Episodio 56. “Durabilidad”, la resistencia a la fatiga. Rendir hasta el último metro de carrera
Autor: Héctor García Rodicio https://www.instagram.com/correrporsenderos/
Gana quien llega primero a la meta, no quien llega líder a
los puntos de control. No hay más tutía. En una carrera de trail, lo habitual
es que esos puntos de control sean las diferentes cumbres, que se van coronando
hasta completar el circuito o travesía, que constituye el recorrido. Pero,
insisto, para ganar, importa poco coronar primero tal o cual de esos picos;
para ganar, hay que hacer tooodo el recorrido más rápido que los demás. Lo que
importa en competición, por tanto, es ser capaz de resistir la fatiga y hacer
las últimas subidas y bajadas con la misma frescura que las primeras. Y es que
lo hemos visto muchas veces; en Zegama, por ejemplo. Hemos visto a cierto chico
y a cierta chica hollar Aizkorri en primer lugar, que luego no gana la carrera
y hasta se queda fuera del podio. Y lo contrario: alguien que hace cumbre en
Aizkorri fuera del top 5 o top 10 y luego sorprende con podio o hasta con
txapela. (Y, aquí, se puede citar el caso de Merillas en 2023, sin ir más lejos.)
En fin, en trail, igual que en ciclismo, la clave es la consistencia: ser capaz
de subir y bajar bien el primer puerto o pico, el segundo, el tercero y todos
los que haya hasta la meta. La clave es lo que se conoce técnicamente como
“durabilidad”, la capacidad para realizar esfuerzos tras fatiga.
Y, si no estás disputando el podio, pero sí quieres disfrutar
de tu carrera y no ir pidiendo la hora desde el kilómetro 5, también necesitas
durabilidad. Yo creo que, con independencia de la ambición competitiva que
tengamos, todo el mundo buscamos hacer y acabar la carrera con buenas
sensaciones. Bien, pues para eso debemos ser capaces de realizar esfuerzos en
estado de fatiga, debemos ser durables. Porque el monte no es un 1500 ni mucho
menos un sprint de 100 metros. Correr por el monte es subir, bajar, volver a
subir, volver a bajar y repetir este ciclo hasta la última chincheta, esa que
apenas se percibía en el perfil, y que se presenta, de repente, cuando llevas
ya 25k y 1500m positivos y negativos en las patas, y que, entonces, supone todo
un desafío a tu capacidad de resistencia.
En el presente episodio vamos a hablar del concepto de
durabilidad, la resistencia a la fatiga tan importante en carreras de trail;
donde se suceden, cuando menos, media docena de ciclos de subida y bajada, en
el caso de la corta distancia, o incontables sube-y-bajas, en el caso de la
ultra. Abordaremos tres apartados. Primero, ¿qué es exactamente la durabilidad?
Segundo, ¿por qué es importante desarrollar la durabilidad? Tercero y lo más
jugoso, ¿cómo puedo desarrollar mi durabilidad?
Como es marca de la casa, nos vamos a apoyar en la ciencia
más reciente. En este caso, en estudios de 2022 y 2023 realizados con ciclistas
profesionales, pero que son perfectamente extrapolables al trail y a la masa de
populares. También hay un estudio de 2020, que analizó 13.829 actuaciones de
corredores y corredoras en el Ultra Trail du Mont-Blanc, realizadas entre los años
2008 y 2019, que nos va a dar más claves sobre la cuestión central de hoy.
Venga, que lo que tiene que durar mucho es nuestro motor en carrera, no el episodio. Sin más dilación, vamos al turrón.
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¿QUÉ ES LA DURABILIDAD?
La durabilidad es, en palabras llanas, tener fondo, y, en
términos más precisos, tener capacidad para realizar esfuerzos tras fatiga. O
sea, es la capacidad para hacer esfuerzos, con la carrera avanzada, al nivel lo
más parecido posible a los realizados al inicio de la misma. Veámoslo con un
ejemplo, que es como mejor se comprenden las cosas. Tomemos el recorrido de
distancia maratón del pasado mundial de trail y montaña de Austria. Grosso
modo, implicó tres grandes subidas. Una primera, de 600m positivos en unos 4
kilómetros, una segunda, de 1200 positivos en 7 kilómetros, y una tercera, de
800 positivos en 8 kilómetros. Si en la primera llevaste un ritmo de ascenso de
1KV/hora (y, entonces, esos 600 positivos te tomaron 35 minutos), en la segunda
y en la tercera, idealmente, deberías mantener ese ritmo de ascenso de 1KV/hora
o lo más cercano posible (de modo que la última subida, la de 800 positivos, te
llevaría unos 50 minutos). En fin, como se ve, tener durabilidad es poder
realizar esfuerzos repetidos con la misma frescura en los últimos, respecto a
los primeros; o, al menos, con una frescura lo más cercana posible a la
inicial. Mayor durabilidad, pues, equivale a menor deterioro en la calidad con
que realizamos los esfuerzos sucesivos.
De hecho, la manera como se mide esto en laboratorio es calculando
ese deterioro. Lo explico. Voy a hablar de ciclistas, porque es donde más se ha
estudiado, pero es fácil imaginarse cómo se traduciría al trail. En los
estudios se coge un grupo de ciclistas. Se les pide hacer esfuerzos de
distintas duraciones (2, 5, 12, 30 minutos) a la máxima potencia y se calcula
la potencia media durante esos esfuerzos. Luego se les pone a pedalear a una
potencia razonable, según su umbral, durante dos horas, para acumular 1000 o 2000kJ
(que es la unidad como se mide el trabajo generado). Pasado ese bloque de
esfuerzo, se les repiten los tests de 2, 5, 12 y 30 minutos y se ve cuánto se
han deteriorado las potencias medias en esos tests tras fatiga, respecto de los
iniciales, que realizaron frescos. Por fin, se calcula el porcentaje de declive
o “delta”. La gente con más durabilidad debe presentar declives (deltas)
menores. Por tanto, lo que interesa no es la potencia que llegas a alcanzar en
los esfuerzos frescos, sino cuánto de ella puedes retener tras fatiga. Aplicado
al trail, retomo el ejemplo del recorrido de Innsbruck: durabilidad sería hacer
la tercera subida tan bien, o casi, como hiciste la primera, aunque la tercera
llega tras 31k y 2000+ y los kJs que esos kilometrada te requiera producir.
¿POR QUÉ ES IMPORTANTE LA DURABILIDAD?
Ya sabemos que una carrera de trail o de ciclismo se compone
de múltiples esfuerzos sucesivos; múltiples montes que ascender, en el caso del
trail, múltiples puertos que escalar, en el caso del ciclismo. Y hemos dicho,
también, que quien gana no es quien sube más fuerte el primero, sino quien
logra mantener mejor el ritmo a lo largo de todos ellos. Del mismo modo, entre
los y las populares, quienes más disfrutan una carrera son los que mantienen
buenas sensaciones durante todo el recorrido y acaban en meta bastante enteros;
lo que es muy distinto a darlo todo en la primera subida, ir perdiendo más y
más fuelle, con el paso de las subidas y los kilómetros, y llegar a meta
arrastrándote, queriéndote morir. En fin, es muy obvio que, en pruebas que
reclaman esfuerzos repetidos, mantener la frescura es vital. Pero, ¿hay alguna
prueba más rigurosa que lo demuestre? Veamos tres hallazgos de la investigación
científica al respecto.
Hallazgo 1: la durabilidad distingue la primera y la segunda
división en ciclismo. En ciclismo hay dos categorías o (si usamos la
nomenclatura del fútbol) “divisiones”: son la categoría World Tour y la Pro Tour.
Bien, pues en un estudio de 2022, que además firman investigadores españoles,
se comparó el rendimiento de 66 ciclistas WT frente a 46 PT. Midieron su
potencia promedio en esfuerzos de entre 10 segundos y dos horas y en estado
tanto de frescura como de fatiga. Dicha fatiga se conseguía haciéndolos
pedalear hasta acumular 1000, 1500, 2000 y 2500 kJ de producción energética.
Muy grosso modo (reitero, “muy” grosso modo), esos esfuerzos podrían asimilarse
a correr 20, 40, 60 minutos a 4’30/k, suponiendo que corres el 10k a 4’/k.
Vale, pues lo que vieron es que, si bien no había diferencias relevantes, entre
WTs y PTs, en la potencia desplegada en los tests frescos, sí las había en los
tests en fatiga. El declive en la potencia fue significativamente mayor en los
PTs, respecto a WTs; más cuanto más largos eran los tests. O sea, lo que dije
hace un momento: la durabilidad, y no la potencia bruta, es lo que distingue a
los WT de los PT. Los WT aguantan más enteros después de dar cera por 2h.
Hallazgo 2: la durabilidad distingue a la élite entre la
élite. En el estudio que acabamos de ver, según sus resultados deportivos, se
puede separar al top 10 de ambas categorías, los 10 mejores WT y los 10 mejores
PT. Al hacer eso se ve que los WT apenas sufren declive en fatiga, e incluso
muestran pérdidas del 0% en ciertos esfuerzos tras ciertos niveles de fatiga
(por ejemplo, no hay delta en esfuerzos de 60’ tras fatiga de 2000 kJ). Los
élite PT, sin embargo, sí muestran deterioro; no es muy grande, pero lo hay.
Así pues, lo que dije hace un momentito: dentro de la élite, el top 10 en WT y
PT, los mejores WT lo son, porque sufren declives en fatiga cercanos a cero,
mientras que los mejores PT acusan la fatiga (poco, pero la acusan).
Hallazgo 3: con durabilidad es como se ganan las ultras de
montaña. A un grupo de investigadores se les ocurrió la siguiente idea. Meterse
en el website del Ultra Trail du Mont-Blanc y sacar todos los resultados de las
ediciones 2008 y hasta 2019, para juntar un total de 13.829 participaciones.
Hecho eso, se pusieron a jugar con los datos, para ver si había algún patrón.
Una cosa que vieron es que había correlación significativa entre regularidad y
mejores tiempos de finalización. Es decir, que quienes hacían la carrera con
más regularidad, manteniendo un ritmo parecido a lo largo de todo el recorrido,
pese al paso de los kilómetros, lograban tiempos finales mejores. Dicho de otra
manera, quien gana es quien mantiene el ritmo, no quien sale con un petardo en
el culo y explota miserablemente en el kilómetro 120 (que es la manera más
clara y sucinta de explicar lo que le pasó al bueno de Jim Walmsley en 2022… ).
Se trata de no sufrir declive, de mantener el nivel pese a la fatiga. Ser
durable.
¿CÓMO DESARROLLAR LA DURABILIDAD?
Bien, ya hemos aprendido que la durabilidad es la
resistencia a la fatiga, la capacidad para mantener la producción de potencia
intacta, o todo lo posible, en esfuerzos sucesivos. Sabemos, también, que la
durabilidad es lo que distingue a quienes ocupan los primeros puestos o,
trasladado al pelotón popular, a quienes disfrutan las carreras de principio a
fin, con buenas sensaciones en todo momento. Ahora, la cuestión es, ¿de qué
depende? Porque, si contestamos a eso, tendremos las claves para saber cómo
trabajarla. Venga, vamos al tomate: primero vemos factores determinantes, luego
pautas para trabajarlos. Hay factores estructurales y coyunturales.
Factores estructurales
Factor 1. Capacidades aeróbicas. Por episodios anteriores,
conocemos los componentes que sostienen la actividad de resistencia. Contamos
con un motor diésel, que se basa en la oxidación de ácidos grasos en la
mitocondria para correr a intensidad baja, media y media-alta. Y contamos con
un motor turbo, basado en el uso de la glucosa, que contribuye también a la
actividad de resistencia, desde intensidades medias. A mayor intensidad, mayor
participación del motor turbo. Lo bueno del motor diésel, del metabolismo
oxidativo, es que la grasa de la que se nutre es virtualmente ilimitada,
incluso en cuerpos con bajo porcentaje graso. Esto es distinto en el caso del
motor turbo, del metabolismo glucolítico, pues el glucógeno hepático y muscular
da, como mucho, para producir un 2% de la energía que obtenemos de nuestra
grasa. Otro problema de la glucólisis es que, como resultado de la misma, se
generan dos productos: lactato e iones de hidrógeno. Acumulados en exceso
pueden llegar a impedir la contracción muscular. La ventaja, eso sí, de la glucólisis
es que ofrece la energía muy rápido, que es lo que necesitamos para esfuerzos
intensos, como un repecho, un adelantamiento o el sprint final. En virtud de
todo esto, interesa (1) que el espectro de intensidades cubiertas con el
metabolismo oxidativo sea el más amplio posible, para retrasar el momento
cuando la glucólisis empieza a ser importante, (2) que la producción energética
del metabolismo oxidativo sea lo más alta posible, es decir, que sea muy
eficiente en la obtención de energía por cada unidad de substrato, (3) que el
mecanismo glucolítico sea también lo más potente posible, es decir, que obtenga
mucha energía del uso de la glucosa, (4) que la masa mitocondrial, en la que se
basa la oxidación de substratos, sea lo más densa posible, porque es la que va
a reciclar el lactato producto de la glucólisis. En fin, muy sencillo: motor
diésel grande y potente y motor turbo potente, para generar la máxima energía total,
gracias a los dos mecanismos.
Factor 2. Economía de carrera. En el punto anterior, hemos
visto que interesa ser capaces de producir mucha energía para, así, correr
mucho. Si, además, correr a cierto ritmo nos reclama menos energía, pues
podremos correr mucho más aún. Esto depende de varios parámetros. Una es un
bajo peso corporal, a ser posible, por un bajo porcentaje graso, pero
manteniendo buena masa muscular. Lógicamente, si hay menos kilos que mover,
correr requiere menos energía. Otro factor es el mecanismo de energía elástica
potencial, el efecto muelle que realizan el arco plantar y el tendón de
Aquiles, que nos propulsa sin coste energético. A su vez, esto depende, como
sabemos por episodios anteriores, de cuán fuerte es el foot core, cuán reactiva
es la pisada y cuán depurada es la técnica de carrera, con alta cadencia,
cortos tiempos de contacto y poca oscilación vertical. Otro factor en la
economía de carrera es la fuerza muscular. También tiene toda la lógica: si en
sentadilla levantas 200kg, pues cada zancada al correr representará una
fracción muy pequeña de tu 1RM.
Factores coyunturales
Factor 3. Nutrición e hidratación. La glucólisis es el
aprovechamiento de la glucosa para producir energía. La glucosa que llevamos
encima, en forma de glucógeno, se agota rápidamente. De ocurrir, esta vía
energética quedará anulada. Esto se soluciona metiendo carbohidrato de fácil
asimilación durante la carrera, en forma de glucosa y fructosa, a razón de
90g/hora y en ratio 2:1 (como ya aprendimos en el episodio 42). Así pues, según
contemos o no con carbohidrato exógeno, podremos tirar o no del metabolismo
glucolítico y, en consecuencia, resistir mejor o peor la fatiga. Lo mismo con
la hidratación. Durante el correr, la temperatura central del cuerpo aumenta y
nos va acercando progresivamente a una hipertermia; el cuerpo lo compensa a
través de la sudoración, lleva sangre caliente del centro a la periferia, donde
se evapora en forma de sudor. Eso baja la temperatura, sí, pero va también reduciendo
el volumen plasmático; hay menos sangre. De nuevo, el cuerpo cuenta con un
mecanismo compensatorio, que es el aumento de la frecuencia cardíaca: más
latidos para movilizar la misma cantidad de oxígeno, a falta de sangre que lo
transporte. Y, claro: eso acelera la fatiga, porque nos hace trabajar más para
un mismo ritmo. Una vez más, si contamos con líquidos, a razón de 500ml/hora
con 400mg de sodio, pues contenemos el drift cardíaco y retrasamos la fatiga.
Factor 4. Psicología. Ya estudiamos el modelo Psicobiológico
de Samuele Marcora en el episodio 44. La extenuación, o sea, la fatiga absoluta
que nos hace parar, depende, en última instancia, de nuestra cabezota. En
concreto, de cuánto sentimos que nos está costando sostener el esfuerzo y de
cuán motivados estamos para sostenerlo. Según cuánto estrés mental hayas
soportado antes y durante la carrera, mayor percepción del esfuerzo tendrás.
Según cuánto atiendas a las señales de cansancio que envía el cuerpo, mayor percepción
del esfuerzo también. Y, según lo que te estés jugando en la carrera, tendrás
mayor o menor disposición a desbloquear recursos y exprimirte un punto más.
Ideas a retener. La durabilidad depende de factores estructurales
o intrínsecos y factores coyunturales o situacionales. Los primeros son: (1)
gran capacidad para producir energía, tanto por vía oxidativa como por vía
glucolítica, y (2) economía de carrera, que correr nos demande la menor energía
posible. Si correr te reclama poca energía y, además, tu motor puede generar
muchísima, por lógica, podrás resistir y resistir corriendo, te pongan cuantas
montañas te pongan por delante. Los factores situacionales son: (1) el estado
de nutrición e hidratación y (2) percepción de esfuerzo y motivación. Una vez
más, por lógica, pudiendo rellenar depósitos, aguantarás más, y, si no hay
opción de avituallamiento, la fatiga llegará antes. Y, si porque has tenido
mucha ansiedad pre-competitiva o intra-competición, porque estás preocupado
todo el rato, por lo que están haciendo tus rivales, o porque estás súper
sensible a las señales de cansancio y de discomfort, que te va enviando el
cuerpo, tendrás mayor percepción de esfuerzo y la fatiga llegará antes. Por
fin, tu motivación por continuar a buen ritmo, pese a la fatiga, también
marcará cuánto lograrás resistirla. Con esto ya sabemos qué debemos trabajar:
motor diésel, motor turbo, economía de carrera, estrategia nutricional y mentalidad.
Lo vemos enseguida.
Pautas
Pauta 1. Base aeróbica. Uno de los factores de la
durabilidad era contar con un buen motor diésel o capacidad oxidativa. Esto se
consigue acumulando volumen en Z2 (según un modelo de cinco zonas). Para
entendernos, acumular mucho tiempo a baja intensidad. Como hablamos de horas y
horas, seguramente, esto va a requerir entrenamiento cruzado: bicicleta, esquí
de fondo o natación; dado que el correr es una actividad de impacto y con mucho
riesgo de lesión. Haciendo tiradas suaves muy largas incrementamos la masa
mitocondrial, el número de unidades de producción de energía, y la
infraestructura mitocondrial, los vasos sanguíneos y enzimas que participan en
su función. Con este trabajo en Z2 aumentamos también el transportador MCT-1,
que es el que lleva el lactato, producido en las fibras rápidas por la
glucólisis, a la mitocondria de las fibras lentas, que lo reciclarán para
producir energía.
Pauta 2. Alta intensidad. La alta intensidad es necesaria
para desarrollar el otro motor, el motor turbo. Se trata de que, cuando activemos
la glucólisis, ésta pueda entregar toda la potencia posible. Estimular la vía
glucolítica, además, aumenta el transportador MCT-4, que es el que saca el
lactato de las fibras rápidas. La alta intensidad, por fin, sirve también para
eliminar las mitocondrias menos funcionales, lo que contribuye a que el otro
motor, el diésel, sea más eficiente. Alta intensidad se traduce en series,
intervalos y fartleks en zonas 4 y 5.
Pauta 3. Fuerza. Lo dijimos antes: si puedes levantar mucho
peso en sentadilla o en subidas al cajón a una pierna, cada zancada al correr
representará una fracción menor de esa fuerza máxima que tienes. Correr, por
tanto, costará menos. Para trabajar la fuerza hay que saber tres principios.
Uno, has de elegir ejercicios básicos: peso muerto, sentadilla, desplantes.
Dos, haz pocas repeticiones y con mucho peso. Tres, haz esas repeticiones a la
mayor velocidad de ejecución; cuando dicha velocidad descienda, termina la
serie. Confieso que no soy muy amigo del gimnasio, por distintos motivos. El principal:
que es poco práctico. Quizás te ocurra lo mismo. Si es el caso, planteo tres
alternativas. Una es entrenar en casa con barra y discos, que los puedes
encontrar bien baratos. Yo tengo barra y discos del Decathlon (puedes comprar
los que te apetezca, ya sabes que no cobro ni recibo nada de ninguna marca;
simplemente cuento mi caso). La barra no llega a tener dimensiones ni peso
olímpicos, pero qué más da. Por poco dinero, si quieres, puedes juntar discos
suficientes para sumar 1,8 veces tu peso corporal, lo que representa ya un
deadlift pesado de verdad. Si pesas 65kg, levantar 120 del suelo está muy bien
como 1RM. Pero, para tus entrenos habituales, bastaría emplear porcentajes
menores de tu 1RM. El rack (la estructura donde se coloca la barra en alto para
hacer back squat) es caro y aparatoso. Por eso yo no tengo. Pero, claro, sin él
no puedes hacer sentadillas. No obstante, por lo que he podido averiguar, a
través de los estudios, cualquiera de estos dos ejercicios es útil para ganar
fuerza en el cuerpo inferior, que, además, se transfiere igualmente al salto,
el sprint o la carrera. Otra alternativa al gimnasio y, en este caso, a la
barra, es hacer sprints en cuesta muy empinada. Hablo de sprints de 10-12
segundos o, incluso, inferiores a 10 segundos. En ese caso estás trabajando la
fuerza del cuerpo inferior y, además, de forma específica. Por fin, subir
escaleras con una mochila bien cargada es también trabajo de fuerza.
Pauta 4. Técnica de carrera. Una técnica de carrera limpia
implica que toda la energía invertida se traduce en movimiento efectivo y que no
se pierde ninguna. Ya dedicamos un episodio entero a la técnica de carrera, así
que no quiero extenderme mucho sobre ello y te remito al episodio en cuestión
para ampliar. Pero, en esencia, correr con buena técnica es caer sobre el
centro de masas, tener tiempos de contacto con el suelo mínimos, tener la
mínima oscilación vertical y llevar los talones al glúteo, haciendo un buen
recobro.
Pauta 5. Entrenar en ayunas y entrenar el sistema digestivo.
Respecto a las ayunas, no quiero ser reiterativo, pero también hay un episodio
al respecto. Allí explicamos que, saliendo a correr en ayunas y sin recarga de
glucógeno el día anterior, puedes mejorar tu capacidad oxidativa. Esto ocurre
porque le has cortado el grifo a la vía glucolítica y, por narices, el cuerpo
tirará de grasas para abastecer la actividad de correr. Por supuesto, tendrá
que ser un correr a intensidad controlada, si no quieres petar por el camino…
Respecto al entrenamiento del sistema digestivo, también hubo episodio donde lo
tratamos, cuando hablamos de carbohidratos. Si en carrera quieres maximizar la
producción de energía, para lo cual has de poner los dos motores a trabajar a
full, tendrás que ir reponiendo glucógeno a buen ritmo. Tolerar 90 o incluso 60
gramos de carbos/hora no se logra de la noche a la mañana.
Pauta 6. Estrategias psicológicas. Vuelvo a decirlo: ya hay episodio dedicado en exclusiva a esto, cuando hablamos del modelo Psicobiológico de la fatiga. Recuerdo que allí hablamos de la cafeína, para reducir la percepción de esfuerzo, de auto-diálogo, para darnos ánimos y eliminar pensamientos negativos durante la carrera, y de establecer mini-objetivos, para percibir que lo que tenemos por delante es perfectamente factible y no desesperar, anticipando tooodo lo que nos queda en realidad.
CONCLUSIÓN
Correr por la montaña es una actividad de resistencia. En
realidad, toda carrera por encima del 400 ya es resistencia. Pero, claro, si la
prueba se va por encima de las 2h y, además, implica esfuerzos fuertes
repetidos, como los necesarios para afrontar una subida y otra y otra y otra
más, entonces la durabilidad se torna fundamental. Hace falta subir fuerte de
la primera a la última cumbre o, al menos, que tu capacidad de trabajo no se
deteriore sensiblemente. Y es que, teniendo eso, esa resistencia a la fatiga,
es como se ganan las pruebas de ciclismo, los ultra trails en montaña o,
traducido a la masa de runners popular, con durabilidad es como se disfrutan y
no se sufren las carreras, porque las haces con buenas sensaciones de principio
a fin, hasta el último metro. Es eso de llegar a meta y sentir que podrías
hacer otros tantos kilómetros más. Vale, y ¿cómo se mejora nuestra durabilidad?
Pues, como hemos aprendido hoy, trabajando sus pilares: las capacidades
aeróbicas, el motor oxidativo y el glucolítico, la fuerza, la técnica de
carrera y las estrategias nutricionales y mentales. Como de costumbre, otra
retahíla de cosas a mejorar y el consiguiente curro que cargarse al lomo. Sí,
pero es que ese curro implica en buena medida correr, que es lo que nos gusta,
y correr, además, para luego disfrutar más las carreras que corremos, que tanto
nos gustan también. Que todos los curros sean como éste…
Corresendas, espero que hayas aprendido y disfrutado a
partes iguales. Si fue así, me ayudas a seguir creando y publicando contenido,
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Nos encontramos aquí en siete días, si no antes por el
monte. Hala, a pisar sendas (y a subir y bajar montañas sin notar un ápice la
fatiga).
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