Episodio 96. Liderar o perseguir. ¿Qué es más duro psicológicamente?
Autor: Héctor García Rodicio https://www.instagram.com/correrporsenderos/
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Imagina que estás corriendo una carrera. Imagina, ahora, que
vas en posiciones delanteras. Con delanteras quiero decir primer puesto o
segundo puesto.
Bien. ¿Preferirías ir en primera posición, marcando tú el
ritmo? O ¿preferirías ir en segunda, pisando los talones de quien tienes por
delante? Analicémoslo.
Ir delante tiene la ventaja que hemos dicho: que eres tú
quien marca el ritmo, no tienes que adaptarte a otro que te imponen desde
fuera. Pero tiene la contrapartida de la presión: saber que llevas una manada
de lobos detrás y que, al menor error tuyo, te arrebatan la posición.
Ir detrás tiene la ventaja que hemos dicho: que vas tranqui,
porque no tienes una posición que defender, y en cambio vas socavando la
paciencia de el o la líder. Pero tiene el inconveniente de que, si quieres que
el gap no se agrande mucho, has de seguir el ritmo que te imponen desde delante,
que puede sacarte de punto.
Pensando en la élite (porque yo nunca había estado delante
en una carrera), siempre intuí que, de estar ahí, preferiría ser perseguidor
que líder. Por caprichos del destino, hace poco gané por primera vez una
carrera; carrera que además lideré de principio a fin. Pude constatar que ir en
primera posición es una tortura psicológica brutal.
Quédate y te lo cuento.
Debo advertir, de antemano, que mi resultado no es para nada
espectacular. Como entenderás en un momento, fue una carrera con un nivel
competitivo bastante modesto. Con este episodio, pues, no quiero reivindicar mi
calidad como corredor, ni mucho menos.
La cosa es que, gracias a haber conseguido ese podio, he
podido vivir lo que experimenta la élite. Es como si los astros se hubieran
alineado para que yo pudiese estar peleando delante, pudiera vivir esa
experiencia que sólo conoce la élite, y de ese modo te la pueda explicar aquí.
En fin, que el meollo de hoy no son mis batallitas. Sino
que, gracias a la suerte, he podido ser “élite por un día” -por decirlo de
algún modo- y así poder contártelo aquí.
Hechas las aclaraciones pertinentes, sin más dilación, vamos
al turrón.
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LA CARRERA
La carrera es el Trail Villa de Comillas, que va por su
quinta edición. Como de costumbre, ofrece dos distancias: el Trail, de 25K y
con 1000m+/-; el Speed Trail, de 16K y 600m+/-.
Como de costumbre también, yo hice el Speed Trail de 16K y
600+. Ahora mismo -ya lo he explicado repetidas veces- mi agenda no me permite
preparar distancias superiores.
Ambas modalidades salen del pueblo de Comillas, en la costa
occidental de Cantabria, suben a la ermita de San Esteban, en lo alto del Monte
Corona, y bajan al pueblo otra vez. Son rutas aproximadamente circulares: subir
a la ermita, por un lado, regresar al pueblo por otro.
El perfil del Speed Trail es aproximadamente subir y bajar.
Aunque hay, también, un par de tachuelas antes, y después, de la subida
principal.
Respecto al nivel competitivo, no podemos decir que sea
súper alto; menos aún en el Speed Trail. ¿En qué me baso para afirmar esto?
Para empezar, en total hubo sólo 221 participantes
finishers: 129 en la larga, 92 en el Speed Trail. Cualquier carrera a día de
hoy, por pequeñita que sea, yo diría que reúne 300 personas por lo menos.
Dicho lo anterior, de esas 221 personas que corrieron, 40
vinieron desde Castilla y León, 24 de País Vasco, 10 de Asturias. Eso significa
que un 24% de participantes son de fuera de Cantabria.
Y hay que añadir, además, que hubo modalidad Marcha, donde
participaron un total de 234 personas. En conjunto, por tanto, hubo 455
personas reunidas en Comillas aquel domingo.
Otro dato que da pistas sobre el nivel competitivo del Speed
Trail es el crono. En el Trail largo, el top5 de chicos sacó ritmos promedio de
4’58 el km, 4’59, 5’00, 5’01 y 5’04. Por otro lado, todo ese top5 entró en meta
en un margen inferior a 3’.
En el Speed Trail, los ritmos promedios del top5 masculino
fueron: 5’24, 5’31, 5’39, 5’47, 5’50. O sea, más lentos, pese a tener distancia
y desnivel inferiores al Trail. De hecho, de haber corrido yo el Trail y haber
logrado aguantar ese ritmo de 5’24 allí, habría hecho puesto 14.
Por otro lado, en el Speed Trail yo le saqué 2’ al segundo,
que le sacó 2’ al tercero, que le sacó 2’ al cuarto, que le sacó 1’ al quinto.
Esto significa que el top5 entramos en meta en un margen de 7’; muy superior al
de 3 del Trail.
Por último, si miramos los tops10 masculinos, en Trail y en Speed
Trail, vemos esto mismo de forma más marcada. En el Trail, el top10 entró en un
margen de 6’. En el Speed, de 13’.
En fin, el Trail Villa de Comillas es una carrera pequeñita.
Sí que atrae a gente de comunidades colindantes. Y, si contamos con quienes
hicieron marcha y no carrera, en total estuvimos más de 400 personas. No está
mal. Pero, en el caso del Speed Trail, las diferencias de tiempo en meta del
top5 o el top10 reflejan que no hubo un alto nivel competitivo.
MI CARRERA
Ahora voy a exponer los datos en crudo. Cómo fue mi carrera
paso a paso. En cuanto a la experiencia emocional, el cómo viví internamente
todo aquello, eso lo dejamos para un apartado posterior. En cuanto a cosas
técnicas, como FC, también lo vemos luego.
Pistoletazo de salida a las 10 de la mañana. Participantes
en Trail y Speed Trail salimos todos a la vez. Por suerte, los primeros cientos
de metros son por camino muy ancho y permite que cada quien se vaya colocando
en su sitio natural. Esta vez no hubo “codos fuera”…
Hacemos un par de tachuelas, un par de sube-y-bajas, antes
de llegar a la base del Monte Corona. Iniciamos la subida al monte, todavía
juntos, los del Trail y del Speed Trail.
En cierto punto, tiene lugar la bifurcación: la gente del Trail
se va a hacer sus bucles por el monte, mientras que la gente del Speed Trail
vamos más directos a la ermita, para luego bajar.
Es ahí cuando ya sé cómo voy posicionado. Antes, al estar
mezclados con la gente del Trail, no sabes quiénes son tus verdaderos rivales
del Speed Trail.
Uno de la organización dice: “sois los primeros del Speed Trail”.
Bien, ahora sé que voy delante. Pero ¿qué significa exactamente “los primeros”?
¿Los tres primeros, los 10 primeros? Llevo un tío delante de mí, pero no sé si
hay otros tantos un poco más por delante.
Poco después, al llegar al primer avituallamiento, ya nos
confirman que somos los “dos primeros”. El tío que llevo delante tiene pinta de
estar bastante curtido en carreras por montaña y de ser bastante fuerte.
De hecho, en ese avituallamiento, el tío intercambia
palabras con Mario Mirabel (del equipo Brooks), que hoy está colaborando con la
organización. Si te codeas con élites, será por algo.
Así pues, no tengo ninguna esperanza de adelantarlo. Sí que
pienso que ir segundo no está nada mal: jamás en mi vida había ido tan delante.
Y, además, lo hago detrás de un tío fuerte.
Un objetivo muy ambicioso sería mantenerme ahí. Pero,
enseguida empiezo a pensar con cordura. Uno, el monte está embarradísimo; tanto
por presencia de piscinas, donde te atascas, como por tramos pastosos en subida
y en bajada, donde es muy difícil traccionar y resbalas.
Habida cuenta de mi ineptitud para ambos tipos de piso
embarrado, no tengo ninguna esperanza de ser competitivo ahí.
Y, segunda razón por lo que no contemplo defender esta
segunda posición: quitando algunos sube-y-bajas, estamos subiendo; pero luego
vendrá una bajada larga, otro terreno donde pincho bastante. Si, de algún modo,
logro mantenerme delante hasta la bajada, estoy convencido de que allí perderé
puestos, hasta incluso quedar fuera del top10.
Así pues, yo me concentro en mi ejecución, en dar mi 100%.
Punto-pelota. Luego ya veremos qué posición me proporciona eso.
Así es como voy haciendo todas las secciones. Las de correr
cuesta arriba, las de caminar cuesta arriba, las pequeñas bajaditas, las
piscinas de barro y los tramos pastosos.
Llegamos a la ermita con las mismas posiciones: el tío
fuerte, primero, yo detrás de él. Al salir de la ermita, el tío se va a la
izquierda, cuando la cartelería del Speed Trail nos está indicando que a la
derecha. Le grito que se ha equivocado, que regrese a nuestro track. El tío
sigue.
Después supe que, en realidad, competía en la larga. En la
primera bifurcación se equivocó. Lo que no sé es por qué no prefirió, ya, hacer
el Speed entero; aunque luego no apareciese en la clasificación. De hecho,
tampoco saldrá en la del Trail largo, porque no completó el recorrido.
La cosa es que, ahora, de repente, estoy en primera
posición. Si nunca había estado delante en una carrera, mucho menos en primera
posición.
En vista de que habíamos atravesado mucha sección muy
embarrada, tanto en forma de piscinas como de tramo pastoso, y nadie me había
adelantado allí; y, en vista de que había habido también pequeñas bajadas,
después de repechos, donde tampoco nadie me había pasado; comencé a pensar si
ganar la carrera sería posible.
Pero venía la bajada más larga y, en general, poco técnica.
No era nada descabellado que me pasase un puñado de corredores. Y, como decía
antes, no veía claro siquiera entrar en top10.
De nuevo, lo único que yo podía controlar era mi ejecución. Así
que traté de ir lo más rápido posible, y sin caerme, en esa bajada larga.
A 2K de meta, dos chicos de la organización, en bicis
eléctricas, me dicen que me van a escoltar hasta meta. Y, yo pienso, no os
flipéis mucho que, en cualquier momento, me pueden pasar.
Ya he terminado la bajada larga y ahora tocan dos tachuelas.
Una corrible, otra de andar.
Terminada la de andar, ya sólo queda correr unos 300m por
asfalto, en llano, y dejarse caer hasta meta, otros 200 o 300m por una pradera.
Es el único momento cuando miro atrás.
Antes, no me había atrevido, por miedo a tener al segundo
pegado a mi nuca. No veo a nadie.
Aún así, decido no bajar el ritmo. Y de esa manera cruzo
línea de meta. Esprintando como Zach Miller en UTMB.
Posición: primero. Tiempo oficial: 1h26. Ritmo: 5’24 el km.
Te cuento una anécdota, antes de entrar en la chicha. Tras
cruzar meta, la gente de la organización se acercó a mí, para preguntarme
sensaciones y por cómo estaba el monte alrededor de la ermita, que es donde se
concentra buena parte de la “fiesta del barro”.
Aproveché para preguntar cuándo sería la entrega de premios.
Me dijeron que sobre las 14h de la tarde. Hice cuentas y reparé enseguida en
que, de quedarme a los podios, llegaría muy tarde a casa para Jordan, mi
mestizo de mastín.
Así pues, en el único podio de mi vida, ¡no pude subirme al
podio! Al menos sí pude volver a Comillas unos días después, aprovechando un
día festivo en Santander, para recoger el trofeo.
ANÁLISIS TÉCNICO
Enseguida te hablo de cómo enfoqué la carrera, esto es, cuál
era el plan; y cómo salió la carrera, en términos de ritmos, FC y progresión en
los tramos técnicos. Vamos al turrón.
Estrategia de carrera
Sé que un pacing conservador es el idóneo, incluso en
carreras cortas de subir y bajar. Fue el tema del episodio anterior, de hecho.
Aún así, quise hacer un experimento: mi plan era salir fuerte y seguir así,
hasta que reviente.
Con fuerte quiero decir intensidad un poco por encima de
umbral. Esto es, un “poco pasao”.
Sé que es una temeridad, pero no me importaba tener que
experimentar un “split mega-positivo”. Es decir, de hacer una segunda mitad
mucho peor que la primera.
No tenía nada que perder, porque no me gano la vida con el
correr. Y tenía algo que ganar: aprendizaje.
Zonas de frecuencia cardíaca
Al acabar, el COROS calculó que pasé un 98% del tiempo a
intensidad umbral o superior. Más concretamente, tardé 1K en alcanzar esa
intensidad; y ya no me salí de ahí en los 15K restantes. Tampoco en las
bajadas. Ni siquiera en la más larga.
Así pues, logré mantener la intensidad planeada toda la
carrera. Esto requiere un matiz.
La FC es una medida de carga interna, no externa. Es decir,
refleja el estrés del organismo, no si realmente estoy yendo como un cohete. Y
la excitación, por saber que iba en posiciones delanteras por primera vez en mi
vida, habrá tenido un papel en esas FC altas y mantenidas.
Ritmos
Los ritmos son una medida de carga externa. O sea, éstos sí
nos dicen si la velocidad con la que haces subidas, bajadas y llanos, en la
primera mitad; se conserva, o no, en la segunda mitad.
Mi K más rápido, que coincide con la bajada larga, después
de la ermita, salió a 3’45. El K más lento, que coincide con la rampa más
empinada, de caminar, antes de la ermita, salió a 9’33.
La mayoría de Ks son mixtos. En el sentido de que mezclan
algo de subida con algo de bajada.
Los K de sólo subida (de subida sostenida, en pendientes
medias, y corriendo), salen a 6’02 y 6’29. El de ritmo 6’02 fue el K5; el de
ritmo 6’29 fue el K15. El 15 fue un 7% más lento que el 5.
Si miramos el RAP (ritmo ajustado a pendientes) de ambas
secciones vemos lo mismo: correr el primero a 4’04 y el otro, a 4’25. También
un ritmo un 7% peor.
Ese 7% puede considerarse un declive significativo. Me baso
en el estudio “Decoupling of Internal and External Workload During a Marathon”,
de 2022; que analiza más de 82mil performances en maratón de asfalto. Y va
analizando el deterioro del ritmo, de 5 en 5 K.
En general, no se observan caídas de ritmo tan grandes como
la mía. ¿Qué significa?
Que, si bien sí mantuve una FC alta toda la carrera (recordemos:
una medida de intensidad “interna”), no pude mantener un ritmo homogéneo toda
la carrera (recordemos: una medida de la intensidad “objetiva”). Por tanto, sí:
hice un “split positivo”. Pinché en el tercio final.
Sobre el papel, un pacing más conservador, en la primera
parte, me habría permitido llegar más fresco a ese tercio final. Pero, en la
realidad, es difícil saber cómo habría resultado eso.
¿Por qué? Porque, al haber alcanzado posición delantera,
logré un plus de motivación, que me hizo apretarme más. De haber salido
guardando, aún teniendo fuerzas en el tercio final, quizás no las habría
querido gastar, porque no me vería en puestos de podio y no merecería la pena.
Zonas técnicas
Como dije, el monte tenía muuucho barro. Y barro en dos
formas. Lo que yo llamo piscinas, que son charcos muy grandes y profundos.
Cubren por el tobillo y pueden tragarse tu zapatilla.
Y tramos pastosos, que están cubiertos por una fina capa de
barro. Pero un barro muy fresco y muy batido- Son como claras de huevo batidas
al punto de nieve.
En las piscinas te hundes. En los tramos pastosos es casi
imposible traccionar bien y resbalas.
En esta carrera por fin aprendí a lidiar con las piscinas.
Se trata de pegar pisotones. Así atraviesas la capa de barro y haces contacto
con suelo firme, en el fondo del charco.
Descubrí que hay que pisar con fuerza y sin miedo. Fue tan
efectivo, que incluso llegué a disfrutar de las piscinas. Me recordó a cuando,
de niño, chapoteaba en los charcos con katiuskas, los días de lluvia. Por fin
entendí por qué hay gente a quienes les gusta el barro.
Dicho lo anterior, los tramos pastosos son diferentes.
Cuando son de subida, al menos a mí, ya no funciona eso de pegar pisotones. Y,
cuando son de bajada, en las más empinadas yo recurrí a bajar “esquiando”: o
sea, hincar los pies y deslizarse. Y usar las manos si hace falta.
Resultado
Llegué en primera posición. ¿Por qué? Por un lado, porque no
hubo un alto nivel competitivo. Ya apunté que el ritmo promedio que saqué
(5’24) me habría servido sólo para entrar en el puesto 14 en la distancia larga.
También que el top5 entramos muy separados, en un margen de
7’. Eso pone de manifiesto la poca densidad en el Speed Trail.
La segunda razón de mi éxito fue la cabeza. O sea, no creo
ser más fuerte que el segundo o tercer puestos. Pero sí estuve dispuesto a
exprimirme más. Lo explico enseguida.
ANÁLISIS PSICOLÓGICO
Llegamos al apartado principal del episodio: cómo se vive
eso de ir delante en una carrera. O, cuando menos, cómo lo viví yo en calidad
de “enviado especial”.
Me refiero a que, como expliqué en la intro, no es que yo
sea élite, no. Es que las circunstancias tan particulares de esta carrera me
permitieron ser “élite por un día”. Para así poder compartir lo que explico a
continuación.
¿Qué tiene de bueno ir en primera posición?
Es súper emocionante. Vas tan activado y tan conectado con
lo que estás haciendo, que sientes un flow, un hiper-foco, bestial. Te sientes
vivo. Adrenalina pura.
¿Qué tiene de malo ir en primera posición?
La tensión. El no saber cuánto o si podrás mantener ese
primer puesto. Pensar que, en cualquier momento, zás: va a venir alguien por
detrás y devolverte de golpe a la realidad.
Respecto a esa posibilidad, que te coja quien viene segundo,
hay dos maneras de gestionarlo. Una es mirar atrás constantemente, para así
saber cuánto gap tienes y, en función de eso, apretar o aflojar.
Otra opción es la que yo seguí. No mirar atrás nunca. ¿Por
qué? Pues porque, si miras atrás y ves al segundo muy cerca, te vas a asustar y
eso te va a hacer perder foco y ritmo.
Si no miras atrás y asumes que esa primera posición que
llevas es frágil (en el sentido de que la puedes perder en cualquier momento),
pones todo tu foco en hacer la mejor ejecución posible. O sea, pensar: “no sé
qué ocurre por detrás y es algo fuera de mi control; lo único que puedo
controlar es exprimirme hasta la última gota.”
¿Qué hice yo mentalmente, que no hicieron el segundo y el
tercero?
Tengo claro que no soy más fuerte que ellos. Creo que, si
los gané, es porque estuve más motivado. Y la motivación depende de dos
factores: expectativa y valor.
Expectativa es cuánto confías en conseguir la meta. Valor es
cuánto estás dispuesto a dar por esa meta.
Lo que me ocurrió es que, al verme en primer puesto y ver
que el puesto se mantenía incluso en fases avanzadas de la carrera, sentí
confianza: tenía expectativas de ganar.
Y, al contemplar esa posibilidad, pude desbloquear recursos
mentales. Dicho en palabras llanas: estuve dispuesto a sufrir como un perro,
todos y cada uno de los 86’ de esfuerzo.
El que iba detrás pensaría: “tengo a Héctor a tiro, pero
buff… para qué sufrir.”
De hecho, es gracioso que ese día, antes de desplazarme hasta Comillas, me planteé incluso no ir a la carrera. Porque, ¿de verdad me apetecía 1h y media de taquicardia, hipertermia, hiperventilar y sabor a sangre?
¿Cómo es cruzar meta en primera posición?
Te cuento una última anécdota. Cuando por fin enfilé la
recta de meta, ya veía a dos personas de la organización extendiendo la cinta
bajo el arco.
Y, de repente, me asaltó la duda: ¿cómo se pasa por la
cinta? ¿Debo pasar con los brazos en alto y empujarla con el pecho? O ¿debo
agarrarla y alzarla?
Me acordé de un vídeo de las GTWS que he visto millones de
veces: la imagen de Remi Bonnet en 2018, cruzando la meta en Zegama en primera
posición. Era un podio que había deseado y peleado mucho. Entonces agarra la
cinta con rabia, la levanta por encima de su cabeza y la luce triunfante,
mientras lanza un grito de victoria.
Yo lo hice igual, pero enseguida me entró la risa: ¿quién
narices soy yo al lado de Remi? ¿Acaso te crees que estás ganando el circuito
Golden Trail?
CONCLUSIÓN
Creo que fue en esa Montblanc Marathon que Sara Alonso ganó.
Comentaba que, cuando logró pasar a Anaís y ponerse en primera posición, sintió
mucho estrés. “Sara, es la primera vez que vas ganando una prueba de las
Golden. Ahora no la puedes perder. Joder, qué agobio...”
Pero también he escuchado a Pau Capell explicar que le gusta
ir delante, liderando la carrera. Lo prefiere porque, de ese modo, puede ir
marcando el ritmo que quiere, y no ha de ir adaptándose al que otro le impone.
Pues bien, yo estoy en el lado de Sara: ir en primera
posición es un agobio. A cambio, eso sí, te da un hiper-foco, una sensación de
flow, que pocas veces me he sentido tan conectado con el aquí-y-ahora como en
esa apenas 1h y media que pude vivir en el Speed Trail de Comillas.
Ir en primera posición puede proporcionarte también un extra
de motivación: la expectativa de ganar que, a su vez, te permite exprimirte un
poco más, sufrir hasta donde no creías posible.
Y es que, como también dijo Sara Alonso en el podcast
Perfiles: “cuando vas a una carrera, sabes que el 80% va a ser sufrir y apretar
los dientes.”
Corresendas, espero que hayas aprendido y disfrutado tanto
como yo cuando corrí ese Speed Trail que te he contado hoy aquí. Si fue así,
apoyas este podcast haciendo alguna de las siguientes cosas.
Te recuerdo que este podcast no me da un céntimo y, sí, me
cuesta tiempo, esfuerzo y el pago del hosting. De hecho, en principio, éste va
a ser el último episodio inédito. Quizás repostée algún episodio pasado. Pero,
ahora mismo, no me veo con fuerzas ni ilusión de seguir haciendo nuevo
contenido podcast…
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