CRÓNICAS TRAIL. Trail Riotuerto 2024. Cinco reflexiones

Autor: Héctor García Rodicio https://www.instagram.com/correrporsenderos/

Otra vez toca hablar de mis carreras. En este caso, Trail Riotuerto. ¿Por qué? Ni es una carrera con unos números impresionantes, en términos de distancia o participantes; ni mi rendimiento fue sideral. Pero, mi experiencia, corriéndola por segunda vez, me ha suscitado algunas reflexiones. Y ésas sí pueden interesarte.

Entonces, el programa de hoy es muy simple. Hablaré brevemente de (a) la ficha técnica de la carrera, (b) mi plan de carrera, (c) material que utilicé, (d) desarrollo de la carrera y, el meollo, (e) cinco reflexiones que extraigo de la experiencia.

Como señalé, no es la carrera más épica, ni mi actuación, la más estratosférica; pero, creo de veras que puedes sacar alguna idea útil de mi experiencia corriéndola. Y es que hubo piedra (mucha piedra… ), barro (mucho barro… ), caídas, un campeonato regional y un puñado de gallos de buen nivel en el pelotón de cabeza…

Venga, sin más dilación, vamos al turrón.

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FICHA TÉCNICA DE LA CARRERA

La carrera es el Trail Riotuerto, que va ya por su sexta edición. Tiene salida y llegada en el pueblo de La Cavada, en el valle del Miera en Cantabria. La carrera ofrece dos distancias: un circuito de 24K con 1400m+, que es campeonato regional de CXM; un circuito de 15K y 800m+, que es la que corrí yo. (Ya he explicado más de una vez que, por cuestiones de agenda, yo ahora estoy corriendo sólo speedtrails y medias maratones XM; la vida no me da para más.)

El perfil de este speedtrail es -podríamos decir- de serrucho. Esto es, tiene múltiples subidas y bajadas; pero todas cortas, por lo general. Más concretamente, en conjunto, hay una subida grande, dos subidas medianas y un montón de subidas pequeñas. Con “grande” quiero decir 300+; “mediana” quiere decir 100+; “pequeña” quiere decir 50+. Y, por supuesto, toda subida tiene su bajada correspondiente. En fin, un sube-y-baja constante: lo que popularmente llamamos “rompepiernas” (concepto al que dedicaremos un próximo episodio, por cierto).

En cuanto a la tecnicidad, yo sí la calificaría de carrera técnica. Y es que discurre (casi) íntegramente por el macizo calcáreo de las Peñas de Rucandio. Quizá ya sabes que la roca caliza es muy sensible a la erosión, formando lo que se denomina “relieve kárstico”. Y dicho relieve se caracteriza por la presencia de grietas, agujeros, ollas, cavidades… en fin, un caos de piedras. (Curiosamente, si buscas “karst” en Google, te saldrá un artículo de la Wikipedia, donde han puesto una foto de las Peñas de Rucandio, como representación de este relieve.)

Si a ese caos de piedras le añades capas y capas de barro, como fue el caso el otro día, pues entonces ya no hay duda de que es una carrera técnica. Para que me entiendas, podríamos asimilar Riotuerto a una Zegama-Aizkorri versión mini. Y no es muy disparatado el símil, pues las calizas de ambos montes son hermanas: las dos tienen un mismo origen cretácico; y un ingrediente habitual en Zegama es el barro.

El otro día en Riotuerto los tramos con barro eran tan espesos, que podías perder las zapatillas. No es broma: en cierto momento, un chico que iba delante de mí tuvo que parar y darse la vuelta, para rescatar una de sus zapas, que había quedado -literalmente- absorbida.

MI PLAN DE CARRERA

El año pasado hice 1h37 y quinto puesto de 99 participantes finishers. Este año quería mejorar mi tiempo. No pretendía mejorar el puesto, porque sabía que este año habría más participantes y, por tanto, era más probable que se colasen unos cuantos “gallos”. De hecho, finalmente hubo 144 participantes finishers.

Para lograr rebajar mi tiempo del año pasado, mi estrategia era la siguiente. Primero, una cosa muy tonta: hubo un punto el año pasado donde estuve parado alrededor de 1’; había dos caminos posibles y no había balizas ni se veía a nadie por delante. Estuve un rato pensando por dónde tirar, hasta que aposté por la derecha (que, por fortuna, resultó ser el camino correcto). Este año, ya podría ir a “tiro hecho”, en ese punto; lo que me daría 1’ de ventaja, cosa así.

Un segundo elemento de la estrategia, más importante, era el pacing. Mi idea era apretar en todas y cada una de las subidas, como si no hubiera un mañana. Desde la primera a la última. ¿Por qué? Por varias razones. 1, Soy mejor subidor que bajador. También soy mejor corredor que montañero; es decir, no soy precisamente un Manu Merillas en tramos muy rocosos. De este modo, a sabiendas de que los únicos tramos donde podría arañar minutos eran las subidas, el plan era abrir gas hasta el fondo.

Razón Nº2 para apretarme en las subidas. Como aprenderemos en ese futuro episodio sobre perfiles rompepiernas, hacer esfuerzos explosivos tiene un coste. Esos esfuerzos explosivos (repechos de un minuto o unos pocos minutos) tiran bastante de la capacidad anaeróbica, lo que teóricamente se ha denominado “W-prima”. Ocurre que W-prima es una “batería” muy limitada, que da, como he dicho, para esos apretones de un minuto o unos pocos minutos. Lo bueno es que, con descanso suficiente, la batería se vuelve a recargar; quizás no al 100%, pero te da para un nuevo apretón. Conclusión: que en Riotuerto, perfil rompepiernas, podía vaciarme en las subidas, porque eran cortas y luego venían las bajadas, donde podría recargar.

En cuanto a nutrición e hidratación, ya sabes cómo manejo este asunto. Mis entrenos normales son de unos 40-45’ y los hago en ayunas y sin llevar comida o bebida. Por otro lado, mi dieta regular es muy moderada en carbohidratos. Entonces, para una carrera de menos de 2h, ni hago carga previa de carbohidrato, ni desayuno ni llevo nada en carrera. Sí llevé un soft-flask de 250ml con agua, porque la organización exigía portar algún tipo de recipiente. Pero, como comentaré luego en la crónica de la carrera, propiamente dicha, no di siquiera un sorbo.

MATERIAL

Aquí sólo comentar dos cosas. Llevé las zapatillas con más taco que tengo, que son las Evadict XT8 con tacos afilados y de 5mm.

Por otro lado, usé un sencillo porta-dorsales de fabricación casera. Sucede que los imperdibles me parecen un engorro: me cuesta ponerlos, el dorsal siempre me queda torcido y, luego, no sé cómo, siempre me termina molestando el dorsal, porque rozo el brazo con las esquinas o, en las cimas donde sopla el viento, me lo levanta… Al mismo tiempo, comprar un porta-dorsales me parece -con perdón y que nadie se ofenda- una “pijada”.

Entonces se me encendió la bombilla: y ¿si hago un par de agujeros al dorsal, meto una cuerdecita y me la ato a la cintura? Así exactamente lo hice. Funcionó bastante bien. Es cierto que, del muslo izquierdo donde coloqué el dorsal, se me acababa moviendo al culo; pero bastaba pegarle un tirón para recolocarlo. De repetir el invento, eso sí, haría más agujeros e iría entrelazando la cuerda, para que el dorsal quedase mejor sujeto.

DESARROLLO DE LA CARRERA

Tanto la carrera de 24K como el speedtrail son circulares. Salen del pueblo en dirección SO y regresan a él, por el NE. De hecho, la parte inicial y final de cada circuito es común. La única diferencia es que, a mitad de recorrido, el circuito largo hace un bucle extra, antes de regresar al trazado común. La carrera larga sale a las 9; la corta, a las 9:30. Te cuento todo esto para que entiendas una cosa que comentaré después.

Llego al pueblo a las 8:15, porque la recogida de dorsales es hasta las 8:30. Para ello, tuve que levantarme a las 4:30 de la mañana, para así poder hacer el paseo perruno matutino de 2h, tomar un café, ponerme la ropa de carrera y conducir desde Santander hasta La Cavada, que toma aproximadamente 30’. (Por cierto, si te estás preguntando por qué no fui a recoger el dorsal el día antes y así poder tomarme la mañana con más calma es por una cuestión de impacto ambiental: no hago más desplazamientos en coche de los estrictamente necesarios.)

(Ah, y por cierto también, ésa es la razón por la que no corro fuera de la región; además de que tampoco quiero alterar la rutina de mi familia perruna. Los perros no entienden si tienes carrera, tirada larga, día duro de series, semana de carga ni nada de eso; los perros necesitan mantener una rutina y, si salen 2h a la mañana y 1h a la tarde, como es mi caso, eso se va a mantener pase lo que pase. Te cuento que, en cierta ocasión que iba en un 4º puesto y muy cerca del 3º, de haber logrado cogerle y hacer podio, no habría podido quedarme a la entrega de premios, porque eso habría supuesto dejar a mi familia perruna desatendida más de 7h… )

9:30 de la mañana: pistoletazo de salida. Salgo a tope, para quedar bien colocado cuando dejemos la carretera y cojamos sendero singletrack. Problema: hay gente que no respeta el cajón y se coloca en las primeras filas, pese a que no tiene objetivos de tiempo. Sufro dos o tres tropezones, con esos despistados, antes de poder situarme en el grupo de cabeza. Es un primer kilómetro de carretera que va picando hacia arriba. Miro el reloj y vamos a 3’40.

Una vez entramos en el sendero, no pasan más de unos pocos metros hasta encontrar la primera piscina de barro. Eso va a ser la tónica general de la carrera: piscinas pastosas que cubren por encima del tobillo y donde puedes perder una zapatilla de la espesura que tienen…

En torno al K2 llega un primer repecho. Es interesante que hay un par de tipos que ya comienzan a caminar y se los ve que no van con buenas sensaciones. Mi hipótesis es que, ese primer K por carretera que picaba hacia arriba y que corrimos a 3’40, los ha sacado de punto. Igual que es bueno colocarse delante o detrás en el arco de salida, según si quieres o no hacer buen tiempo, creo que es bueno conocer cuáles son tus ritmos para no pasarte de rosca.

Llega la subida -entre comillas- “grande”, la de 300+. Es muy empinada y toca caminar con las manos en las rodillas. En la sección final toca también llevar las manos a la roca y trepar. En esos casos, yo lo que hago es llevarme el soft-flask a la boca para liberar las manos. Tiene una pequeñita correa, junto a la boquilla; y eso es lo que sujeto con los dientes.

Después de hacer cumbre, bajamos y nos metemos en una olla (que, técnicamente, se llama “dolina”). Como es profunda, no recibe mucha luz solar y, por tanto, el barro allí está fresquito fresquito y espesito espesito. Bien, ocurre el primer acontecimiento interesante de la jornada: en una zona muy ratonera de caminar-correr, pongo el pie derecho sobre una roca pulida y, zás, se resbala y me hace caer… con la mala suerte de que caigo con todo mi peso sobre la tibia. Me doy una hostia de campeonato -hablando mal y pronto. Me duele mucho, pero sigo. Por supuesto, me cago en todo lo que se mueve y maldigo en arameo.

Unos pocos metros después veo el chorretón de sangre espesa que emana de mitad de la espinilla y que ya está empapando el calcetín. Me pregunto: ¿debería parar y abandonar la carrera? Pero, me digo: duele, pero no es insufrible, no hay nada roto; sangro, pero no creo que pierda litros de sangre y acabe desmayado… En fin, p’adelante.

Viene una subida mediana, de unos 100+. Luego la bajada correspondiente. Otra subida mediana. Bajada. Y Luego viene toda la sucesión de repechos: subidas de unos 50m+, que tocan un poco la moral, porque no dan tregua y se van sucediendo casi hasta el último K.

Respecto a cómo voy afrontando todos esos tramos (subidas, bajadas, zonas rocosas técnicas) destaco tres aspectos. Primero, el barro está omnipresente y dificulta mucho la progresión. Segundo, tanto por lo resbaladizo del terreno, como por el miedo a volver a caer, como por el dolor, voy a ritmo bastante “tortuga” en bajadas y secciones de transición. Tercer aspecto destacable (y éste es el único positivo): logro hacer subir las pulsaciones en los ascensos, como estaba planificado, y uso los tramos “tortuga” para recuperar. Incluso logro ponerme por encima de las 170 pulsaciones en el acelerón a meta.

Entro en meta en 1h43, seis minutos más (no menos) que el año pasado. El año pasado me salió un ritmo de 6’30 el K; este año, de 7’ el K. Son 30” más por K. Ello debido a mi ineptitud para el barro, el dolor por la caída y el miedo a caerme otra vez. Al día siguiente descubro que hice 9º puesto de 144 participantes finishers.

Tras cruzar meta, el speaker cantó mi tiempo, mi número de dorsal y mi nombre y apellidos. ¡Y los dijo bien! Hay que saber que, por la razón que sea, mi segundo apellido resulta difícil de aprender para mucha gente; y me llaman “Rubidio”, “Rodrigo”, “Rocío”, “Rodillo”… cualquier cosa menos “Rodicio”.

En meta como un plátano. Y ya, por fin, me entra sed y me bebo los 250ml de agua que llevaba en mi soft-flask.

Por último, reviso los datos en la plataforma Coros y compruebo que la ejecución, en términos de zonas de FC, ha sido perfecta. He pasado un 50% del tiempo a intensidad umbral, que coincide con las subidas; y un 48% en zonas 2-3, coincidiendo con bajadas y tramos de transición. En el sprint a meta he logrado ponerme a más de 170ppm, en zona 5.

REFLEXIONES

No me enrollo más, contando batallitas, y comparto cinco reflexiones que -espero- te sirvan.

Reflexión #1, La importancia del volumen

A quienes hagáis maratones de montaña o ultras, los números siguientes os van a dar risa. Pero lo importante es el principio que subyace a lo que voy a decir.

El año pasado, por estas fechas, yo estaba haciendo unos 40K y 2000m+ positivos/ semana. Este año, estoy más cerca de los 50K y 2500m+/ semana. Es verdad que el speedtrail de Riotuerto son menos de 2h, una duración claramente corta. Pero puedo decir que he podido notar ese aumento del volumen de entrenamiento: obviando el hostiazo, y el dolor y miedo consiguientes, y el engorro de las piscinas de barro, desde el punto de vista cardio-metabólico y muscular, me noté súper bien. Fue como un entreno más (y eso que mis entrenos habituales son de menos de 1h, como ya indiqué).

Reflexión #2, Skyrunning vs trail running

Una cosa es correr por el monte, por pistas y por senderos limpios, y otra cosa es meterte en montaña montaña. Con “montaña” me refiero a todo el pack completo: piedra, barro, verticalidad, altitud, viento, agua, zonas de trepe y de destrepe… Ahí se nota quién es más de “atletismo off-road” o más de “montañismo rápido”. Yo, está claro, soy más de lo primero. Y que conste que he hecho trekking, escalada en roca y vías ferratas, pero nada… pato mareado.

Hablamos alegremente de “trail running”, como una categoría muy específica, pero no lo es en absoluto. Es cierto que es el único término donde cabe englobarlo todo. Pero, hay que tener siempre presente que, dentro de ese globo, están Zegama-Aizkorri, Sierre-Zinal, Acantilados del Norte, Trofeo Kima, Western States o Ultra-Trail du Mont-Blanc… Distancias, perfiles y, sobre todo, terrenos y condiciones, muy diferentes entre sí.

Reflexión #3, Qué significa ser élite o, al menos, de nivel top regional

Significa dos cosas. Por un lado, correr “fácil”, en términos de coste metabólico. Por otro lado, correr “fácil”, en términos de lo que hablábamos antes: de tecnicidad. Me explico.

En el tramo final de mi Riotuerto, donde la carrera larga y la corta comparten recorrido, ocurrió lo siguiente. Me junté con quienes, a la postre, serían los dos primeros clasificados de la larga: Diego Díaz Pando y Carlos Rodríguez. Diego -yo diría- es deportista profesional (de hecho, en su perfil de IG se presenta como deportista de carreras por montaña, ski de montaña y bicicleta de montaña). Carlos no es profesional, pero -sin duda- es élite regional. Ambos son habituales en los pódiums de las carreras de Cantabria.

El caso es que, cuando nos juntamos, me acoplé a ellos, para ver cuánto los podía aguantar. Justo venía un repecho. Ahí, sin problema. Acto seguido vino una bajada: ahí, adiós. Cuando llegué abajo, los vi ya coronando un nuevo repecho que venía. Me fascinó ver la gracilidad y la consistencia con que se movían en los distintos planos: subir, bajar, llanear.

Respecto a la capacidad técnica de los y las élites, es interesante observar cómo los tiempos de podio de la larga y la corta, en Riotuerto 2024, son idénticos a los de 2023. ¿Qué quiere decir esto? Que se mueven igual, haya barro hasta las orejas y roca resbaladiza, como este 2024, o haya tierra compacta y roca seca, como el año pasado. No sé cómo lo hacen, pero lo hacen.

Reflexión #4, Agarre vs adherencia

Hablando de barro y roca resbaladiza, en materia de suelas de zapatillas, hay que diferenciar agarre de adherencia. Agarre es un taco profundo que muerde el terreno graso, de barro, arena o grava. Adherencia es una goma que se pega a la roca, como los pies de gato en escalada.

Bien, pues las Evadict XT8 tienen buen taco (buen agarre, por tanto), pero poca o nula adherencia. Eso explica, en parte, el hostión mayúsculo que me llevé en la tibia. Siendo justo, el grueso de la culpa es mía, porque coloqué mal el pie: elegí la roca que no era. Pero, si a eso le añades un déficit de adherencia, pues ya sí que no te salva ni la providencia…

Reflexión #5, La importancia de la auto-confianza

Auto-confianza se refiere a cuánto crees, o cuán poco, en tus capacidades. Es decir, es un juicio subjetivo, que puede sobre-estimar o sub-estimar tus capacidades. En cierto momento de la carrera me crucé con un chaval que estaba haciendo la prueba junior. (No lo he dicho, pero había otro par de modalidades en Riotuerto: junior, juvenil, infantil y cadete.) Estaba atascado en una especie de tobogán de barro. Y decía, compungido: “pasa, pasa tú, que se me dan fatal las bajadas, es que soy muy malo en las bajadas”… Me dio penita verlo tan afligido.

Y no pude evitar pensar: no sé cuánto de ese supuesto “pobre rendimiento en bajada” se debe a una objetiva falta de habilidad o a una falta de auto-confianza. Si te crees un pato en bajadas, ocurre que (1) las vas a evitar todo lo posible y (2) cuando por fin las afrontas, lo haces a medio gas, sin poner todo lo que tienes. Y que conste que me digo a esto a mí, el primero.

Pero, igual que una falta de auto-confianza, puede haber un exceso. Obviando el dolor y el miedo, tras mi caída, creo también que no me apreté todo lo que pude el otro día, porque me había auto-convencido de que en 2024 rebajaría mi tiempo de 2023 y me relajé. Como expliqué, en 2023 estuve parado uno o dos minutos, en ese punto donde faltaban balizas; para 2024 pensé: “aunque sólo sea por ese minuto o dos y, contando que este año estoy haciendo una pizca más de volumen, bajo mi tiempo seguro”. Sí, sí, Héctor… lo único seguro es que, a tres días de la carrera, todavía tengo hinchazón, dolor y rubor en la tibia…

Corresendas, espero que hayas aprendido y disfrutado con este episodio, tanto como yo al correr la carrera de la que he hecho hoy la crónica. Si fue así, haz alguna de las siguientes cosas para apoyar el podcast. Te recuerdo que el podcast no me da un céntimo y, sí, me cuesta tiempo, esfuerzo y el pago del hosting. Es decir, que no gano dinero, sino que pierdo dinero con este podcast…

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Nos encontramos aquí en unos días, si no antes por el monte. Hala, a pisar sendas! (y a mirar bien dónde pisas… )

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