Episodio 58. Crisis climática. ¿Cuán ecologista es la comunidad trail runner?

Autor: Héctor García Rodicio https://www.instagram.com/correrporsenderos/

Tú y yo somos corresendas, lo que significa que nos gusta movernos rápido por la naturaleza, fluir por valles, bosques, collados, montañas y crestas. Esos espacios naturales, que son nuestro patio de juegos, nos producen deleite, para los sentidos, y bienestar, para cuerpo y alma. Por consiguiente, nos gustaría que se preservasen tal como son, 100% salvajes y 100% libres de suciedad, contaminación, deforestación, desertificación o urbanización. “Todo lo bello es libre y salvaje”, dijo el filósofo y naturalista HD Thoreau. Pero, ¿se están deteriorando tan drástica y aceleradamente los espacios naturales? Y, de ser así (que ya adelanto que lo es), ¿qué hacemos realmente los y las entusiastas del outdoor para reducir ese daño?

Sí, a todo el mundo nos hierve la sangre al ver la escombrera en que se ha convertido el C4 del Everest por la ruta normal. (Es, cuando menos, indignante que, los efectos de la actitud desaprensiva de algunos, se hagan notar en lugares tan remotos como los 7900msnm en la montaña más alta de la Tierra: Everest, Sagarmatha, Chomolungma, la “madre del universo”.) Sí, todo el mundo criticamos los vertidos de las fábricas a la atmósfera o a los ríos. O las emisiones ingentes de los mega-buques portacontenedores. Sí, a todo el mundo nos parece fabulosa la Kilian Jornet Foundation, que defiende la protección de los espacios de montaña, o los “performance”, que la gente de Greenpeace hace a las puertas de donde se celebran las cumbres del clima.

Muy bonito todo, pero ¿qué hacemos tú o yo, de verdad, para proteger el medio ambiente? ¿Dónde pones tu cuidado, tu interés, tu dinero, tu voto? No hay que escarbar mucho para darnos cuenta de que, aunque creamos lo contrario, no somos tan ecologistas; de corazón lo somos, pero ¿qué hay de la acción efectiva? Pues, mira, sin ir más lejos, no hay carrera de trail, donde no me encuentre algún envoltorio de gel energético por el recorrido. O, por poner otro ejemplo obvio, veo mucha zapatilla, prenda y mochila flamante en las líneas de salida, lo que me hace pensar que, tal vez, compramos más por capricho que por necesidad. O, por poner otro ejemplo muy a mano, no veo que nadie se extrañe porque la gente decida desplazarse a su carrera en avión, que es un armatoste que consume 1200 litros de combustible cada 100k, 200 veces más que lo que gastarías yendo en coche (aunque, sí, sea un tostón conducir 7h del centro de la Península hasta el Pirineo).

Hoy vamos a hablar del estado del medio ambiente de nuestro planeta. Lo haremos para comprobar que, sí, hay cambio climático, hay deforestación y hay desertificación. Hay una crisis medioambiental, por mucho que Donald Trump cuestione el calentamiento global o un tal Mariano Rajoy, que fue presidente del Gobierno en España, llegase a declarar: “mi primo es físico y me dice que, si traes a los mejores diez científicos y les preguntas qué tiempo hará mañana en Sevilla, no te saben contestar con garantías; ¿cómo predecir lo que va a pasar en el mundo en 300 años?” (de verdad, poco se habló de semejante disparate dicho en boca de un presidente). Constatado que el estado de cosas no es el que nos gustaría, pasaremos a revisar las acciones que podemos llevar a cabo para, si no revertir del todo la crisis, al menos sí reducir el impacto ambiental de la actividad humana. O sea, habrá un primer apartado que pintará la cosa como está: muy negra; pero uno segundo, optimista, centrado en lo que podemos hacer. Humildemente, me gustaría pensar que este episodio despertará, no eco-ansiedad, que se traduce en desesperanza y parálisis, y sí actitud proactiva. Desde luego, propuestas de pequeñas acciones cotidianas no van a faltar. Sin más dilación, vamos al turrón.

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¿QUÉ ESTÁ PASANDO EN EL MEDIO AMBIENTE?

A estas alturas, toda persona con dos orejas ha oído hablar del cambio climático. Y, si tienes dos ojos, también habrás comenzado a ver los efectos de dicho cambio, por ejemplo, en el tamaño de los glaciares en Pirineo o Alpes o el nivel de los embalses en cualquier parte de la Península Ibérica. Pero, ¿qué es exactamente el archi-citado cambio climático?

Un cambio climático es una variación en el patrón global meteorológico, lo que incluye cambios en temperatura, humedad, viento o precipitación. A lo largo de la historia de nuestro planeta se han sucedido los cambios climáticos. El último cambio, por ejemplo, que comenzó hace unos 100 mil años y terminó hace 10 mil, originó la glaciación Wurm; la cual convirtió todo el norte de Europa y de América en un gigantesco bloque de hielo de hasta 3000msnm. Los cambios climáticos, como la última glaciación, resultan de la intervención de diferentes factores, siendo el efecto Milancovic el principal. Whaaat? Tranqui, lo explico.

Sabemos que la Tierra gira sobre sí misma en ciclos de 24h, lo que da lugar al día y la noche, y gira alrededor del sol en ciclos de 365 días, lo que da lugar a las estaciones del año. En ese girar sobre sí misma, ocurre que cierto punto del globo, a veces mira al sol (y entonces es de día en dicho punto), a veces le da la espalda al sol (y entonces es de noche). Y, en ese girar alrededor del sol, ocurre que la Tierra va estando más o menos cerca del sol, según dos parámetros: órbita e inclinación del eje. Veámoslos rápidamente.

La órbita es la trayectoria que la Tierra dibuja mientras gira alrededor del sol. La órbita no es un círculo perfecto, sino que tiene forma ahuevada. Siguiendo esa trayectoria ovoide, la Tierra a veces viaja más pegada al Sol y, a veces, más alejada. Por otro lado, sucede que el eje de la Tierra está torcido. Es como si no supera andar erguida. Esta inclinación provoca que, en ese periplo de 365 días, el hemisferio norte de la Tierra a veces "mira más de cerca al sol", como si quisiera darle un beso; y otras veces "lo mira más de lejos", como si quisiera "hacerle la cobra". Lo mismo con el hemisferio sur. Cuando está más cerca, sea por cuestión de órbita o de inclinación, la Tierra recibe más incidencia del sol; cuando queda lejos, menos incidencia solar.

Esta mayor o menor incidencia del sol es el origen de las estaciones, del calorcito del verano y el frío característico del invierno. También explica por qué el ecuador, que es la franja al medio de la tierra, no tiene estaciones; son "la cabeza" (hemisferio norte) y "los pies" (hemisferio sur) del globo los que se acercan o alejan del sol, pero "la cintura" (el ecuador) queda siempre a la misma distancia del astro rey.

Bien, pues ocurre que (1) la órbita y el grado de inclinación no son fijos, varían, y (2) lo hacen, además, a un ritmo regular, en ciclos que duran decenas de miles de años. Por supuesto, esto no es para nada obvio, de ahí que se haya bautizado como efecto Milancovic, en reconocimiento al físico serbio que tuvo que dedicar 30 años de su vida para descubrirlo. Una nominación merecida. Por ese efecto, hay épocas con más o menos proximidad al sol y, por ende, temperaturas más o menos extremas, con los cambios consiguientes que eso tiene en el clima, en forma, por ejemplo, de volumen y frecuencia de precipitaciones. Por el efecto Milancovic, pues, es por lo que se producen cambios climáticos sucesivamente.

Hasta aquí, hemos visto que el clima cambia a lo largo del año, según se suceden las estaciones en los hemisferios norte y sur, y que cambia a lo largo de milenios por el efecto Milancovic. Bien, ¿qué tiene de especial “el” cambio climático actual? Es especial porque nunca antes había habido un cambio tan brusco, que además es resultado de la acción de una especie animal. Sí, querida audiencia, tenemos el "honor" de ser el único animal capaz de alterar el clima del planeta entero a través de nuestra actividad.

¿Por qué el actual cambio climático se le atribuye al ser humano? Pues porque ese brusco incremento en la temperatura global coincide exactamente con el desarrollo de la revolución industrial. Breve recordatorio: a finales del siglo XVIII inventamos la máquina de vapor y, lo que hasta entonces había sido una labor manual (la agricultura, el transporte de mercancías, etc.), pasó a ser realizado por máquinas; máquinas alimentadas con carbón, primero, y petróleo, después.

Quemar carbón y petróleo permite liberar la energía que éstos tienen "dormida" en su interior; energía que transformamos en el movimiento de camiones, aviones y barcos o la actividad de las fábricas. Pero esta utilidad tiene su contrapartida: la combustión de carbón y petróleo emite gases nocivos a la atmósfera. Son nocivos por varias razones. Una, que es la que interesa hoy, es que acentúan el efecto invernadero, por el cual los rayos solares que inciden sobre la tierra y rebotan, vuelven a rebotar contra la capa de gases invernadero y reinciden sobre la tierra sucesivamente. Y a más incidencia, más calor en todo el planeta. Este efecto invernadero acentuado ocasiona el llamado "calentamiento global", ese aumento promedio de ya 1’1 grados en la temperatura de la Tierra. 1’1 grados puede sonar a poco, pero el problema, en realidad, no es el calentamiento global; el problema son las consecuencias que se derivan de dicho calentamiento y que constituyen el "cambio climático" propiamente dicho.

Esos 1’1 grados extra provocan toda una cascada de cosas. Una que nos viene enseguida a la cabeza es el deshielo: los casquetes polares se están derritiendo. En efecto, esto es un hecho ya irrebatible. Ese hielo derretido, por su parte, aumenta la cantidad de agua de mares y océanos. En consecuencia, las marejadas son más poderosas. Otra consecuencia es que hay menos reflexión solar: los mantos de hielo blanco reflejan la luz del sol (igual que las casitas encaladas de los pueblos de Andalucía) y con menos hielo, menos reflejo y más incidencia solar. El calentamiento provoca también que las aguas superficiales de mares y océanos estén más calientes. Y aguas cálidas son precisamente el ingrediente básico de las tormentas tropicales y huracanes. Por último, más calor produce más evaporación y, por tanto, más vapor de agua. El vapor de agua es la materia prima de las precipitaciones; luego más precipitación. Para rematar, el vapor de agua es el gas de efecto invernadero más importante (muy por encima del CO2); así pues, más efecto invernadero también.

El resultado final es que los fenómenos meteorológicos extremos son cada vez más extremos. Según los registros de lluvias torrenciales, tormentas, sequías o incendios de las últimas décadas, parece que no son mucho más frecuentes que en el pasado, pero sí mucho más intensos y devastadores. Encima, estas catástrofes, cada vez más fuertes, se ceban por desgracia con las poblaciones más desfavorecidas. Me refiero a países insulares del Pacífico o el Caribe o países del cuerno de África. De hecho, el problema ha dado origen a una nueva figura, la del "refugiado ambiental": gente que huye de su tierra porque las inclemencias del tiempo hacen insostenible la vida. Esto también da lugar a conflictos que cada vez sufriremos más...

Y no he mencionado la deforestación. Las plantas absorben CO2, pues la necesitan para fabricar su alimento. Pero si nos cargamos el Amazonas, porque talamos sus árboles para instalar gasoductos; o si esquilmamos los bosques, por una mala agricultura (la intensiva) y una mala ganadería (la intensiva, también), y por una industria maderera y petrolera sin escrúpulos, pues nos estamos quedando sin pulmones. Hay más CO2, pero menos capacidad de absorberlo. Y más CO2 neto es más efecto invernadero y más calor y más deshielo y más vapor y más... en fin, toda la cascada que ya expuse.

¿QUÉ COSAS DEBERÍAN CAMBIAR A NIVEL GLOBAL?

Todo este conjunto de alteraciones, este clima puesto patas arriba, con incendios, sequías y tormentas extremas, se debe, a la postre, al uso de los combustibles fósiles. (Los, a la vez, dichosos y malditos combustibles fósiles.) La solución al cambio climático, pues, sería reducir o eliminar el uso del carbón, el petróleo y el gas. Eso es fácil de decir, difícil de llevar a cabo…

Para empezar, los combustibles fósiles alimentan la obtención de materias primas y la producción de bienes y de alimentos. Esas materias, bienes y alimentos, además, han de ser transportados en camiones, aviones y barcos, cuyos motores se alimentan de combustibles fósiles también. Por otro lado, las explotaciones gasísticas y petroleras, las fábricas, las explotaciones de ganadería y agricultura intensivas y la red de carreteras, todas ellas necesitan espacio. Ese espacio se lo robamos al bosque, que entonces no puede ejercer su función pulmón: así, no sólo hay más gases por la mayor actividad humana, hay menor capacidad para reabsorberlos. La electricidad y calefacción de los edificios también se alimenta en mayor o menor medida de los combustibles fósiles. Lo mismo que el transporte de personas.

Como ves, toooda la economía se asienta en el uso de carbón, petróleo y gas. Retirar esa base implica que toda la economía se desmorona, como un castillo de naipes. Y es que no es nada fácil sustituir el combustible fósil por otras fuentes de energía. La construcción e instalación de parques eólicos o plantas solares requiere mucha energía de origen fósil. Los materiales de esos parques y plantas requieren minería que también utiliza energía fósil. O sea, para construir un molino de viento e instalarlo donde corresponde, hay que gastar toneladas de combustible fósil. Es que, incluso, habrá que construir carreteras que permitan a los camiones llevar los molinos hasta la sierra o alto donde se van a plantar. Esa construcción implica más consumo fósil aún… Y, si estás pensando en la energía nuclear, has de saber que el uranio se está acabando, de modo que (polémicas aparte) es una tecnología con poco futuro.

Es obvio que la economía global debe cambiar, pero, sinceramente, no sé bien cómo ha de reorientarse. El famoso “mix energético” del que hablan los políticos no sé en qué medida es tal. Es decir, que, aunque aumentemos la producción de energía eólica, solar y/o nuclear, esas tecnologías siguen necesitando mucha contribución de energía con origen fósil y su consiguiente emisión de gases. Para rizar más el rizo, el sistema debe cambiar, no sólo por los efectos de la emisión de gases resultado de la combustión de carbón, petróleo y gas, es que, aparte, dichos combustibles se están acabando. Esto es algo que Antonio Turiel expone de manera contundente en su libro “Petrocalipsis”. En 2018 alcanzamos el denominado “pico del petróleo”, es decir, momento en que la disponibilidad de petróleo es menor a la demanda. Los yacimientos buenos se agotan y otros, menos accesibles, resultan no rentables: cuesta más explotarlos que el dinero que sacas vendiendo lo extraído. Que el petróleo se agote es un problema energético, pero también porque el plástico sale del petróleo. ¿Sabes la cantidad de cosas que se hacen con plástico? La carcasa de tu Smartphone, sí, los auriculares de tu Smartphone, sí, pero, además, el upper, la media-suela, la suela y la placa anti-roca de tus zapas y el poliéster, la poliamida y el elastano de tu camiseta, tus shorts, tus calcetines y tu mochila o hasta el TPU de tu soft-flask o el envoltorio de los geles y barritas.

¿QUÉ COSAS PODEMOS HACER INDIVIDUALMENTE EN FAVOR DEL MEDIO AMBIENTE?

Tenemos tres frentes donde intervenir: nuestras acciones, nuestro dinero, nuestro voto. Los analizamos, como no puede ser de otro modo, uno a uno.

Primer frente: nuestras acciones.

En cuanto a las acciones, algunas son más obvias, y otras menos, y, más importante, algunas tienen más repercusión, y otras menos. En cuanto a las obvias, pues no me seas desgraciao y llévate la basura contigo. Como dije, no hay carrera o salida al monte que haga, donde no me encuentre geles vacíos por el camino o kleenex usados. Estoy seguro de que tienes la misma experiencia. Alguno será por accidente, que se te cae del bolsillo, vale; pero no me creo que esto aplique a todo el montonazo, reitero, de desperdicios con que me suelo topar.

Una acción menos obvia y de mayor calado es el uso de los medios de transporte. Aquí hay que considerar varias cosas. En primer lugar, el avión consume 200 veces lo que un coche o incluso una autocaravana de 3000kg. Sólo con salir del hangar, el avión ya ha gastado lo que tú en un año entero, aunque tengas un Porsche Cayenne. Idealmente, pues, deberíamos desplazarnos por carretera siempre que sea posible. Sí, es más caro y más incómodo que el avión, pero estamos hablando de medio ambiente, no de bolsillo o comfort. Por otro lado, si hablamos de vehículos personales, de coches, pues has de saber que lo de los eléctricos y los híbridos es un timo. ¿Cómorl? Para empezar, qué sentido tiene montar un motor así en un coche que pesa 2000kg, como los puñeteros SUV (y mis disculpas si tienes uno de esos), esos coches que parecen todoterreno, pero no son todoterreno. Es un coche pesado y poco aerodinámico y, en consecuencia, poco eficiente. Si, en primer lugar, haces un coche ligero, ya no necesitas comerte el tarro, pensando cómo hacer que gaste menos. Un utilitario de 600kg gasta menos de 4l/100 con el motor más rudimentario del mundo. Y, si a ese utilitario, además le montas motor eléctrico o híbrido, pues mayor ahorro de petróleo aún. Pero, no sé si sabías esto: los fabricantes de coches reciben beneficios por las, atención, toneladas de vehículos eléctricos/ híbridos que construyen al año. O sea, su fabricación eléctrica-híbrida se mide, no por unidades, sino por el peso total de todas ellas. Por esta lógica, no les sale a cuenta fabricar coches pequeños eléctricos y, sí, lo puñeteros SUV de las narices. Aparte de todo esto, cabe preguntarse de dónde sale la energía eléctrica con que cargas estos nuevos motores. Si sale de la quema del carbón, pues estamos poniendo el problema en otro lado, nada más; no lo estamos arreglando. Otra cosa importante, respecto al transporte en vehículo particular, es si examinamos la necesidad real de desplazarnos. Por ejemplo, si tengo dos o tres montes más o menos cercanos donde entrenar, debería optar por el más próximo, aunque sea el monte más feo o tenga ya todos sus senderos trillados. Por último, para cerrar con el tema de nuestros vehículos, hay que saber que lo que pueda representar el transporte personal en el total de emisiones por transportes es insignificante en comparación con el transporte de mercancías. O sea, que tengas un coche más grande o más pequeño, con motor híbrido o de explosión y hagas más o menos kilómetros con él, lo que pesa de verdad es el trasiego de camiones, aviones y barcos llevando mercancías.

Esto último nos lleva a lo que, a mi modo de ver, es la gran palanca donde debemos actuar: el consumo de bienes. Ésta es la madre del cordero. Comprando chorraditas cada semana por Amazon, como un par de calcetines o una visera, y, en general, comprando por capricho y no por necesidad, es como estimulamos ese movimiento constante y altamente contaminante de camiones, aviones y barcos. Si contuviéramos nuestro consumo, además, reduciríamos también las emisiones asociadas a la fabricación de bienes. Y ese consumo responsable, para rematar, ayudaría a retrasar el momento en que el petróleo se acabe de una vez por todas; porque te recuerdo que suela, mediasuela y upper de las zapatillas y el tejido de prendas y mochilas, todos se hacen con fibras sintéticas basadas en el petróleo. En fin, reducir es clave.

Otro área de acción es el consumo energético doméstico, cuánta electricidad y calefacción gastas. Como sabrás, vivo en una ciudad costera y, por tanto, de temperaturas amables todo el año; ni hace un frío terrible en invierno, ni el calor es asfixiante en verano. Por ello, no tengo calefacción ni tengo aire acondicionado. En invierno me pongo doble capa de ropa para estar por casa y, en verano, bajo persianas a la mitad, para bloquear el sol, y abro ventanas, para que corra el aire. En lugares así, con clima oceánico, sinceramente, creo que calefacción y aire acondicionado están de más. Es mi opinión. Que conste que también sé lo que es el clima continental. Viví 11 años en la ciudad de Salamanca, en el interior de la península Ibérica y a 700msnm. O sea, muy parecido a Madrid. Allí tampoco usé nunca calefacción ni aire acondicionado. Reitero, cabe jugar con las capas de ropa y las ventanas para retener o disipar el calor. No me las quiero dar de mega-concienciado o mega-eficiente con el medio ambiente, pero sí creo que son pequeñitas cosas, que no cuestan mucho, y que, sumadas, cuentan.

Respecto al consumo de electricidad, como en cuestión de transporte, hay que saber qué electrodomésticos son los que se llevan el grueso del consumo. Por supuesto, no es de recibo dejar luces encendidas por toda la casa ni encenderlas cuando hay suficiente visibilidad. Pero el electrodoméstico más gastador por excelencia es la nevera y el congelador. En cuanto a la nevera, dos medidas fáciles y efectivas. (1) Cuando tengas que abrirla, ciérrala lo antes posible, no te quedes mirando pasmado lo que hay dentro; piensa de antemano lo que quieres coger, abre, cógelo y cierra. (2) El flujo de frío va de abajo arriba, si tienes la nevera sobrecargada de cosas, ese flujo es peor y el motor debe trabajar más; no la tengas repleta de cosas. En cuanto al congelador, si apenas lo usas, los refrigeradores actuales traen interruptor independiente para él; apágalo si no le das un uso que justifique tenerlo en marcha todo el rato.

Segundo frente: nuestro dinero.

Otra pata del activismo ambiental es dónde ponemos nuestro dinero. A este respecto, una primera cosa ya la he mencionado: gastar menos dinero para minimizar las emisiones asociadas a la producción, transporte y logística de bienes. Pero, aparte, puedes elegir comprar marcas que demuestran tener compromiso ambiental, como Patagonia, que destina el 1% de sus beneficios al activismo por el medio ambiente, Ternua, que usa pluma reciclada, Salomon, que va a comenzar a fabricar en Europa, lo que evitará tener que traer productos desde Asia, con las emisiones que eso conlleva, o Nnormal, que hace zapas de gran durabilidad. También puedes colaborar con ONGs ecologistas, con una aportación mensual. Y una acción más, si quieres matrícula de honor, es optar por banca ética. Me refiero a ese puñado de bancos que revelan dónde invierten tu dinero y garantizan que es en empresas responsables. Yo debo reconocer que, si bien sí trato de reducir mi consumo al máximo (los tomates de mis calcetines dan fe de ello) y sí soy socio de varias ONGs, todavía no he dado el paso hacia la banca ética. Si soy sincero, no sé dónde va el dinero de mis depósitos, planes de pensiones o fondos de inversión.

Para cerrar el apartado dónde pones tu dinero, hay otro tema sensible: tu alimentación. Sin ánimo de crear polémica, creo que las emisiones de gases dependen más del tipo de agricultura, ganadería y pesca que se hace que de ser vegano u omnívoro. Me explico. El argumento vegano de que se emplean toneladas de agua y de combustibles fósiles para sostener una explotación ganadera industrial, porque hay que fabricar piensos, hay que llevarlos al establo, hay que mantener la iluminación y calefacción y demás servicios del establo, hay que cargar los animales en camión hasta el matadero, etc. es cierto. Pero una mega-plantación industrial de soja, de donde sale el tofu, la hamburguesa vegetal o la soja texturizada, que son parte importante de una dieta vegana, seguramente tenga enormes impactos ambientales también. Es decir, la clave sería cómo se produce ese alimento más que cuál alimento es. Carne de vacas que pastan y se mueven libremente, carne de caza, huevos con código 0, peces pescados con caña y vegetales de temporada y de proximidad serían las formas de producción más limpias. Si optas por el veganismo o el vegetarianismo por ética animal, me parece estupendo (yo mismo como 100% vegetal, exceptuando lácteos, huevos y marisco). Pero creo que comer tomates, aguacates, nueces de Brasil, tofu o crema de cacahuete durante todo el año y en cualquier parte del mundo no es sostenible, como no lo es la carne de ternera a 8€ el kilo o la de cerdo o pollo, a 6. Todo eso es sólo posible con un sistema de producción industrial y globalizado, con sus consiguientes emisiones masivas.

Tercer frente: nuestro voto.

La última pata es dónde pones tu voto. Puedes votar a partidos verdes, y que destinan buena parte de su programa a esta cuestión, o, alternativamente, partidos continuistas con el sistema de producción y consumo que nos ha llevado a la situación crítica actual. Aunque elijas a los primeros, también hay que ser conscientes del margen de maniobra real que tiene un gobierno y también de las consecuencias de adoptar una orientación contracorriente. Muchas normativas vienen de Europa y no se pueden eludir. Por otro lado, si, por ejemplo, hinchas de impuestos a las empresas por contaminar o rebajas mucho los umbrales legales de emisiones, pues, sencillamente, las empresas se te van. Es difícil…

Resumen

En resumidas cuentas, puesto que el sistema global es el que es, basado en el uso de los combustibles fósiles, debemos intentar actuar localmente. Y, de las acciones que podemos llevar a cabo, lo más efectivo, creo yo, es “reducir”, reducir nuestro consumo. Esperar a pulir la suela de las zapatillas, a que la media suela pierda toda reactividad y a que asomen los deditos por el upper. No dejarse seducir por las versiones renovadas, que muchas veces no suponen un cambio relevante respecto a las anteriores. No comprar cositas sueltas cada semana sino comprar por lotes, para rentabilizar el desplazamiento de ese buque portacontenedores. Si a esto le añades comer producto ecológico, local y de temporada, limitar el uso de aviones u optar por marcas comprometidas o banca ética, pues todo suma.

CONCLUSIÓN

Sí, hay cambio climático, digan lo que digan algunos negacionistas. Cambio climático significa más fenómenos extremos, como tormentas, incendios y sequías. Y eso, en contra de lo que se suele decir, no es que el planeta se esté yendo a pique; es nuestra forma de vida la que está en juego. El planeta sobrevivirá con más o menos bosques, más o menos agua, más o menos animales o más o menos comodidades o penurias para uno sólo de los seres vivos que lo habita, el dichoso ser humano, que es quien ha alterado el clima en su propio perjuicio. Nuestra existencia es la que se está yendo a pique.

Así que, cuidado. No vale tomar un avión para pasar, nada más, un día y medio en la otra punta de tu país o tu continente. No vale comprar, cada semana, un par de chorraditas que vienen desde el oriente lejano. No vale apresurarse a comprar la siguiente versión de nuestras zapatillas sólo porque luzca más bonita, si el par que tenemos está tan flamante como el primer día, con apenas 300k encima. Tampoco el veganismo es necesariamente más sostenible que una dieta omnívora, si la primera está basada en productos industriales, que también deforestan para instalar sus explotaciones y también implican gran emisión de gases en su producción, transporte y logística. Y, por fin, no vale tildar de green-washing lo que hacen marcas como Patagonia, Ternua, Salomon o Nnormal, porque algo es más que nada. Es cierto, no van a salvar el mundo y, seguramente, exageren una pizca el alcance de sus medidas, pero, por poco que hagan, ya es más que lo que hacen el resto de marcas que, directamente, omiten este asunto.

Muy bien, y ¿qué sí vale? La principal palanca, en mi humilde opinión, es reducir nuestro consumo. En todos los sentidos. Comprar menos zapatillas y textil, esperar a que el material que tenemos esté gastado de veras. En materia de alimentación, comprar producto ecológico, de temporada y de la mayor cercanía posible. Vivimos en España, que es la despensa de Europa; consumir alimentos traídos de fuera que tenemos aquí para dar y regalar es, por decirlo suavemente, poco eficiente. En materia de consumo en casa, preguntarnos si de verdad hace falta esa calefacción o ese aire acondicionado; quienes vivimos en clima oceánico tenemos poca justificación para tirar alegremente de esos recursos. En casa, también, debemos tener presente que el electrodoméstico que más chupa, y con diferencia, es el refrigerador; no sobrecargues la nevera, no abras la puerta si no sabes de antemano qué quieres coger, no enciendas el congelador, si no vas a rellenarlo en cantidad. En materia de transporte, coger el coche sólo por causa justificada y, desde luego, coger el avión sólo por causa re-que-te-justificada.

Ah, y un último pero importante apunte. Todo esto me lo digo a mí mismo el primero. No quiero dar la impresión de que me considere súper-mega-ecologista. No lo soy, ni mucho menos. Ni estoy más sensibilizado con el tema que otros, ni he investigado el que más, ni he reducido mis impactos el que más, ni soy el mayor activista. Simplemente, he hecho un pequeño proceso de reflexión y tratado de identificar puntos donde cabe mejorar sin enormes esfuerzos y que puedan tener algún impacto positivo, por pequeño que sea.

Corresendas, ojalá esta reflexión personal te haya servido para aprender algo útil y, en cualquier caso, para pasar un rato entretenido. Si ocurrió lo uno o lo otro, apoyas este podcast haciendo alguna de estas cosas: suscríbete, valora, comenta, comparte y/o sígueme en Instagram, en la cuenta correr por senderos (todo junto), donde publico píldoras sobre trail running a diario en Stories.

Nos encontramos aquí en siete días, si no antes por el monte. Hala, a pisar sendas (y a pulir esa suela hasta que no quede un solo taco entero).

 

 

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