por encima de 70 y hasta de 80 y, unos pocos portentos, de 90. En mujeres, grosso modo, los umbrales estarían 10-15 puntos por debajo: 50 para mujeres activas, 60 para las élite. Grosso modo, insisto. Ese numerito de vo2max es una medida, algo gruesa, pero que nos da una buena idea de tu estado de forma, de tu fitness aeróbico.

Bien y ¿qué pasa con ese numerito, según avanzamos en años? En una revisión sistemática de 2022 se reunieron una serie de estudios longitudinales, examinando la condición física de atletas máster. Seis estudios, para ser precisos. En esos estudios se siguió la trayectoria de personas deportistas, registrando cambios en su vo2max y en su régimen de entrenamiento a lo largo del tiempo. La ventana de tiempo considerada varió entre los seis años, del estudio más pequeño, a los 22, del más grande. ¿Qué se vio? En conjunto, se ve que los y las deportistas van perdiendo potencia aeróbica: sí, sus valores de vo2max disminuyen. Pero, y esto es lo crucial, disminuyen cuando la carga de entrenamiento disminuye, no por el mero paso del tiempo. De hecho, hay una correlación muy fuerte entre los cambios en el volumen e intensidad del entrenamiento y los cambios en el vo2max. Dicho más claramente, baja tu vo2max tanto como baja tu nivel de entrenamiento, pero tu vo2max se mantiene si mantienes el estímulo del entrenamiento. Es más, en los estudios también se vio que, entre las pocas personas que aumentaron la carga de entrenamiento al hacerse mayores, el aumento en su vo2max fue proporcional. En fin, el tiempo es irrelevante; la clave es lo que haces en ese tiempo: si mantienes carga, mantienes vo2max, si bajas carga, pierdes vo2max, si subes carga, puedes ganar vo2max.

Lo mismo ocurre con la masa muscular. Hay estudios que muestran que, con estímulo suficiente, la masa se preserva y nos protege de la sarcopenia. Incluso se ha visto que personas que comienzan a hacer trabajo de fuerza, ya de mayores, tienen una capacidad de hipertrofia muy similar a la de otras más jóvenes. También se ha comprobado que la recuperación, tras un entrenamiento de fuerza, es comparable entre jóvenes y mayores.

En fin, "use it or lose it", que dicen los angloparlantes. Lo que no usas, sea la masa muscular o la capacidad cardiorrespiratoria, se atrofia. Pero, al mismo tiempo, si mantienes tu régimen de entrenamiento, la evidencia demuestra que podemos mantener intactas (o casi) las capacidades y que podemos aumentarlas a cualquier edad, si aumentamos el estímulo. Ya apuntamos en el apartado anterior que nunca es tarde para empezar o para retomar la actividad física. La edad no es excusa. (Paréntesis: yo empecé a correr por el monte pasados los 30 y, en las carreras cortas que corro, donde abundan los jovencitos, suelo quedar en el tercio superior de la tabla, de modo que hay un buen puñado de chavales, a quienes este cuarentón que os habla, les da un buen repaso.)

Un matiz a lo dicho de los estudios longitudinales y vo2max es que, si bien la correlación entre carga de entrenamiento y potencia aeróbica es muy fuerte, la edad per se también tuvo una contribución al declive de esta capacidad. El matiz es, por tanto, que, con entrenamiento, puedes compensar en gran medida el efecto de la edad, pero ésta, de por sí, sigue teniendo cierto efecto.

El efecto de la edad también se observa en la frecuencia cardíaca. Lo habitual es que, con la edad, nuestra frecuencia en reposo suba y la frecuencia máxima, descienda. O sea, en términos de coste energético, nos cuesta más llevar un ritmo equis y, a la vez, somos menos capaces de exprimirnos a tope, por ejemplo en un KV a fuego. Pero, como antes, esto se puede compensar con entrenamiento, si no al 100%, sí en un 80 o 90.

Hemos hablado de perder vo2max y capacidad cardíaca, pero ¿puede la edad darnos algo en lugar de quitarnos? Si mantienes el entrenamiento y la competición, personalmente, creo que la edad puede brindar dos beneficios, que la juventud no da: fondo y mentalidad. Lo explico.

La potencia aeróbica, ese vo2max del que hemos hablado, es tu techo. Es la potencia máxima que puede entregar tu motor. Más interesante es tu capacidad aeróbica, tu fondo. El fondo es la potencia que puedes sostener por mucho tiempo. Quizás tengas un techo alto, pero, si tu fondo o capacidad de resistencia es pobre, de poco sirve ese gigantesco motor. Tu fondo es, a la postre, tu capacidad aeróbica efectiva, que es la determinante en pruebas por encima de los 30', es decir, pruebas por encima del 10k, en el caso del asfalto, y cualquier carrera de montaña que no sea un KV. Pues bien, para desarrollar el fondo, esta capacidad aeróbica efectiva, hace falta acumular y acumular volumen, algo para lo que hacen falta años y años de entrenamiento; justo lo que tienen los y las atletas más mayores que han mantenido un régimen de entrenamiento sin interrupciones.

Otra cosa que tienen estos y estas atletas regulares es experiencia enfrentando momentos difíciles, sean entrenos duros, la presión de la competición, molestias o lesiones. Están curados de espanto, tienen callo, se han curtido en mil batallas. Eso les otorga cabeza fría, capacidad para mantener la calma y el foco en cualquier circunstancia, por adversa que sea.

En resumen, es cierto que es normal perder potencia aeróbica, capacidad cardíaca y masa muscular, pero no tanto por la edad, sino porque lo habitual es bajar o abandonar el entrenamiento. La evidencia demuestra que tus capacidades varían según varía la carga de entrenamiento, de modo que, si mantienes el estímulo, mantienes mucho la capacidad. Es más, la práctica deportiva regular de años te da dos pluses: una resistencia aeróbica o fondo incombustible y una fortaleza mental a prueba de bomba nuclear. Esto puede explicar lo que vamos a ver en el siguiente apartado: viejóvenes cepillándose a sus rivales jóvenes.

¿QUÉ EVIDENCIA HAY DE QUE LOS Y LAS VIEJÓVENES GANAN A SUS RIVALES JOVENCITOS?

Hasta aquí, hemos aprendido que, con el paso del tiempo, vamos acumulando daño celular y vamos siendo, además, menos capaces de compensar ese daño; peores células dan lugar a peores tejidos y sistemas y peor función, lo que se traduce, entre otras cosas, en pérdida de masa muscular y fuerza y pérdida de la potencia aeróbica. Todo eso se traduce, a la postre, en un peor desempeño físico. Bueno, hay que matizar esto. También hemos aprendido que el paso del tiempo, en realidad, no es lo que provoca esos daños y el deterioro consiguiente, es, sobre todo, lo que pasa en esos años. De hecho, si nos cuidamos, el ritmo de envejecimiento decelera, de modo que nuestra edad cronológica deja de reflejar con fidelidad nuestra edad biológica: estamos mejor que lo que se espera del dichoso número en cuestión. No en vano, en materia de vo2max, si mantienes el estímulo, mantienes tu potencia y, si aumentas el estímulo, aumentas tu potencia, tengas la edad cronológica que tengas. Para rematar, la experiencia entrenando y compitiendo nos da dos bonuses: fondo grande y mente fuerte. Y qué mejor prueba de que la edad cronológica no es sinónimo de declive que acudiendo al caso de dos prolíficos y viejóvenes atletas del panorama nacional: nada menos que dos leyendas vivas como son Ohiana Kortázar, de 39 años, y Miguel Heras, de 47. Lo interesante es que ganan a sus jóvenes rivales en corta y media distancia, modalidades donde teóricamente la explosividad, propia de la juventud, pesa mucho y ese fondo y esa mente fuerte, que llegan con la experiencia dilatada, tienen un peso mucho menos determinante. Veamos los números.

Respecto a Ohiana, mirando sólo los dos últimos años, podemos ver lo siguiente. En la CXM de Rute 2023, un recorrido de 28k y 1800m+, donde se celebró el Campeonato de España de la federación de montaña, Ohiana quedó primera por delante Naiara Irigoien, de 28 años. En el Trail Las Palomas 2023, de 40k y con 2400m+, y donde tuvo lugar el Campeonato de España de la federación de atletismo, Ohiana quedó primera por delante de Ikram Rharsalla, de veintipocos años. En la Marathon du Mont-Blanc de 2022, prueba de 42k con +2700 y de talla internacional, Ohiana quedó sexta por delante de Fabiola Conti, de 28 años. En la Zegama Aizkorri de 2022, recorrido de 42k y +2400, en la edición más disputada de la historia, Ohiana hizo 8º puesto, por delante de un buen montón de chicas más lozanas que la guipuzcoana.

Respecto a Miguel Heras, en 2022 ganó la Ultra Sanabria por etapas, etapas de unos 20-30k y con unos 1000m+, ganando dos de las tres etapas y haciendo primer puesto en la general. Y lo hizo por delante de sus rivales, todos ellos contando 15-20 años menos que el bejarano. En la edición 2021 quedó solamente segundo, pero lo hizo por detrás de Manu Merillas, con entonces 30 años, con quien mantuvo una batalla a muerte en cada una de las etapas, dando un espectáculo épico. En la Canarias Anaga 2022, carrera de 42k y +2300, quedó primero por delante de Antonio Martínez, que por entonces sumaba 31 primaveras. Por supuesto, si hablamos de distancia ultra, de entre 70 y 100 kilómetros, y donde ese fondo y esa mentalidad fuerte cobran una relevancia capital, Miguel no tiene quien le tosa: ha hecho podios, muchos de ellos repetidos, en Ultra Pirineu, Ultra Sierra Nevada, Desafío Somiedo, CSP de Penyagolosa, Val D’Arán, Gran Trail Peñalara, entre otras. Todo eso pasados los 40 años y contra rivales de clase mundial.

CONCLUSIÓN

Tu edad no es la que dice tu DNI, es lo que eres capaz de hacer. Punto. Tu DNI, tu ficha de nacimiento o tu libro de familia pueden decir lo que sea: 40, 50, 60… Lo que de verdad importa es tu función y tu función depende de tus hábitos: que te muevas mucho, que comas bien, descanses bien y te relaciones bien con tu entorno social y con la naturaleza. En el caso particular del correr por montaña, que depende en gran medida de tu potencia aeróbica y de tu capacidad aeróbica y para tolerar el sufrimiento, si entrenas, podrás preservar tu vo2max, y si mantienes ese régimen ininterrumpidamente durante años, podrás mejorar tu fondo y tu fortaleza mental. Por la misma lógica, si dejas de entrenar, perderás adaptaciones y harás también que tus células sean más vulnerables al daño, porque para que tus células se vuelvan más eficientes en la producción de energía debes demandarles eso, energía. Lo he repetido cientos de veces en el podcast y fuera de él: no somos plantas, somos animales, estamos hechos para movernos. Así pues, venga, no hay excusa, ponte a pisar sendas sin moderación.

Antes de eso, te deseo que hayas aprendido y disfrutado del episodio. Y te pido que, si fue así, me ayudes a seguir creando contenido, haciendo alguna de estas cosas: suscríbete al podcast, deja una valoración, deja un comentario, comparte y/o sígueme en Instagram, en la cuenta correrporsenderos (todo junto), donde publico píldoras sobre trail running a diario en Stories.

Nos encontramos aquí en siete días, si no antes en el monte. Hala, a pisar sendas (tengas la edad que tengas).

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