Episodio 53. Filosofía estoica. ¿Qué es y cómo puede ayudarme en el deporte y en la vida?

Autor: Héctor García Rodicio https://www.instagram.com/correrporsenderos/

Escribe “estoicismo” en la caja de búsqueda de Google. En 0’31 segundos obtendrás 4.480.000 resultados. Entre ellos, una entrada en Wikipedia, un artículo de 2022 en el periódico La Vanguardia, otro de 2023, en la revista Men’s Health, otro más de 2023, en el website de tecnología Xataka y hasta otro de 2022 en el periódico Mundo Deportivo. Escribe “stoicism” y obtendrás 9.330.000 resultados, incluyendo entradas en los blogs DailyStoic, StoicismToday o StoicSimple, un artículo de 2022 en el periódico The Guardian o un artículo de 2023 en la revista de divulgación científica The Conversation. Por fin, escribe eso mismo en el catálogo de Amazon para obtener más de 8000 referencias. Citas de Séneca por aquí, citas de Marco Aurelio por allá, Pau Gasol habla de estoicismo, Lydia Valentín habla de estoicismo, Luis Enrique, también; “el estoicismo me ayudó en mi deporte”, “el estoicismo me ayudó en mis negocios”, “el estoicismo cambió mi vida”…

Demonios, ¿qué pasa con el dichoso estoicismo? Sin duda, es la filosofía de moda; está de rabiosa actualidad, pese a ser una filosofía con más de 2000 años. Pero, ¿por qué? ¿De qué narices va eso del estoicismo? ¿No era aquello de permanecer frío como el acero, aunque estés pasando el peor trago de tu vida, y permanecer impasible también, cuando estás viviendo el momento más feliz? Es decir, tener menos ánimo que una piedra. Y, en todo caso, ¿qué tienen que ver, con mi vida, las filosofadas de unos señores con barba blanca y túnica, que vivieron hace dos milenios? ¿No es la filosofía sino un intento de explicar el universo con poca o nula traducción práctica? ¿O estoicismo es eso que hacen los influencers de levantarse a las 5am, darse duchas frías, hacer WODs de Crossfit en ayunas y apagar las redes sociales durante días? “Si el estoicismo son cuestiones sobre la existencia y el cosmos, Héctor, no cuentes conmigo en este episodio”. “Y, si esperas que adopte un modo de vida monacal, privado de todo placer y sometido a la incomodidad permanentemente, Héctor, no cuentes conmigo tampoco”.

Calma, “ataraxia”, que diremos luego. Como de costumbre, hoy vamos a profundizar en un concepto complejo, pero con lenguaje que pueda entender hasta el alumnado de Primaria. Vamos a hacerlo para responder a todas esas cuestiones, que ya he lanzado, y para desmontar algunos mitos. Vamos a aprender, en tan sólo 10 minutines, de qué va eso del estoicismo, para luego, en otros 10 minutos, aprender las ocho herramientas perfectamente accionables para mejorar, de verdad, nuestra práctica deportiva y, sí, nuestra vida general también. Descubriremos que no hay nada misterioso ni mágico en el estoicismo, pero sí mucho sentido común, que ya sabéis que es el menos común de los sentidos. Nos vamos a apoyar en grandes personalidades, como Marco Aurelio, para recobrar esa sensatez, que todo el mundo tenemos, pero guardada en vete tú a saber qué cajón de nuestra enmarañada cabezota…

Como de costumbre también, voy a hacer referencia a algunas de las fuentes que he utilizado para crear el contenido de hoy. La principal, el trabajo de divulgación de Pepe García, que encontrarás en redes sociales (lo que incluye website, perfil de Instagram, canal YouTube y podcast) bajo el nombre de El Estoico. Pepe es, seguramente, el mayor divulgador de estoicismo en habla hispana. En su podcast El Estoico entrevistó a Massimo Pigliucci, otro importante divulgador de la filosofía estoica; en este caso, en inglés. Massimo también intervino en el podcast Aprendemos Juntos. Por último, no puede faltar, como referencia, Marcos Vázquez de Fitness Revolucionario, quien ya divulgaba sobre los estoicos allá por 2015.

Hechas las menciones y, sin más dilación, vamos al turrón.

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¿QUÉ ES EL ESTOICISMO?

El estoicismo es una filosofía y, como toda filosofía, incluye dos facetas o áreas: la metafísica y la ética. La metafísica es cómo esa filosofía concibe o se representa el mundo. Por ejemplo, desde una filosofía cristiana, el mundo, y la vida que contiene, fue creado por Dios. Dios nos hizo a su imagen y semejanza, nos condenó a trabajar y ganarnos el pan con el sudor de la frente y, al final de los tiempos, vendrá a juzgar a vivos y muertos. La ética, la otra parte de toda filosofía, es una guía de cómo vivir, de cómo comportarse en el mundo. Siguiendo con el ejemplo, en la filosofía cristiana, debes comportarte de acuerdo con los diez mandamientos, que incluyen no mentir ni robar y, en general, amar al prójimo como a ti mismo. Bueno, y ¿cuál es la metafísica y la ética de la filosofía estoica? Las vemos.

Respecto a la concepción del mundo, los estoicos creen que el ser humano es un animal, como el resto de los que habitan el planeta, pero con dos características propias: la razón y la sociabilidad. A diferencia del resto de animales, las personas tenemos la capacidad de usar la razón. Somos seres racionales (y no sólo porque tomemos raciones en los bares, como decían Siniestro Total). Usar la razón es relacionar ideas, derivar implicaciones, evaluar pros y contras, tomar decisiones, resolver problemas y, en definitiva, pensar, darle al coco y no funcionar, simplemente, en modo automático. Por supuesto, tener la capacidad de razonar no significa que la ejerzamos; de hecho, un objetivo de la práctica estoica es, precisamente, incrementar el uso de esta capacidad, en detrimento del funcionamiento automático, guiado por las pasiones. Por otro lado, los seres humanos somos animales híper sociales, no podemos sobrevivir en soledad y, mucho menos, prosperar.

Respecto a la ética, a cómo debemos comportarnos en el mundo, la filosofía estoica entiende que debemos vivir de acuerdo con nuestra naturaleza. Y, como somos racionales y sociales, pues lo suyo es actuar con la razón para el beneficio del grupo. Si actúas con razón, eso será bueno para la sociedad y, a la postre, ese beneficio para el grupo será un beneficio para ti. ¿Por qué? Porque, si lo que haces, contribuye a una sociedad mejor, significa que eres una buena persona. En fin, la ética estoica, la manera como debemos vivir según esta filosofía, es, pues, (1) utilizando la razón, en contraposición a un funcionamiento automático, instintivo, visceral, y (2) hacerlo para el bien del grupo. “Lo que no es bueno para la colmena, no es bueno para la abeja”, dijo Marco Aurelio.

Y ¿qué es exactamente actuar aplicando la razón? Pues, actuar siguiendo dos principios: “areté” y “apatheia”. La areté es la virtud, es regirse por las cuatro directrices cardinales: sabiduría (por la cual discernimos lo que nos apetece de lo que es correcto, lo que es bueno para mí en el medio-largo plazo), coraje (por el cual hacemos lo correcto a pesar del miedo), justicia (por la cual damos a cada quien lo que merece) y templanza (por la cual actuamos a pesar de la pereza, las tentaciones y las dudas). Las cuatro directrices se resumen en hacer lo correcto, lo que es bueno para ti y para los demás, con independencia de que las circunstancias sean favorables o no.

El otro principio a seguir para actuar racionalmente es la apatehia. Aplicar apatheia es minimizar todo lo posible el impacto de las emociones destructivas, como ira, ansiedad, envidia o desesperanza. Esas emociones son naturales, lo que significa que no se pueden ni se deben reprimir. No se deben reprimir porque son informativas: sentimos ira, cuando nos han ofendido, ansiedad, cuando hay riesgo de perder algo que apreciamos, envidia, cuando otra persona, y no nosotros, logra algo que apreciamos, desesperanza, cuando se acumulan los fracasos. Las emociones negativas, de este modo, nos alertan de peligros potenciales; por eso, no debemos eliminarlas. Aparte, no podemos eliminarlas, porque lo que resistes, persiste. Con la apatheia estoica lo que se busca es que esas emociones destructivas sean menos intensas y perduren menos, de manera que podamos escucharlas sin dejarnos arrastrar por ellas. Y es que, de hacerlo, estaríamos actuando irracionalmente, motivados por las pasiones, yendo en contra de nuestro bienestar futuro y el del grupo.

Con esas areté y apatheia, que se han traducido a veces como “virtud” y “ecuanimidad”, logramos (y aquí van tres palabrejos más) “ataraxia”, “prosoche” y “eudaimonia” (toma ya). Ataraxia significaría paz mental, una mente libre de perturbaciones. Prosoche significaría atención plena en el presente, estar haciendo lo que estás haciendo, no anclarse en algo malo que pasó ni preocuparse por algo malo que pueda pasar. Estar en el aquí y el ahora el máximo tiempo posible. Ataraxia, esa serenidad, y prosoche, esa atención plena, nos darían, por tanto, una mente “enfocada pero serena”, que es justamente el estado mental con que podemos explotar todo nuestro potencial. (Personalmente, para visualizar cómo puede ser esa mente enfocada pero serena, tengo una imagen grabada a fuego en mis retinas, que creo que la representa fielmente: JJOO de Londres 2012, final de la prueba de 800m masculina, entre quienes figuran en la línea de salida, David Rudisha, un masái de metro 90 y con espaldas anchas como un armario, se dispone a marcar lo que sigue siendo récord en la distancia, en 1min 40segs 91centésimas; su cara antes del pistoletazo de salida, la manera como mira hacia la pista fijamente pero sin fruncir el ceño, activado pero no tenso, refleja a la perfección esa mente enfocada pero serena.) Por último, una mente enfocada, que demuestra prosoche, y serena, demostrando ataraxia, nos proporciona finalmente la eudaimonia, que podría corresponderse con “plenitud” o “autorrealización.”

Bien, pues, hasta aquí, hemos repasado los conceptos principales que dan cuerpo a la ética estoica, la guía de cómo vivir una buena vida. Para vivir bien, debemos actuar racionalmente. Esto, a su vez, consiste en actuar, por un lado, con virtud, o sea, haciendo lo que es bueno para nosotros y para los demás, y, por otro lado, con ecuanimidad, es decir, sin sucumbir a las pasiones, que siempre se van a producir, esa ira, ansiedad, desánimo, pero que no deben arrastrarnos. Esa virtud y ecuanimidad nos van a proporcionar paz mental y foco en el presente. Y esa mente enfocada pero serena es la que nos permite dar lo mejor de nosotros en lo que estemos haciendo y, eventualmente, alcanzar la plenitud o autorrealización.

Hagamos dos puntualizaciones para acabar de entender la ética estoica. Primero, como acabamos de ver, la persona estoica hace lo que está bien, porque así es como debe actuar, en consonancia con nuestra naturaleza racional y social. No actúa, por tanto, con la ambición de obtener cosas materiales, como fama, dinero, poder o belleza. El premio de actuar bien es actuar bien. Ahora, dicho esto, los estoicos no despreciaban esos beneficios. Pero, los consideraban “indiferentes preferidos”. Es decir, no buscaban fama, dinero, poder, belleza, pero, si vienen, bienvenidos sean. Otro matiz necesario es que la filosofía estoica no es un fin sino un camino, una práctica constante. Es decir, no se trata de aprender sus principios de manera declarativa, o sea, que se los puedas explicar a otra persona. Tampoco se espera que los apliques con un dominio absoluto, eso es un ideal. De lo que se trata es de practicar cada día y de hacerlo cada vez un poquito mejor, pero sabiendo que nunca se llega a ser estoico al 100%. En realidad, es como entrenar: has de ejercitarte cada día para mejorar tu forma física; y, si dejas de entrenar, pierdes la forma.

Ah, y una curiosidad antes de cerrar el apartado. Se llama estoicismo porque nació en las estoas de la Grecia clásica. Una estoa es una columnata, un espacio techado y rodeado de columnas.

¿POR QUÉ ESTÁ DE MODA EL ESTOICISMO?

Caben varias explicaciones y, seguramente, no sea una sola la correcta sino la combinación de todas ellas la que dé cuenta de la popularidad actual del estoicismo. Veamos qué factores contribuyen al boom actual del estoicismo.

Una razón que puede explicar el boom en cuestión es el declive de la religión. Las religiones son también filosofías, con sus correspondientes dos facetas: el concepto del mundo y la ética que te dice cómo vivir, cómo comportarte en el mundo. Sin una religión o filosofía, por tanto, vives sumido en la incertidumbre, con la ansiedad que eso genera: no sabes por qué estás aquí ni qué camino seguir. Pero la religión está en declive, al menos, la cristiana católica en España (aunque me atrevo a aventurar que no es un fenómeno aislado). Según encuestas del CIS (centro de investigaciones sociológicas), de un 91% de la población que se declaraba creyente en 1978, hemos pasado a un 55% hoy. Si nos ceñimos a la población joven, de entre 18 y 24 años, el porcentaje de creyentes baja hasta el 28%. Del mismo modo, si en 1978 sólo un 7% de la población se declaraba atea, hoy es el 39%. Ante ese -digamos- ateísmo generalizado, pero esa necesidad humana de encontrar un sentido a la vida, filosofías que no apelen a deidades resultan más atractivas. El estoicismo vendría a rellenar ese vacío.

Otra razón del éxito del estoicismo es su practicidad, que luego comprobaremos cuando analicemos sus herramientas. El estoicismo da pautas 100% accionables para actuar racionalmente y para manejar las emociones destructivas. Podemos decir que su componente ético, la parte de la filosofía que dice cómo vivir, es muy clara, muy instructiva. No son pautas vagas, como “ama al prójimo como a ti mismo”, sino instrucciones directas, como “ si no estás seguro, no lo hagas; si no es verdad, no lo digas”.

Por otro lado, no es casualidad que los fundamentos del estoicismo sean muy similares al de otras filosofías como el budismo o el taoísmo. Estas filosofías defienden la compasión, la humildad, la moderación, la atención en el presente, el desapego hacia lo material, etc. Que corrientes distintas, surgidas en momentos distintos, en lugares distintos y de distintos protagonistas, converjan en una serie de principios, sugiere que esos principios tienen enjundia, esos principios han sabido identificar la naturaleza o esencia humana. Que, además, todas esas filosofías hayan superado la prueba del tiempo, lo que se conoce como efecto Lindy, refuerza aún más esta idea de que contienen mucha verdad.

Un último factor que ha podido contribuir al boom estoico de la actualidad es la labor de divulgación de personalidades influyentes. De las primeras personas que actuaron en este sentido fueron los psicoterapeutas, como Albert Ellis o Aaron Beck, que fundaron las terapias cognitivo-conductuales a mediados del siglo pasado y que son mayoritarias en la actualidad, pues han demostrado científicamente ser eficaces en el tratamiento de ansiedad, depresión, adicciones y otros trastornos mentales. Esos psicoterapeutas se apoyaron en los estoicos para configurar sus métodos terapéuticos. Más recientemente, gente como Tim Ferriss, empresario, inversor, podcaster y escritor de bestsellers, como “La semana laboral de 4h”, también han reconocido públicamente su afición por el estoicismo. Phil Jackson, entrenador del equipo de la NBA Los Ángeles Lakers durante una de sus épocas más prolíficas, escogía libros para cada uno de sus jugadores. Pau Gasol declaró que uno de los libros que recibió de Phil fue “El obstáculo es el camino”, de Ryan Holliday, que está basado en el estoicismo y que, a su vez, es también un mega-súper-ventas que ha logrado difundir el estoicismo de manera estratosférica. Personalidades de la política, el arte y el deporte han reconocido públicamente ser fans del citado libro.

En el contexto de la comunidad hispano-hablante, creo firmemente que Marcos Vázquez, de Fitness Revolucionario, ha actuado como catapulta de la filosofía estoica. Como en tantos otros temas hoy candentes, incluyendo dieta cetogénica, ayuno intermitente, regulación circadiana, la importancia del entrenamiento de la fuerza para rendimiento y salud en hombres y en mujeres, Marcos se adelantó a su tiempo también en materia de estoicismo, del que ya hablaba allá por 2015.

¿QUÉ HERRAMIENTAS ESTOICAS PUEDEN SERME ÚTILES?

Hoy hemos aprendido que la ética estoica nos anima a actuar con virtud, a hacer lo correcto, y a ser ecuánimes, es decir, a no dejarnos arrastrar por las emociones destructivas. Practicar esos dos principios, eventualmente, nos dará foco, serenidad y, a la postre, autorrealización. O sea, para alcanzar la plenitud debemos hacer lo correcto y debemos dominar las pasiones. Hay cuatro herramientas estoicas para cada una de esas dos cosas. Las vemos.

¿Cómo actuar racionalmente?

Herramienta #1. Dicotomía de control. La herramienta o precepto más fundamental del estoicismo es la dicotomía de control. Consiste en identificar, en cualquier situación, lo que está bajo tu control y lo que no. Por lo general, no podemos controlar lo que nos ocurre, pero sí podemos decidir cómo interpretar eso que ocurre y cómo vamos a responder ante eso. Si la vida te da limones, haz limonada, que se dice. Una vez entendido qué está en nuestra mano y qué no, se trata de concentrar los esfuerzos en lo que depende de ti y, sencillamente, aceptar las cosas que no dependen de ti; lamentarse por esto te roba energías que podrías emplear en lo primero. Un ejemplo muy obvio. En una carrera, no puedes controlar el puesto que logras, porque eso depende de los rivales, tampoco puedes controlar el ritmo, porque eso depende de la orografía y las condiciones del terreno, pero sí puedes mantener una intensidad, en términos de FC, que te hayas marcado. Más concretamente, en una prueba larga querrás estar en Z2 e ir progresando a Z3, no querrás ponerte en Z4 a la primera de cambio; en una carrera corta sí puedes proponerte estar en Z4 la segunda mitad o incluso toda la carrera.

Herramienta #2. Sabio estoico. Esta herramienta consiste primeramente en identificar una persona que admires y que consideres modélica, es decir, alguien a quien te gustaría parecerte. Para mí, por ejemplo, Félix Rodríguez de la Fuente, que fue un naturalista y fantástico divulgador de la vida animal, con un conocimiento profundo de la biología, una capacidad comunicativa brutal y un fuerte activismo ecologista, es todo un referente. Bien, esa persona, sea quien sea para ti, va a ser tu sabio estoico. Cada vez que vayas a hacer algo te preguntarás ¿qué haría mi sabio estoico en esta situación? O ¿qué pensaría mi sabio estoico de esto que estoy haciendo?

Herramienta #3. Enchiridion: máximas a la vista. “Enchiridion” es el nombre del manual que recoge las enseñanzas que el estoico Epicteto difundía en sus discursos. La cosa es que está redactado en forma de sencillos preceptos, como si fueran las instrucciones de una receta de cocina. Ejemplos: “En cualquier empresa, antes de actuar, considera las consecuencias”; “El insulto no está en quien injuria, sino en el que toma esa injuria como ofensa”; “Cuando hagas algo que, según tu mejor criterio, debe ser hecho, nunca tengas vergüenza de que te vean haciéndolo, aun cuando todo el mundo pueda formarse una idea equivocada de lo que haces”. Construir tu propio Enchiridion consiste en elegir máximas o preceptos que te inspiren y hacerlos visibles de algún modo, para tenerlos presentes; por ejemplo, en el salvapantallas del ordenador o del móvil o en post-it que pegar por todas partes.

Herramienta #4. Diario. Otra práctica estoica es hacerse tres preguntas cada día al terminar la jornada: qué hice bien, qué hice mal y cómo podría haberlo hecho mejor. Eso, claro está, ayuda a ser más consciente de tu comportamiento y, mantenido en el tiempo, facilita que actúes cada vez menos impulsivamente y más racionalmente.

¿Cómo manejar las emociones destructivas?

Herramienta #5. Premeditatio malorum. Es habitual, por no decir mandatorio, que aparezcan dificultades en cualquier actividad que emprendamos. Esas dificultades van a provocar las consabidas emociones negativas, como ansiedad, ira o tristeza. Esas emociones, ya dijimos, tienen que aparecer, porque nos dan información, pero no deben arrastrarnos. Con esta herramienta, como sugiere su nombre, lo que hacemos es anticipar las cosas malas que puedan pasar, para que, cuando pasen finalmente, estemos preparados. Por ejemplo, si en la carrera que vas a correr hay una subida empinada, después haber salvado ya 1400m+, como pasa en la cuesta Sancti Spiritu de la Zegama-Aizkorri, pues ya puedes anticipar que va a doler. Cuando estés, de hecho, en plena Sancti Spiritu, no te sorprenderá lo que cuesta la famosa rampa. (Por cierto, pronto saldrá un episodio explicando todo sobre la emblemática Zegama.)

Herramienta #6. Incomodidad voluntaria. Si con cierta frecuencia prescindes de ciertas comodidades, cuando las circunstancias se tuerzan, te habrás entrenado para soportarlas. Por ejemplo, si acabas la ducha con un par de minutos de agua fría, el viento que sopla en las cumbres de una carrera por montaña será menos severo. O, si haces entrenos largos en ayunas, la espera hasta el próximo avituallamiento en una carrera se hará menos eterna. En fin, afrontar situaciones incómodas voluntariamente, de vez en cuando, hará que las emociones negativas, que resultan de adversidades que no puedes controlar, sean menos intensas y más fáciles de manejar. ¿Hace frío? ¿Tengo hambre? Bueno, no es para tanto.

Herramienta #7. Vista desde arriba. Esta práctica te anima a tomar perspectiva cuando algo malo te ocurra. Te anima a preguntarte: este pequeño contratiempo, ¿qué significa en mi vida? ¿Me acordaré de esto mañana, en una semana, en 10 años? O, más todavía, ¿qué significa esto en el conjunto del universo? ¿Es de veras tan horrible este atasco que he pillado en la carretera, que se me haya enfriado la sopa, que se me haya olvidado el móvil en casa o que se haya caído Internet? ¿Crees que eso es peor que lo que padecen quienes viven, ahora mismo, en Bajmut, Ucrania, blanco de los incesantes proyectiles rusos?

Herramienta #8. Gratitud y memento mori. Nuestro cerebro ha evolucionado para garantizar nuestra supervivencia, de ahí que nuestra mente se enfoque preferentemente hacia lo negativo, a lo que falta. Eso nos hace obviar las muchas cosas buenas que tenemos. Con la gratitud hacemos un esfuerzo consciente, cada día, para identificar las tres o cuatro cosas buenas que hemos disfrutado hoy. Esto se puede incorporar al diario que antes vimos. “Agradezco haber salido al monte a rodar”, “agradezco no tener molestias ni lesiones”, “agradezco el café que tomé con mi madre”, “agradezco que mi madre aún conserve la salud física y cognitiva”. Cosas así. Otra práctica estoica que sirve para orientarnos hacia lo positivo, en lugar de a lo negativo, es el memento mori. Significa recordarnos que vamos a morir. Si por un momento te concentras en esa idea, en que un día no tendrás nada de lo que tienes ahora, porque estarás muerto, en este preciso instante, de repente, todo adquiere un valor supremo: la luz del sol, el canto de los pájaros, el olor a hierba húmeda, poder caminar y desplazarte por tus propios medios…

CONCLUSIÓN

Han pasado dos mil años desde que aquellos hombres con túnica y barba divulgasen estas ideas bajo la estoa. Y, si personalidades de la política, el arte, el deporte y la ciencia las han adoptado, es por el enorme sentido común que encierran. Nos enseñan a vivir una buena vida, a actuar haciendo lo que es bueno para mí y para los demás. Y es que tenemos la capacidad de discernir lo que conviene de lo que es perjudicial y tenemos la capacidad de tomar distancia de nuestras emociones. Pero es una capacidad que tenemos dormida y que debemos entrenar. Y, para entrenarla, hacen falta pautas claras, herramientas, como la dicotomía de control, el sabio estoico, el premeditatio malorum, la incomodidad voluntaria o el memento mori. El estoicismo no sólo da un sentido a nuestra vida, sino que lo hace con orientaciones precisas y sin necesidad de apelar a una deidad, algo que encaja poco en la sociedad actual, según las encuestas.

Ya has visto que, para practicar el estoicismo, no hace falta levantarse a las 5am, pegarse una ducha fría, desconectar las redes sociales y hacer tres WODs de CrossFit en ayunas. Si haces eso, desde luego, demostrarás una gran capacidad de sufrimiento, pero de eso no va el estoicismo. Podrías hacer eso y, sin embargo, perder la paciencia ante el menor contratiempo o ser egoísta o rencoroso; cosas poco estoicas. Estoicismo es areté, apatheia, ataraxia, prosoche, eudaimonia. Traducido: virtud, ecuanimidad, mente enfocada y serena, plenitud.

Corresendas, espero que hayas disfrutado y aprendido a partes iguales. Si fue así, me ayudas a seguir creando contenido de las siguientes maneras: suscríbete al podcast en la plataforma que uses, deja una valoración en Spotify o Apple Podcast, deja un comentario en iVoox o Spotify, comparte el episodio o sígueme en Instagram, en la cuenta “correr por senderos”, todo junto, donde publico píldoras sobre trail running a diario en Stories.

Nos encontramos aquí en siete días, si no antes por el monte. Hala, a pisar sendas (manteniendo una mente enfocada pero serena).

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