Episodio 57. ¿Entrenador o auto-entrenarse? Pros y contras de cada opción para élites y populares

Autor: Héctor García Rodicio https://www.instagram.com/correrporsenderos/

La pregunta ya está sobre el tapete: ¿entrenador o auto-entrenarse? ¿Tener a alguien que nos paute el entrenamiento o ir a tu aire y diseñar tus entrenos como buenamente puedas o, directamente, como te pida el cuerpo? Esta cuestión nos afecta a todas las personas que corremos por afición. Pero, es interesante que, también, deben enfrentarla quienes corren como profesión. Aún a riesgo de hacer spoiler y arruinar las audiencias del episodio, anticipo ya que, globalmente, contratar un entrenador que nos paute los entrenamientos es mejor que entrenar por tu cuenta y riesgo, es así; sin embargo, hacer esto último, ir a nuestra bola, tiene también algunos puntos a favor. De hecho, y como también comprobaremos en el episodio, son muchos y muchas atletas élite que se auto-entrenan. Y no son precisamente atletas del montón: estamos hablando, nada menos, que de Manu Merillas, Oihana Kortázar, Zaid Ait Malek, Miguel Heras o, incluso, Kilian Jornet, Mathieu Blanchard o Courtney Dauwalter. Sí, sí, sé lo que estáis pensando: esos y esas runners están hechos de otra pasta, tienen un talento por el que el resto de mortales mataríamos -valga la redundancia-. Que esos seres supra-humanos funcionen tan bien sin entrenador no implica que, para el resto de simples mortales, el asesoramiento de un profesional de las ciencias del deporte sea un gasto inútil, ni mucho menos. Y es que, si somos justos, hay que señalar, también, a esos y esas fuera de serie que sí cuentan con entrenador: Pau Capell, Andreu Simón, Sheila Avilés, Sara Alonso, Azara García, Núria Gil, Oriol Cardona, Aritz Egea, Alex García Carrillo, Júlia Font, Ricardo Cherta…

Como adelanté, hoy veremos que, en conjunto, es mejor contar con entrenador que auto-entrenarse. Pero eso no quita que auto-entrenarse tenga también algunas ventajas interesantes. Hoy vamos a recopilar los pros y contras de ambas opciones para poner cada una en su sitio. (Espero que no se me enfaden otros podcasters que, además de crear contenido, ofrecen entrenamiento online, como Rubén Espinosa, Xim Escanellas, Marc Banyuls o Sergio Sánchez… ) Y ya puestos, puestos a hablar de entrenamiento y auto-entrenamiento, echaremos un vistazo a la manera como la élite enfoca esta cuestión: la creme de la creme en trail, ¿tiene entrenador o se auto-entrena? Contestando esta pregunta, de rebote, podremos poner, por fin, nombre y cara a los artistas (porque ser entrenador es más un arte que una ciencia) detrás del rendimiento de los y las trail runners nacionales, que tantos éxitos cosechan: es de justicia reconocer el trabajo de Rafa Flores, Andres Arroyo, Borja Rubio, Arcadi Margarit, Jose Manuel Granadero o Nacho Martínez. Seguro que estos nombres no te sonaban, pero, como digo, son las cabezas pensantes detrás de lo que logran los y las élite a quienes seguimos en Instagram y quienes ocupan los titulares de la prensa especializada.

Venga, definamos la tabla de contenidos de hoy. Primer apartado: ¿qué ventajas tiene contratar un entrenador? Segundo: ¿qué cosas buenas puede tener auto-entrenarse? Tercero: ¿cómo lo hacen los y las mejores y quiénes son los entrenadores de quienes se decantan por esta opción? Sin más dilación, vamos al turrón.

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¿QUÉ VENTAJAS TIENE CONTRATAR UN ENTRENADOR?

Ya he adelantado hace un momento la solución al debate de hoy: contar con los servicios de un entrenador es mejor que auto-entrenarse. Lo es por las ventajas que la primera opción nos proporciona. Bien, y ¿cuáles son esas ventajas? En mi opinión, son cuatro: planificación, control de la carga, rendición de cuentas, apoyo moral y material. Veámoslas una por una.

Ventaja 1. Planificación

Si te auto-entrenas y, salvo que tengas formación oficial o autodidacta en ciencias del deporte, es muy probable que hagas los entrenos sin objetivos concretos. O que hagas sesiones con un objetivo, sí, pero no encajado dentro de una estructura. Si aplicas este sistema random, por consiguiente, o bien sales cada día a correr, sin más, o bien, los objetivos de la sesión son muy vagos y no siguen una secuencia lógica; son objetivos del tipo “hoy voy a ir tranqui” u “hoy me voy a apretar un poco, para quitar carbonilla” u “hoy voy a hacer tirada un poco más larga, que necesito kilómetros para mi próxima ultra”. Idealmente (y como sabemos por el Ep 37), las sesiones han de organizarse en micro-ciclos y éstos, en meso-ciclos, según las carreras objetivo de la temporada o macro-ciclo. En esos meso-ciclos, que son bloques de 6-8 semanas, vamos trabajando capacidades concretas, como la resistencia aeróbica, la potencia aeróbica, el umbral de lactato o la técnica en bajadas. El entrenador sabe el tipo de intensidades, duraciones y descansos entre series e intervalos que sirven para desarrollar esas capacidades. Sabe también el número de sesiones o volumen necesario para desarrollar las adaptaciones correspondientes y el tiempo que dichas adaptaciones duran y las posibles interferencias que hay entre ciertas adaptaciones. Por último, sabe también cuáles de esas capacidades son más o menos importantes para tu o tus carreras objetivo. El entrenador pone todas esas variables en una ecuación y obtiene una planificación, un esquema que dice qué hacer cada día y a lo largo de la semana y meses hasta la competición. En fin, sin entrenador, sales a correr por correr o aplicas un esquema rígido, siempre constante a lo largo de toda la temporada, de tipo: lunes rodaje, martes series, miércoles rodaje, jueves fartlek, sábado tirada larga. Sin dirección, por lógica, no llegarás a ninguna parte.

Ventaja 2. Control de la carga

Las adaptaciones al entrenamiento se producen, no cuando entrenamos, sino cuando descansamos. Un buen entrenamiento es el que logra un perfecto equilibrio entre carga y recuperación. Tal equilibrio debe darse intra- e inter- meso-ciclos. Dicho en lenguaje más llano, si haces una sesión muy dura un día, el día siguiente debe ser de descanso total o de actividad muy ligera, como paseo en bici; y, si has tenido varias semanas de carga seguidas, semanas donde se va aumentando el volumen y/o la intensidad, tendrás que hacer una semana de descarga. Insisto, es en el descanso cuando el cuerpo desarrolla las adaptaciones. Sin espacio para la recuperación, no permites que el organismo se reponga del estrés y se haga más fuerte. Sin espacio para la recuperación, el cuerpo está en estado reactivo, no adaptativo. Un ejemplo para entender esta diferencia: ante una sesión intensa, el corazón reacciona de forma aguda aumentando ritmo cardíaco, pero es con periodos donde hay múltiples sesiones intensas, con su tiempo de recuperación correspondiente, como el corazón logra adaptarse y aumentar el gasto cardíaco (la cantidad de sangre que bombea en cada latido). Un exceso de carga mantiene al organismo en estado reactivo permanente, lo que deviene en sobre-entrenamiento, lesión o enfermedad. Otro riesgo de no administrar bien las cargas es quedar atrapado en la zona gris: ir más fuerte de lo que toca en rodajes y más flojo de lo que toca, los días de calidad. De ese modo, ni desarrollamos la base aeróbica, ni desarrollamos la potencia.

La cuestión es que, para controlar la carga, hay que hacer dos cosas: primero, planificarla, y, aparte, monitorizar cómo el cuerpo responde a la misma. El entrenador va a programar días de descanso tras sesiones duras y semanas de descarga tras varias seguidas de carga y, además, va a ir comprobando que ese programa se cumple. Es decir, sobre el papel, un día de descanso tras una sesión de cinco series en cuesta de 12’, por decir algo, ha de ser suficiente, pero, quizás, tu cuerpo no refleja eso. El entrenador te va a consultar qué pulso tienes al despertar o cuál es tu HRV y cómo estás de ánimo, si te apetece salir a entrenar o no, o cómo te sentiste durante esas series o si tienes agujetas o dolores. El entrenador también mirará si, en esas series, hubo o no declive de la primera a la quinta. En fin, el entrenador programa las cargas y hace, además, un seguimiento preciso de si las estás o no asimilando. Sin entrenador, corremos el riesgo (1) de no atender a todos estos parámetros y señales y (2) de atenderlos, pero no juzgarlos con la cabeza fría. Y, reitero: carga excesiva igual a estancamiento, burnout o lesión.

Ventaja 3. Rendición de cuentas

Otro plus de contratar los servicios de un entrenador es que tienes a alguien pendiente de si sales o no a entrenar y si, cuando sales, haces o no lo que toca, o sea, debes rendir cuentas ante otra persona. No hay presión del tipo “pistola en la cabeza” por hacer los entrenos, pero sí un compromiso. En fin, es un punto extra de motivación: si no sales por ti, sal por ese tío que se ha exprimido las neuronas por diseñar algo que te conviene y que encaja en tus gustos, esa sesión divertida, con cambios de ritmo, donde trabajas resistencia a la fatiga, o con escaleras y multi-saltos, donde trabajas fuerza sin enterarte. Esos días que no apetece salir, sales por no defraudarle. Si, por lo que sea, no puedes salir, repito, el entrenador no te va a aplicar pena de muerte, pero, desde luego, tú no te vas a sentir bien por haberle fallado. Por otro lado, teniendo entrenador, un incentivo más es, no ya salir a entrenar, sino clavar el entrenamiento. Por ejemplo, retomando esa sesión donde encadenábamos cinco series de 12’ en subida, el entrenador podría habernos pautado hacer todas en cierto rango de vatios o de FC; si lo hacemos exactamente así, es un placer poder mostrárselo al míster y decir “toma ya, lo clavé”.

Ventaja 4. Apoyo moral y material

Ya lo sabemos, el deporte de resistencia es duro. Es duro porque, para acumular el volumen necesario para disfrutar en carrera, hay que hacer muchos entrenos durante muchas semanas y meses; entrenos que haces a solas el 90% de las veces y, en no pocas ocasiones, bajo los rigores de la caprichosa climatología. También es duro porque, durante las carreras, la fatiga se va acumulando, sentimos discomfort que nos pide parar, pero debemos seguir apretando a pesar de él, aunque los cuádriceps echen humo. En esas carreras, aparte, pueden pasar muchas cosas, como el temido DNF o, cuando menos, no rendir al nivel esperado. En fin, el deporte de resistencia, a diferencia de los deportes de equipo, es una actividad de muy larga duración, donde puede pasar de todo (y el dolor es una de las cosas que siempre pasa), e individual: te debes chupar tú todos esos marrones. Para rematar, en el caso particular de la carrera a pie, y a diferencia del ciclismo o la natación, hay alto riesgo de lesiones, pues correr implica alto impacto repetido. Por todo esto, es normal que atravesemos episodios de apatía, ansiedad, irritabilidad, frustración... El entrenador nos ayudará a lidiar con estas emociones, pues estará más que acostumbrado a observarlas en sus deportistas. Con un mínimo de experiencia y sensibilidad, podrá, en primer lugar, escucharnos y dejarnos expresar lo que sentimos, pero, aparte, darnos las palabras de ánimo que necesitamos.

Un último plus de tener entrenador es que nos puede proporcionar apoyo, no sólo moral, sino material. ¿A qué me refiero con esto? Pues a que, si el entrenador reside en nuestra localidad o región, podría hacernos el avituallamiento en carrera o podría prestarnos material para el día de carrera, como unos bastones, o materiales de uso regular, como pesas, gomas o un foam roller, para que los probemos y estudiemos si nos interesa comprarlos. También es habitual que el entrenador pueda orientarnos en cuestiones de nutrición o fisioterapia o, cuando menos, conozca a otros profesionales de estas áreas a quienes derivarnos.

Resumen

Invertir en un entrenador nos va a ofrecer, al menos, cuatro servicios. Primero, nos hará una planificación para ir desarrollando las diferentes capacidades clave y llegar preparados a nuestras carreras objetivos, algo muy distinto a correr sin dirección, que entonces no te llevará a ningún sitio. Segundo, se asegurará de que asimilamos las cargas, chequeando un montón de parámetros que se nos escapan o que no sabemos interpretar adecuadamente, como frecuencias cardíacas en reposo o a lo largo de un entreno de series. Tercero, nos va pedir rendir cuentas, va a estar pendiente de si hacemos o no el entreno y si lo hacemos o no como toca, eso nos sirve de motivación para esos días cuando no apetece salir. Cuarto, nos va a dar apoyo moral, cuando la situación se pone dura o cuando las cosas no salieron como querías.

¿QUÉ COSAS BUENAS PUEDE TENER AUTO-ENTRENARSE?

Por lógica, si no contamos con entrenador, los cuatro servicios que hemos explicado en el apartado anterior brillarán por su ausencia. Tendrás que planificarte tú, monitorizarte tú, auto-motivarte a salir y auto-cuidarte cuando las cosas se ponen duras o no salen. De esto se deduce que auto-entrenarse es peor que tener entrenador. Ahora, dicho lo cual, creo que auto-entrenarnos nos aporta también cuatro beneficios, que, si bien no compensan la falta de un asesoramiento profesional, tienen su interés. ¿Cuáles son esos beneficios? Aprendizaje, libertad, tranquilidad, resiliencia. Analicémoslos.

Beneficio 1. Aprendizaje

Si nadie te hace la planificación, tienes la posibilidad de ir descubriendo lo que te funciona. Y ese proceso de descubrimiento es apasionante. Hasta ahí, todo bien; el problema, claro está, es que, para aprender a preparar carreras o temporadas de carreras por tu cuenta, hace falta (1) ponerle ganas, ser un poco friki, y (2) aceptar que va a haber muchos más errores que aciertos, hasta encontrar la fórmula. Si asumes esas dos circunstancias, que vas a tener que currártelo y que te vas a pegar muchas tortas, el proceso de aprendizaje puede ser de lo más divertido. Por ejemplo, puedes hacer experimentos como éstos (que conste, son cosas que yo he probado). Un experimento es ver si un esquema de bajo volumen y alta frecuencia es sostenible y si vale para preparar determinadas distancias. Lo aterrizo en números. Por mi agenda actual, me es muy difícil sacar más de 45-60 minutos de entrenamiento al día (que se quedan en 30-45 efectivos, si quitamos calentamiento y vuelta a la calma). Eso me da para hacer entre 5 y 10k por salida y con unos 250-500 positivos. Poquita cosa. Eso sí, son salidas “back to back”, día sí, día también. Lo dije: un esquema de bajo volumen pero alta frecuencia. Primera cuestión: ¿salir todos los días, sin hacer días de descanso, es sostenible? En mi experiencia, sí: al ser salidas tan cortas, el daño es pequeño y en 24h está reparado. Ahora, la pregunta más interesante: ¿salidas de ese tipo valen para preparar, por ejemplo, una media maratón con 1000m positivos y 1000 negativos? Pues, también puedo decir que sí. Con esos mini-entrenos preparé una media maratón por montaña, donde hice los tiempos que me había marcado y donde acabé entero y no “walking dead”, pudiendo salir a trotar al día siguiente.

Otro experimento es ver si series en subida cortas sirven para preparar subidas largas, que encontrarás en carrera. El pequeño monte donde entreno (al que llamo cariñosamente mi CAR, “cerro de alto rendimiento”) se puede ascender desde distintas caras. En cualquier caso, salen subidas, como mucho, de 10 minutos. ¿Qué pasa si en carrera tengo una subida de una hora? Pues, de nuevo, en mi experiencia, puedo decir que, con esos mini-entrenos, he podido después afrontar subidas de una hora sin sufrir. Subidas de 700 positivos en 9k o de 1200 positivos en 4k, por ejemplo. Eso sí, para lograr esta preparación, yo jugaba con dos cosas: recuperaciones incompletas e inclinaciones. Para asimilar lo que sientes en una subida larga mediante subidas cortas, lo que hago es hacer la subida fuerte, bajar fuerte y volver a subir y repetir esto varias veces; es decir, intento que la bajada no suponga un verdadero descanso, de manera que afronte la siguiente subida en fatiga, como ocurrirá en los tramos medios y finales de la subida larga de la carrera. Aparte, jugando con las distintas caras del cerro en cuestión, puedo contar con una subida tendida, que va ganando altura poco a poco, y otra más abrupta, con mucha inclinación, y otra más, intermedia. Intercalando estas distintas rampas, le voy dando variedad de estímulos al cuerpo, pese a que todas sean subidas de 10’.

Beneficio 2. Libertad

Para una buena preparación, hace falta planificación, ya lo hemos dicho. No vale salir a hacer lo que te apetezca ese día. Bueno, matizo: esta lógica aplica si quieres sacar tu mejor versión, si quieres maximizar tu rendimiento. Pero, si no tienes grandes aspiraciones, si no te importa estancarte y si lo único que quieres es ejercitar tu cuerpo y desconectar la mente, pues salir y hacer lo que te apetezca, seguramente, genere más adherencia en el largo plazo que seguir una planificación estricta (salvo que ese entrenador tenga una capacidad inventiva abrumadora y se le ocurran cosas nuevas y divertidas para cada sesión… ). Personalmente, me entretiene ir alternando días de rodaje, días de tempo run, días de series, días de fartlek, según lo que me pida el cuerpo ese día. Es curioso, que, pese a no seguir una estructura, cuando miro las semanas de entreno en Strava, percibo un patrón. Es decir, aunque no es intencionado, al final, la distribución de esas diferentes sesiones (rodaje, series, fartlek, tempo) se va auto-organizando. En el principio de la temporada, el rodaje es predominante; según avanza la temporada, la presencia de sesiones de intensidad es mayor. Y ésta vuelve a bajar una vez estás metido en la temporada de carreras, pues éstas son las que actúan como sesiones de calidad. En fin, no es lo óptimo en términos de rendimiento, que quede claro; pero, desde luego, tener la libertad de hacer lo que te plazca, es eso: un placer.

Beneficio 3. Tranquilidad

Si tener que rendir cuentas ante otra persona, nos servía para no apalancarnos en el sofá, y, al salir a entrenar, nos servía para intentar hacer bien el entreno, tal como está diseñado, tener que rendir cuentas también podía generar un poco de presión. Una vez más hay que decir, que lo ideal es seguir una planificación y hacer los entrenos que tocan y como tocan. Y, para eso, un poco de presión viene bien como incentivo. Pero, potencialmente, existe el riesgo de que esa presión sea grande y, a la postre, sea peor el remedio que la enfermedad. O sea, que querer no fallar al míster es bueno, si nos sirve como incentivo para salir y para esforzarnos; pero es malo, si te genera tal ansiedad, que acaba arruinando los entrenamientos y las correspondientes recuperaciones. Insisto una vez más que lo mejor, en términos de rendimiento, es tener entrenador; pero no se puede negar que, sin él, se vive más tranquilo. Un matiz es que todo esto va a depender también del tipo de personalidad que tengas. Hay personas muy autoexigentes que no necesitan rendir cuentas ante nadie, ya se presionan a sí mismas lo suficiente. Otras personas necesitarán tener al entrenador encima para funcionar.

Beneficio 4. Resiliencia

Decíamos que el entrenador nos da apoyo moral cuando las cosas se ponen difíciles o no salen como se espera. Te da palabras de ánimo, el día antes de la carrera, o algún mantra que utilizar durante la misma. Te felicita, cuando la carrera sale como se planeó, y te apoya, cuando sale rana. Te acompaña en la rehabilitación de una lesión. Por supuesto, un soporte así es más que bienvenido; si puedes contar con él, adelante. Pero, si, por lo que sea, no tienes dicho apoyo, por narices, tendrás que sacar las fuerzas de tu interior. Enfrentar entrenos duros, carreras duras, fracasos, lesiones… por tu cuenta te hace, por mera supervivencia, más fuerte de coco.

Resumen

Aún a riesgo de ser pesado, lo digo y lo reitero: si quieres mejorar, necesitas un entrenador. Ahora bien, si, por lo que sea, no cuentas con uno, pues disfrutarás de algunos beneficios que son muy bienvenidos. Primero, si te gusta el tema porque eres un tanto friki, podrás aprender a entrenarte, qué cosas te van bien o no para tus carreras. Segundo, podrás hacer lo que te apetezca cada día e inscribirte o borrarte de las carreras que quieras. Tercero, vivirás sin la presión de tener que rendir cuentas ante nadie. Cuarto, te volverás más fuerte mentalmente, porque nadie, más que tú, tendrá palabras de apoyo para ti en los momentos duros.

¿QUIÉNES SON LOS ENTRENADORES DETRÁS DE LA ÉLITE TRAIL RUNNER NACIONAL?

Una buena forma de comprobar que mis razonamientos son correctos, es decir, que tanto tener entrenador como auto-entrenarse tienen ambas pros y contras, es mirar lo que hace la élite. Y, mirándolo, podemos ver que, sin haber hecho un cálculo riguroso, parece que la cosa está “fifty-fifty”. Insisto, no es una estadística oficial, pero echando un vistazo rápido a la élite, mi impresión es que son tantos y tantas quienes tienen entrenador, como quienes van por su cuenta. Voy más allá aún: mi impresión es que las proporciones son un poco distintas entre chicos y chicas; entre ellos, me aventuraría a decir que predomina, por poquito, el auto-entrenarse, mientras que la ratio es la inversa en chicas, donde son más las que contratan entrenador. Hago disclaimer otra vez: todo esto son mis intuiciones, que pueden estar rematadamente lejos de la realidad. Bueno, vayamos a los hechos.

A bote pronto, se me ocurren los y las siguientes atletas élite que van por libre. Kilian Jornet, Emelie Forsberg, Jim Walmsley, Courtney Dauwalter, Stian Angermund o Allie McLaughlin. Y, en el ámbito estatal, Manu Merillas, Jan Margarit, Oihana Kortázar, Miguel Heras o, hasta hace poco, Zaid Ait Malek. Y, otra vez, sin hacer una búsqueda muy sistemática, se me ocurren estos y estas élite del ámbito internacional y nacional que sí cuentan con entrenador. Internacionales: Remi Bonnet o Nienke Brinkman. Nacionales: Pau Capell, Sheila Avilés, Mario Olmedo, Sara Alonso, Oriol Cardona, Andreu Simón, Azara García, Núria Gil, Aritz Egea, Alex García Carrillo, Júlia Font, Ricardo Cherta o Gemma Arenas. No sé si aprecia, pero toda esta gente ha participado y brillado en pruebas como los mundiales de Chiang Mai y de Innsbruck, en las finales de UTMB en Chamonix o en las GTWS. O sea, no he hecho una búsqueda sistemática, pero tampoco ha sido totalmente aleatoria: he acudido a pruebas de referencia para localizar a estos/estas élite.

Curiosamente, detrás de buena parte de los y las grandes trail runners de nuestro país (quienes he citado y un montón más que me dejo en el tintero), hay un número reducido de entrenadores. Y, más curioso aún, es que hay buena y estrecha relación entre todos ellos: asisten a las formaciones los unos de los otros, valoran y difunden las publicaciones (en forma de libros y artículos científicos) los unos de los otros o colaboran en la asistencia técnica en los mundiales trail de WA. Es una pequeña comunidad muy bien avenida.

Estoy hablando de Rafa Flores, con quien están Azara García y Virginia Pérez Mesonero y estuvieron Andreu Simón y Núria Gil, de Borja Rubio, con quien están Alex García y Júlia Font, Andrés Arroyo, con quien están Sheila Avilés, Pau Capell, Sara Alonso y Mario Olmedo, Arcadi Margarit, con quien está Ricardo Cherta, José Manuel Grandero, con quien están Gisela Carrión y Andreu Simón, o Nacho Martínez, autor del libro “Trail Running, Ciencia y Entrenamiento”, el libro más completo actualmente sobre el tema. Hala, ya conoces los nombres de estos “currantes en la sombra”.

CONCLUSIÓN

Si puedes tenerlo, mejor contar con entrenador. Nos hará la planificación y la monitorización y nos dará el apoyo necesarios para desarrollar nuestras capacidades y dar nuestro máximo rendimiento y, lo más importante, para disfrutar a tope de las carreras, sin estancamientos, sin sobreentrenamientos y sin lesiones. Ahora, auto-entrenarse es una oportunidad, si tienes un punto freak, para descubrir cómo funciona tu fisiología, qué cosas te van mejor o peor antes, durante y después de las carreras. Es también un riesgo de pegarte muchas tortas, vaya eso por delante. Auto-entrenarte te da también la libertad de hacer lo que te plazca, sin tener que rendir cuentas a nadie, lo que, según tu personalidad, puede ser más sostenible en el largo plazo.

Quizás, para resolver este debate, la fórmula ideal es el término medio: ni con entrenador ni sin él, o séase, contar con él un par de temporadas y, luego, una vez aprendidos los principios básicos, seguir tu camino. En ese par de temporadas, habrás aprendido a planificar y monitorizar las cargas y habrás adquirido la disciplina de entrenamiento y, con eso, podrás volar libre a partir de entonces. De hecho, Kilian, Oihana, Merillas o Dakota Jones, por ejemplo, tuvieron entrenador en su momento, pero decidieron tirar por su cuenta, una vez captaron la lógica de la periodización y aprendieron a entender su cuerpo. Y el caso contrario también existe: Borja Fernández, varias veces internacional con la selección de atletismo y con la de montaña, ha empezado a trabajar con un entrenador este año 2023, tras más de diez auto-entrenándose; se auto-entrenaba por esa libertad que te da y que hemos hablado aquí, pero decidió cambiar de enfoque, cuando alcanzó un estancamiento, cosa que también salió en el episodio.

En fin, no hay blancos ni negros, cualquier opción puede tener su momento y su lugar. Ya conoces los pros, los contras de cada opción e, incluso, las maneras de conjugarlas, sea aprendiendo unos años de un entrenador o sea volando libre, hasta que notes estancamiento. Como de costumbre, he tratado, nada más, de ofrecer elementos de juicio para que formes tu opinión al respecto; nunca es mi intención sentar cátedra porque, aquí, el primer friki y quien duda más de todo, es el menda lerenda.

Corresendas, espero que hayas aprendido y disfrutado a partes iguales. Si fue así, me ayudas a seguir creando y publicando contenido de las siguientes formas: suscríbete, valora, comenta, comparte y/o sígueme en Instagram, en la cuenta correr por senderos (todo junto), donde publico a diario píldoras sobre trail running en Stories.

Nos encontramos aquí en siete días, si no antes por el monte. Hala, a pisar sendas (haciendo lo que planificó el entrenador o lo que te pida el cuerpo, si te auto-entrenas).

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